Miles de personas participaron este lunes en Belgrado del funeral de Ratko Mladic, el antiguo comandante militar serbobosnio que murió el 27 de agosto a los 84 años mientras cumplía una condena a prisión perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La ceremonia, acompañada por honores militares y la presencia de funcionarios, volvió a abrir algunas de las heridas más profundas de las guerras balcánicas de la década de 1990.
Desde las primeras horas del día, una multitud se concentró frente a la iglesia ortodoxa donde el patriarca serbio Porfirije encabezó el servicio religioso. Sobre el ataúd fueron colocados elementos vinculados a la trayectoria militar de Mladic, mientras soldados permanecían a su alrededor.
Luego, el féretro fue trasladado hasta el cementerio acompañado por una banda y por seguidores que aplaudían y coreaban su nombre. Mladic fue enterrado junto a su hija, fallecida en 1994. Entre los asistentes estuvieron dirigentes políticos serbios y serbobosnios. El presidente Aleksandar Vucic no participó personalmente, aunque sí asistieron su hijo Danilo, el ministro de Defensa Bratislav Gasic y el ministro de Justicia Nenad Vujic.
La participación estatal en los actos generó cuestionamientos internacionales. El Gobierno serbio había utilizado un avión oficial para trasladar los restos de Mladic desde Países Bajos y, desde su muerte, se registraron distintos homenajes públicos, vigilias y manifestaciones de apoyo.
La reacción de la Unión Europea fue especialmente dura. La comisaria de Ampliación, Marta Kos, canceló una visita prevista a Serbia y cuestionó lo que definió como una glorificación del exgeneral.

Bruselas también advirtió que la exaltación de criminales de guerra, la negación del genocidio y el revisionismo histórico son incompatibles con los valores fundamentales del bloque y con las obligaciones que deben respetar los países candidatos a ingresar a la Unión Europea.
La respuesta más fuerte llegó desde Bosnia y Herzegovina. El canciller Elmedin Konakovic anunció el retiro de parte del personal de la embajada en Belgrado en protesta por el tratamiento que Serbia dio a la muerte y al funeral de Mladic.

En Sarajevo, además, la ceremonia reavivó el dolor de familiares de víctimas del sitio de la ciudad y de la masacre de Srebrenica. Dos canales serbobosnios que transmitían el funeral en vivo fueron bloqueados por operadores de telecomunicaciones en la Federación de Bosnia y Herzegovina.

Mladic fue condenado en 2017 por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y la sentencia fue confirmada en apelación en 2021. Entre otros delitos, fue declarado responsable del genocidio de Srebrenica, donde alrededor de 8.000 hombres y adolescentes musulmanes bosnios fueron asesinados en 1995, y de la campaña de ataques y terror contra civiles durante el prolongado sitio de Sarajevo.
La multitudinaria despedida mostró que, más de tres décadas después de la guerra, la figura de Mladic continúa dividiendo profundamente a los Balcanes: héroe para sectores nacionalistas serbios y criminal de guerra para las víctimas y la justicia internacional.