El Banco Central (BCRA) publicó su nuevo Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) y las proyecciones muestran que los analistas no esperan una devaluación brusca del peso de acá a fin de año. Por el contrario, anticipan que el dólar oficial avanzará a un ritmo moderado durante los próximos meses.
Según el relevamiento realizado entre más de 40 consultoras, bancos y centros de investigación, la mediana de las estimaciones ubica al tipo de cambio oficial en $1.530 para septiembre, frente a los $1.499,96 registrados al cierre de agosto.
Esto implicaría una suba de aproximadamente 2% mensual, un ritmo levemente superior a la inflación esperada para ese mismo período.
La trayectoria proyectada continúa sin grandes saltos durante el resto del año, el dólar llegaría a $1.565 en octubre, $1.600 en noviembre y $1.630 en diciembre. En términos porcentuales, implicaría aumentos mensuales de aproximadamente 2,3% en octubre, 2,2% en noviembre y 1,9% en diciembre.
De cumplirse estas estimaciones, entre fines de agosto y diciembre el dólar oficial acumularía una suba cercana al 8,7%, un escenario que por ahora aleja las expectativas de una corrección cambiaria abrupta.
Además, los analistas corrigieron a la baja sus previsiones respecto del REM anterior. Para diciembre, por ejemplo, la mediana proyectada de $1.630 quedó $22,2 por debajo de la estimación realizada un mes atrás.

El comportamiento del tipo de cambio es una de las variables centrales para el programa económico del Gobierno, principalmente por su impacto sobre los precios.
Mantener un dólar relativamente estable ayuda a limitar el traslado de una devaluación a los bienes de consumo y reduce las presiones sobre otros componentes sensibles de la inflación, como combustibles y tarifas.
Durante los últimos meses, el Gobierno también buscó evitar movimientos bruscos de la cotización mediante intervenciones en el mercado cambiario cuando aumentó la presión sobre el dólar.
Por eso, las expectativas que refleja el REM son relevantes, el mercado no está proyectando actualmente un salto del dólar, sino una depreciación gradual cercana al 2% mensual hasta diciembre.
Sin embargo, la estabilidad cambiaria también tiene una contracara. Distintos sectores industriales vienen advirtiendo sobre las dificultades para competir con productos importados con el actual nivel del tipo de cambio, en un contexto de apertura comercial y caída de la actividad en algunas ramas manufactureras.
La otra variable central que aparece en el REM es la inflación. En este caso, las proyecciones también muestran un escenario favorable para el Gobierno, los analistas esperan registros inferiores al 2% mensual durante todo lo que resta del año.
Para agosto, la mediana del relevamiento estima una inflación de 1,7%, mientras que para septiembre espera 1,8%. Luego, las previsiones descienden a 1,7% en octubre y 1,6% en noviembre, para volver a 1,8% en diciembre. Ya para enero y febrero de 2027, el mercado proyecta registros de 1,6% mensual.
Las estimaciones están todavía lejos de la inflación cercana a cero mencionada en distintas oportunidades por el presidente Javier Milei, pero muestran que el mercado espera una consolidación de los registros por debajo del 2%.

El escenario de desaceleración inflacionaria no depende únicamente del dólar. En los últimos meses confluyeron diferentes variables que ayudaron a moderar el avance del índice general.
Entre ellas aparece la relativa estabilidad de los combustibles, el comportamiento contenido de varios bienes sensibles al tipo de cambio y salarios que en distintos sectores vienen avanzando por debajo de la inflación.
También juega un papel importante el comportamiento de la carne vacuna, debido a su peso dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Una aceleración significativa de ese rubro podría modificar las proyecciones, mientras que su estabilidad contribuye a contener el índice general.
El nuevo REM dibuja así un escenario sin grandes sobresaltos para los próximos meses: un dólar que avanzaría gradualmente hasta ubicarse en $1.630 en diciembre y una inflación mensual que permanecería por debajo del 2%.
Para el Gobierno, sostener ambas variables será central para consolidar la desaceleración de los precios. Para la actividad productiva, en cambio, seguirá abierta la discusión sobre cuánto tiempo puede mantenerse un tipo de cambio que distintos sectores consideran poco competitivo.