08/09/2026 - Edición Nº1309

Policiales

Una leyenda del hampa

Quién fue Pepita la Pistolera: robos, armas, prostitución y el triple crimen que la hizo famosa

08/09/2026 | El estreno de la película volvió a poner en primer plano a Margarita Di Tullio, una de las figuras más controvertidas de la crónica policial argentina.


por Redacción NewsDigitales


Tres hombres muertos dentro de una habitación, dos revólveres calibre 38 y una mujer con antecedentes penales que aseguraba haber disparado para defenderse. La mañana del 20 de agosto de 1985 Margarita Di Tullio todavía no era Pepita la Pistolera. Le faltaban apenas unos días para que un apodo periodístico transformara su nombre en uno de los más conocidos de la historia criminal de Mar del Plata. Y del país. 

Más de cuatro décadas después, su historia volvió a escena con Pepita, la Pistolera, la película dirigida por Lucía Puenzo y protagonizada por Luisana Lopilato, estrenada el pasado jueves 3 de septiembre. El film está inspirado en hechos reales y reconstruye un período de la vida de Di Tullio en la Mar del Plata de los años 80.

Detrás del personaje cinematográfico existe una historia que comenzó mucho antes de aquel triple crimen. Robos a mano armada, cárcel, bares del puerto, prostitución, armas y una sucesión de expedientes judiciales formaron parte de la vida real de una mujer alrededor de la cual, con el tiempo, también crecieron mitos difíciles de separar de los hechos.

Una minuciosa investigación realizada por el periodista Fernando del Río para el diario La Capital de Mar del Plata, a partir de archivos judiciales, crónicas de la época y testimonios familiares, permite reconstruir buena parte de ese recorrido y, sobre todo, distinguir a Margarita Di Tullio de la leyenda que nació después.

Antes de Pepita

Margarita Graziana Di Tullio nació el 15 de junio de 1948. Su adolescencia estuvo marcada por una ruptura temprana con su familia. Se casó en 1965, cuando todavía era muy joven, con un integrante de la Armada, pero aquel matrimonio duró poco y terminó alejándose de la casa de sus padres.

La noche marplatense se convirtió entonces en su territorio. Trabajó como copera en los bares del puerto, aunque familiares citados en la investigación de Del Río rechazaron que durante aquella primera etapa hubiera ejercido la prostitución. Años después, en cambio, terminaría convertida en regente de prostíbulos.

Su primera historia criminal importante ocurrió antes de cumplir los 21 años. El 11 de junio de 1969 fue detenida por asaltar a mano armada a parejas que buscaban intimidad en lugares apartados de la costa marplatense. Cometía los robos junto a Oscar Pérez, un delincuente llegado desde Buenos Aires.

Hay una escena de aquella detención que parece anticipar su futura relación con la fama. Cuando un fotógrafo de La Capital intentó retratarla, Margarita se cubrió la cara. No era vergüenza lo que la preocupaba. Según reconstruyó Del Río, temía que la exposición pública le impidiera volver a trabajar en los bares cuando recuperara la libertad.

El 31 de marzo de 1971 fue condenada a cinco años de prisión por aquellos robos y pasó parte de la pena en la cárcel de Dolores.

De ladrona a madama del puerto

Cuando salió de prisión regresó a Mar del Plata. Y a la noche. Los asaltos quedaron atrás, pero no su relación con las armas.

A fines de los años 70 conoció a Guillermo Schelling, un marinero que se convertiría en su pareja y en una figura decisiva de la etapa siguiente. Con él comenzó a construir un negocio alrededor de la noche portuaria.

En 1982 abrió Neisis, un local ubicado en la zona de 12 de Octubre. Un año después, la pareja tomó otro establecimiento llamado Akadama y lo rebautizó Rumba. Detrás de la fachada de “bares de copas”, funcionaban como prostíbulos y Di Tullio se convirtió en una madama conocida dentro de ese circuito. Tenía carácter, dinero, contactos y armas.

Pepita en Neisis, el bar que abrió en Mar del Plata. 

La reconstrucción señala que aquella afición venía de sus años vinculados al delito y que acostumbraba mantener algún arma cerca. Un episodio ocurrido poco antes del triple crimen lo muestra con crudeza: ante una discusión por una deuda con una agencia de alquiler de autos, Di Tullio habría exhibido un revólver calibre 38 para dar por terminada la discusión sobre cuánto dinero debía pagar.

Para entonces tenía 37 años y vivía con Schelling y parte de su familia en una propiedad de Marcelo T. de Alvear 251. Allí ocurriría todo.

Tres hombres en una habitación

La historia que desembocó en las tres muertes estuvo atravesada por negocios y viejas relaciones de la noche. Alejandro “Tarta” Losada había realizado tareas de seguridad para Di Tullio y existía una disputa económica después de que esa relación laboral terminara. La mañana del 20 de agosto de 1985, Losada llegó a la casa acompañado por su hermano Mariano y por Américo Córdoba.

Habían pasado la noche despiertos. Tomaron unos tragos en un café y llegaron en taxi hasta la vivienda para mantener una conversación que había sido acordada el día anterior.

La reunión terminó en una habitación y en una ráfaga de disparos. Los tres visitantes murieron.

Di Tullio sostuvo desde el comienzo que había actuado para defenderse. En su primera declaración se atribuyó a sí misma todos los disparos y aseguró que los hombres habían intentado agredir sexualmente a dos de las mujeres que estaban en la casa.

Pero las pericias abrieron una grieta en esa versión.

Los investigadores determinaron que no había disparado una sola persona. En la escena habían intervenido dos armas y Schelling también había abierto fuego. Ocho días después del triple homicidio, la pareja de Margarita fue detenida.

Para entonces, sin embargo, Margarita Di Tullio ya empezaba a desaparecer detrás de otro nombre.

El nacimiento de “Pepita la Pistolera”

El apodo que sobreviviría durante décadas no acompañaba a Margarita desde su juventud ni era el nombre con el que se la conocía en el ambiente delictivo.

Apareció después del triple crimen. La repercusión fue inmediata. Su pasado como ladrona, los prostíbulos, las armas y tres cadáveres dentro de su propia casa construyeron un personaje irresistible para la crónica policial.

Según la reconstrucción de Fernando del Río, fue desde las páginas de La Capital donde comenzó a instalarse aquel nombre: “Pepita la Pistolera”.

Y alrededor del apodo crecieron rápidamente las historias. Que dormía con un arma debajo de la almohada. Que en realidad eran dos. Que había protagonizado tiroteos desde joven. Que había matado a los tres hombres disparando desde la cama.

La documentación del caso no respalda muchas de esas versiones. Pero ya importaba poco: Pepita comenzaba a ser más famosa que Margarita.

Primero 20 años, después tres en suspenso

También la historia judicial del triple crimen terminó simplificada con el paso del tiempo. Di Tullio no fue simplemente absuelta porque la Justicia consideró desde un principio que había actuado en legítima defensa. El proceso fue mucho más accidentado.

En septiembre de 1986, el juez Bernardo René Fissore consideró que los tres hombres habían sido víctimas de una emboscada y condenó a Margarita Di Tullio a 20 años de prisión y a Guillermo Schelling a 16. La fiscal había solicitado 25 años para ella.

Pero ambos permanecieron libres mientras la sentencia era apelada.

El giro definitivo llegó el 1° de septiembre de 1987. La Cámara de Apelaciones revocó aquella decisión y entendió que había existido exceso en la legítima defensa. La pena de Di Tullio quedó reducida a tres años de prisión en suspenso.

Para llegar a esa conclusión resultó fundamental el testimonio de una adolescente conocida como “La Polaca”, que se encontraba dentro de la vivienda y aseguró que los tres hombres habían ingresado violentamente. El primer juez no le creyó. La Cámara sí.

Margarita no volvió a prisión por aquellas tres muertes. Pepita, en cambio, ya era una celebridad.

Una vida entre expedientes

El triple crimen no fue el último capítulo policial de Di Tullio. Su nombre reaparecería durante los años siguientes en distintas investigaciones y alcanzaría nuevamente repercusión nacional en la década del 90.

Una de ellas fue el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas. La investigación llegó a colocar bajo sospecha a personas de su entorno, bautizadas mediáticamente como “Los Pepitos”, y ella misma estuvo detenida. Esa línea investigativa finalmente se derrumbó y Di Tullio quedó desvinculada del homicidio.

Su nombre también quedó involucrado años después en una causa por el presunto pago de coimas para conseguir la liberación de detenidos alojados en la cárcel de Batán.

Para entonces resultaba difícil encontrar una noticia sobre Margarita Di Tullio que no estuviera precedida por las tres palabras que habían nacido después de aquella mañana de agosto de 1985.

Murió el 30 de noviembre de 2009, a los 61 años. Había sufrido un accidente cerebrovascular durante un viaje por San Juan y fue trasladada en un avión sanitario hasta Mar del Plata, donde finalmente falleció.

Habían pasado cuarenta años desde aquella primera detención por asaltar parejas y 24 desde los tres disparos mortales que la convirtieron en un personaje nacional.

La película que acaba de llegar a los cines vuelve ahora sobre una parte de aquella vida. Pero la verdadera historia de Margarita Di Tullio resulta más incómoda y contradictoria que cualquier etiqueta: fue ladrona, estuvo presa, regenteó prostíbulos, vivió rodeada de armas y mató junto a su pareja a tres hombres. Después, los tribunales, los diarios y la calle hicieron el resto.