07/09/2026 - Edición Nº1308

Internacionales

Botín tecnológico

Viktor Belenko: 50 años de la deserción que reveló el secreto del MiG-25

06/09/2026 | El piloto soviético aterrizó sin autorización en Japón y entregó a Occidente uno de los interceptores más temidos de la Guerra Fría.



El teniente soviético Viktor Belenko despegó el 6 de septiembre de 1976 para una misión de entrenamiento cerca de Vladivostok, abandonó su formación y condujo un MiG-25 hacia Japón. Su aterrizaje inesperado en el aeropuerto civil de Hakodate entregó intacta una de las aeronaves más enigmáticas de la Unión Soviética y produjo una oportunidad de inteligencia irrepetible.

El MiG-25, llamado Foxbat por la OTAN, había alarmado a los estrategas occidentales por su enorme velocidad y capacidad para operar a gran altura. Su aparición contribuyó al desarrollo de nuevos cazas capaces de enfrentarlo. Sin embargo, gran parte de lo que se creía sobre el aparato dependía de fotografías, radares y cálculos indirectos.


Viktor Belenko, el piloto soviético que abandonó su formación el 6 de septiembre de 1976 y voló hasta Japón para pedir asilo político.

Belenko descendió para evitar la detección soviética y cruzó el mar de Japón a baja altura. Los radares japoneses perdieron por momentos su trayectoria entre nubes, y los cazas enviados para interceptarlo no lograron establecer contacto. Con poco combustible, apareció sobre Hakodate, casi chocó con un avión comercial y se salió de la pista al aterrizar.

En pocas horas, un secreto protegido durante años quedó estacionado junto a una terminal de pasajeros. La policía arrestó al piloto por ingresar ilegalmente en el espacio aéreo y portar un arma. Él pidió asilo político y explicó que había preparado la fuga por su descontento con el sistema soviético.


El MiG-25 de Belenko fue aislado y examinado por especialistas japoneses y estadounidenses antes de ser devuelto a la Unión Soviética.

Una máquina desmontada

Japón rechazó devolver inmediatamente el avión. Especialistas japoneses y estadounidenses lo trasladaron parcialmente desarmado a una base y examinaron sus motores, radar, armamento y materiales. Descubrieron una ingeniería distinta de la imaginada: el interceptor utilizaba abundante acero inoxidable y componentes electrónicos aparentemente anticuados, pero resistentes, potentes y adaptados a su misión.

El análisis confirmó que el Foxbat podía acercarse a Mach 3, aunque hacerlo dañaba sus motores. Era extraordinario para interceptar bombarderos y realizar reconocimiento, pero menos maniobrable y sofisticado de lo que se temía. La inspección no reveló una máquina atrasada, sino un diseño especializado que sacrificaba versatilidad para cumplir objetivos extremos.


Un MiG-25, el interceptor soviético que durante la Guerra Fría sorprendió a Occidente por su enorme velocidad y capacidad para operar a gran altura.

La Unión Soviética exigió el regreso del aparato y afirmó primero que Belenko se había perdido. Japón devolvió sus piezas en cajas durante noviembre, después de completar las pruebas. Moscú debió revisar códigos, sistemas de identificación y procedimientos comprometidos por la fuga.

El episodio también expuso fallas en la defensa japonesa: una aeronave extranjera había penetrado el territorio sin ser acompañada hasta una base militar. Tokio fortaleció radares y coordinación para vigilar su frontera septentrional.

Belenko recibió asilo y construyó una nueva vida fuera de la URSS. Su decisión estuvo atravesada por intereses personales, propaganda e inteligencia. A medio siglo, su vuelo sigue representando una paradoja de la Guerra Fría: un solo hombre pudo alterar los cálculos militares de potencias enteras llevando un avión hasta el lugar equivocado.