06/09/2026 - Edición Nº1307

Opinión


Dos ritmos libertarios

Caputo vs. Sturzenegger: la interna que Milei deja crecer entre reformas y poder

06/09/2026 | De la reforma laboral a la desregulación, las diferencias pasan por los tiempos y los límites que enfrenta el programa libertario.



Federico Sturzenegger tuvo una buena semana. Javier Milei recomendó públicamente su última columna, pidió que la leyeran dentro del Gobierno y volvió a presentarlo como uno de los funcionarios que mejor interpreta el rumbo que pretende imprimirle a su gestión. El respaldo llegó en un momento particular: el ministro de Desregulación venía de recibir cuestionamientos internos por algunas reformas que terminaron chocando con la política y el Congreso.

Detrás de ese reconocimiento reapareció una vieja tensión dentro del equipo económico. Luis Caputo y Sturzenegger comparten buena parte del diagnóstico sobre la Argentina y acompañan el programa de Milei. Las diferencias aparecen cuando llega el momento de ejecutarlo.

Caputo suele privilegiar la estabilidad y la administración de los tiempos. Sturzenegger empuja para acelerar las reformas, eliminar regulaciones y reducir la intervención estatal incluso cuando aparecen costos sectoriales o políticos. Milei escucha a los dos y, según el tema, inclina la balanza.

Una historia que viene de antes

La relación entre ambos tiene antecedentes. Sturzenegger presidió el Banco Central durante el gobierno de Mauricio Macri y Caputo lo reemplazó en 2018. Aquella experiencia terminó atravesada por diferencias alrededor de la política monetaria y cambiaria que todavía sobrevuelan la relación.

Luis Caputo durante el gobierno de Mauricio Macri

Con Milei volvieron a encontrarse dentro de un mismo gobierno. Caputo consiguió rápidamente una posición central. Economía absorbió áreas, funcionarios y organismos, mientras el ministro construyó una relación de enorme confianza con el Presidente. El control del déficit, el dólar y la inflación le otorgaron además un poder que excede ampliamente los límites formales de su cartera.

Sturzenegger construyó otro tipo de influencia. Su poder proviene de las reformas. El DNU 70, la Ley Bases y buena parte del proceso de desregulación llevan su marca. Desde la creación de su ministerio, el economista afirma haber eliminado miles de normas y restricciones. Milei encuentra en él algo especialmente valioso: un funcionario dispuesto a avanzar sobre estructuras que el Presidente considera responsables de la decadencia argentina.

Los dos resultan indispensables para aspectos diferentes del proyecto libertario.

El pragmático y el reformista

Las diferencias quedaron expuestas varias veces. Ocurrió alrededor de la reforma laboral, de algunos recortes en organismos públicos y también en discusiones financieras. En junio, por ejemplo, una flexibilización del Banco Central para permitir determinados préstamos en dólares terminó imponiendo una posición más cercana a la de Caputo frente a las objeciones que sostenía Sturzenegger.

La discusión de fondo aparece una y otra vez. Caputo observa las restricciones económicas y políticas que enfrenta el programa. Sturzenegger suele concentrarse en las transformaciones que todavía faltan.

Federico Sturzenegger junto a Javier Milei durante la planificación de la reforma del Estado.

Esa diferencia también explica por qué el ministro de Desregulación quedó expuesto después de algunos tropiezos legislativos. Varias de sus iniciativas encontraron resistencias entre gobernadores, sectores productivos y aliados parlamentarios. La política obligó a modificar proyectos que habían sido concebidos con una lógica mucho más ambiciosa.

Caputo tiene mayor facilidad para aceptar esos límites. Su tarea cotidiana consiste precisamente en convivir con ellos: necesita reservas, financiamiento, acuerdos con el Fondo, respaldo de Estados Unidos y estabilidad cambiaria. Cada decisión debe pasar por el filtro de sus consecuencias inmediatas.

Sturzenegger puede permitirse una mirada diferente. Su éxito se mide por la cantidad de estructuras que consigue modificar.

Milei necesita a los dos

La interna adquiere relevancia porque Milei parece evitar una definición definitiva. El Presidente mantiene una relación estrechísima con Caputo y lo defendió repetidamente frente a rumores y cuestionamientos. Esta semana decidió también devolverle centralidad a Sturzenegger.

Hay una razón política para ese equilibrio. Caputo ofrece gobernabilidad económica. Sturzenegger conserva vivo el impulso reformista que identifica al proyecto libertario.

El problema aparece cuando ambos objetivos entran en tensión. La estabilización requiere administrar tiempos; la transformación prometida por Milei exige demostrar que el Gobierno sigue dispuesto a avanzar. Cada concesión necesaria para sostener la primera puede ser interpretada como una demora de la segunda.

La proximidad de 2027 agrega otra dificultad. Dentro del Gobierno existen dirigentes que consideran necesario cuidar más los efectos políticos de algunas decisiones. Milei viene respondiendo públicamente que no piensa alterar su programa para mejorar sus posibilidades electorales. El elogio a Sturzenegger también puede leerse dentro de esa discusión.

Dos versiones del mismo gobierno

La tensión entre Caputo y Sturzenegger permite observar una discusión que probablemente acompañará a Milei durante el tramo que queda de su mandato. Ambos quieren llegar a un destino parecido y discrepan sobre la velocidad, los instrumentos y los riesgos aceptables para conseguirlo.

Hasta ahora, el Presidente encontró una fórmula para convivir con esas diferencias. Caputo domina la conducción económica cotidiana y Sturzenegger empuja los límites del programa. Cuando una reforma encuentra obstáculos, aparece el pragmatismo. Cuando el Gobierno siente que pierde impulso, Milei vuelve a reivindicar a quienes piden acelerar.

Esta semana le tocó a Sturzenegger.

El dato resulta especialmente significativo porque su fortalecimiento llegó después de haber sido cuestionado dentro del propio oficialismo. Milei decidió respaldarlo y recordar que la profundidad de las reformas sigue formando parte de la identidad de su gobierno.

Caputo conserva mucho más poder efectivo. Sturzenegger conserva otra cosa: la capacidad de recordarle al Presidente todo lo que todavía falta hacer.

Entre esos dos impulsos se mueve una parte importante del programa libertario.

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