Pablo Marti Krenz fue a buscar a Ricardo Barreda pensando que tendría una sola conversación. Terminó visitándolo durante cerca de un año, acumuló unas 20 horas de grabaciones y construyó con él un vínculo que por momentos desbordó los límites de una entrevista. Fue, según sostiene, una de las últimas personas que mantuvo un contacto cercano con el odontólogo antes de su muerte.
A propósito del reciente estreno de la película sobre el múltiple femicida de La Plata, el biógrafo habló en El Living de NewsDigitales sobre aquellos encuentros y adelantó parte del material que formará parte del libro No me olviden, la biografía de Barreda que prepara a partir de esas conversaciones.
“Yo te podría decir que fui la última”, aseguró Marti Krenz al recordar los meses en los que visitó a Barreda mientras atravesaba un deteriorado estado de salud. “Pensé que iba a tener una charla de un día y terminamos generando una entrevista que no terminó más porque él muere”.
El primer encuentro fue en 2019. Marti Krenz quería contar una historia diferente a la reconstrucción del cuádruple femicidio del 15 de noviembre de 1992. Su propuesta fue indagar sobre el hombre detrás de uno de los asesinos más conocidos de la historia criminal argentina. Y Barreda aceptó.

El biógrafo recordó que hubo jornadas en las que prácticamente no obtenía material porque debía ayudarlo. Una vez, incluso, desde el lugar donde estaba alojado le entregaron una bolsa con ropa para que se la llevara a lavar.
“Había muchas charlas que terminaban siendo charlas de amigos”, reconoció.
La cercanía, sin embargo, nunca consiguió borrar de su cabeza quién era el hombre que tenía enfrente. De hecho, Marti Krenz recordó una escena que todavía lo interpela. Barreda lo abrazó y le dijo: “Te quiero como a un hijo”. La frase le produjo una contradicción inmediata: “Este hombre, ¿cómo quiere como a un hijo si tenía dos y las mató?”. También admitió que darle la mano le provocaba “frío” al pensar que con esa misma mano había asesinado a cuatro personas.
Las conversaciones quedaron registradas. Son aproximadamente 20 horas en las que Barreda habla de su familia, sus relaciones sentimentales, su vida antes y después de los crímenes y las distintas versiones que construyó sobre lo ocurrido dentro de la casa de la calle 48.
“De lo que más se habla es de mujeres”, contó Marti Krenz. Lo describió como un “mujeriego empedernido” que disfrutaba relatando sus conquistas.
El biógrafo asegura que deliberadamente intentó no construir otra investigación centrada únicamente en los asesinatos. “Ya sabemos que estuvo preso, ya sabemos que mató a cuatro, ya sabemos qué arma usó. Yo quiero ir por el otro lado, por Barreda, por el ser humano”, recordó sobre la propuesta que le hizo. Sin embargo, durante la investigación terminó también reconstruyendo las vidas de Gladys McDonald, Elena Arreche, Cecilia y Adriana Barreda.

Esa convivencia entre el personaje que Barreda construyó durante décadas y el hombre que Marti Krenz conoció al final de su vida atraviesa buena parte de la entrevista.
Una de las preguntas que le hizo fue si se arrepentía. El biógrafo fue todavía más lejos: quiso saber si lamentaba haber asesinado a las cuatro mujeres o si, en realidad, se arrepentía de haber cometido errores al intentar montar una coartada.
También le planteó qué haría si pudiera “barajar y dar de nuevo”, una expresión que el propio Barreda utilizaba.
La respuesta lo sorprendió. “No, iría por lo mismo”, le contestó.
En otras ocasiones, sin embargo, Barreda hablaba de sus hijas. Marti Krenz recordó que decía haber soñado con ellas: las veía cerca, pero no le hablaban. También manifestaba que quería volver a verlas.
Esas contradicciones impidieron que su biógrafo llegara a una conclusión definitiva. “Yo no sé si se arrepintió”, sostuvo al recordar sus últimos meses. “Muchas veces tuve dudas si al último estaba arrepentido de todo”.
La última etapa de la vida de Barreda también terminó dándole nombre al libro. Marti Krenz contó que un día le preguntó directamente cómo quería que se llamara su biografía. La respuesta quedó grabada: “No me olviden”.
El biógrafo reconoce que la frase abre más preguntas de las que responde. No sabe si Barreda pretendía perpetuar su figura, reivindicarse o convertir su historia en una advertencia.
“¿‘No me olviden’ como un prócer por lo que hizo? ¿‘No me olviden’ como el título de una reivindicación o de otra historia? ¿O ‘No me olviden’ y traten de no hacer lo mismo que hice yo?”, planteó.
“Yo no sé cuál es el Barreda auténtico, no sé si lo llegué a conocer”, reconoció en otro tramo de la charla con NewsDigitales.