Sídney registró este sábado temperaturas de hasta 33 grados, casi 13 grados por encima del promedio, durante una ola de calor que llegó apenas cinco días después del inicio de la primavera austral. Las autoridades declararon peligro extremo de incendios y prohibieron completamente encender fuego en la región metropolitana.
El calor estuvo acompañado por condiciones secas y vientos del norte y noroeste de entre 25 y 50 kilómetros por hora. En el aeropuerto de Sídney, la temperatura ya alcanzaba 28,6 grados a las 11:30, más de siete grados por encima de la máxima media de septiembre.
La alerta no significa que Sídney esté enfrentando todavía un incendio de grandes dimensiones. El peligro reside en que cualquier foco puede expandirse rápidamente debido a la combinación de vegetación seca, altas temperaturas y ráfagas. Para el Servicio Rural de Bomberos de Nueva Gales del Sur, la categoría extrema exige actuar de inmediato para proteger vidas y propiedades.
Lo excepcional es el momento del año. Las condiciones propias del verano aparecieron cuando la primavera apenas comenzaba, lo que amplía el periodo durante el cual brigadistas, municipios y residentes deben permanecer preparados. La temporada de incendios deja así de ser una etapa claramente delimitada para convertirse en un riesgo cada vez más prolongado.


El pronóstico oficial contemplaba un descenso hasta los 25 grados el domingo, pero la pausa no elimina la tendencia estacional. Sídney, una ciudad de 5,6 millones de habitantes, acaba de recibir una advertencia temprana sobre la presión que soportarán sus servicios de emergencia durante los próximos meses. El desafío ya no consiste solamente en combatir incendios, sino en adaptar ciudades enteras a temporadas de riesgo que comienzan antes y duran más.