Chiche Gelblung falleció a los 82 años y con él se va uno de los grandes nombres del periodismo argentino. Su estilo frontal, sus preguntas incómodas, sus investigaciones y su particular manera de entrevistar lo transformaron en una figura inconfundible de la televisión, la radio y la gráfica.
A lo largo de su extensa trayectoria pasó por medios como Gente, La Semana, La Nación y Ámbito Financiero, además de conducir recordados ciclos televisivos como Memoria, 70 20 Hoy e Impacto, entre muchos otros. También fue una figura fundamental en el desarrollo del periodismo digital siendo protagonista de NewsDigitales.
Pero antes de alcanzar la fama, Gelblung tuvo que abrirse camino prácticamente desde cero. Y su historia previa al éxito tiene algunos capítulos tan insólitos como las historias que años después llevaría a la televisión.
Una de las particularidades de la vida de Chiche es que no tuvo un camino académico tradicional. De hecho, él mismo contó en una entrevista que no había terminado el colegio secundario y que tuvo que ingeniárselas para poder ingresar a estudiar periodismo.
Según relató, contó con la ayuda de un sacerdote jesuita amigo, quien le consiguió una carta para poder ingresar a la Universidad del Salvador. Chiche había explicado que había estudiado en un colegio de Ecuador cuyos títulos se habían perdido luego de un incendio.
Mientras intentaba formarse en el oficio, comenzó a realizar colaboraciones periodísticas y también tuvo distintos trabajos para ganarse la vida. Uno de ellos fue como vendedor de medias en un local ubicado en Medrano y Corrientes. Y fue justamente detrás del mostrador de ese negocio donde protagonizó una de las primeras historias que demostrarían que el periodismo ya estaba metido en su ADN.
Un día reconoció entre los clientes a un hombre relacionado con una conocida estafa de la empresa Onapri. Chiche no dudó: lo identificó, se acercó y terminó consiguiendo una entrevista. Aquella nota tuvo repercusión y le confirmó que había encontrado su verdadero lugar.
En 1966 llegó la gran oportunidad. Chiche consiguió su primer trabajo formal como periodista en Gente, una de las revistas más importantes de la Argentina. Allí empezó a formarse en las redacciones y rápidamente mostró una capacidad particular para encontrar historias y personajes.
Su primer gran desafío llegó prácticamente de inmediato. El 28 de junio de 1966, el golpe de Estado encabezado por Juan Carlos Onganía derrocó al Presidente Arturo Illia. Gelblung se presentó en la redacción de Gente convencido de que ese acontecimiento podía ser su oportunidad para demostrar lo que podía hacer.
Consiguió llegar hasta la casa donde se encontraba Illia y logró entrevistarlo. La nota llamó la atención de sus superiores y fue suficiente para que aquel joven periodista dejara de ser simplemente alguien que buscaba una oportunidad y comenzara a construir una carrera que terminaría extendiéndose durante más de medio siglo.
Chiche tampoco tardó en salir de las redacciones para convertirse en corresponsal. En 1967, con apenas 23 años, viajó para cubrir la Guerra de los Seis Días, uno de los primeros grandes acontecimientos internacionales que marcaron su trayectoria. Aquella experiencia fue una verdadera escuela para el joven periodista.
La historia de Chiche Gelblung también es la historia de una transformación de los medios argentinos. Pasó de vender medias y buscar oportunidades en pequeñas redacciones a dirigir revistas, cubrir guerras, conducir programas de televisión, trabajar en radio y convertirse también en uno de los pioneros del periodismo digital.
En 2006 fundó MinutoUno, uno de los primeros grandes proyectos periodísticos digitales del país, y posteriormente participó en distintos emprendimientos vinculados a Internet. Su carrera tuvo polémicas, éxitos, errores, discusiones y momentos televisivos que quedaron para siempre en la memoria colectiva. Pero, por encima de todo, tuvo una característica que lo acompañó desde aquel joven que detectó a un estafador mientras vendía medias hasta sus últimos años frente a un micrófono o una cámara: la obsesión por conseguir una historia.