09/09/2026 - Edición Nº1310

Farándula

Sopresivo

La inesperada historia detrás del apodo “Chiche” Gelblung: por qué lo llamaron así

09/09/2026 | El periodista que falleció a los 82 años, había contado que quiénes lo bautizaron de esa manera fueron sus padres.



La muerte de Chiche Gelblung, a los 82 años, sigue dando que hablar entre sus colegas, amigos y seguidores de los medios. Durante más de cinco décadas, el histórico periodista construyó un estilo propio y se convirtió en uno de los nombres más reconocibles de la televisión, la radio y la gráfica.

Pero aunque para varias generaciones siempre fue simplemente “Chiche”, detrás de ese apodo existió una historia de infancia que pocos conocen. Porque Chiche no nació Chiche. Su nombre era Samuel Gelblung y el apodo lo acompañó prácticamente desde sus primeros días de vida.

¿Por qué le decían Chiche?

La explicación es mucho más sencilla (y tierna) de lo que podría suponerse. Según contó el propio periodista, sus padres comenzaron a llamarlo “Chiche” porque consideraban que era un bebé precioso. “Es un chiche”, decían al verlo. El sobrenombre quedó instalado dentro de la familia y terminó acompañándolo durante toda su vida. Con los años, aquel apodo familiar se transformó en una verdadera marca periodística. Así, Samuel Gelblung pasó a la historia como Chiche Gelblung. Y prácticamente nadie volvió a llamarlo por su nombre de pila.

Una infancia en Villa Devoto

Chiche nació el 7 de febrero de 1944 en Buenos Aires y pasó buena parte de su infancia en el barrio de Villa Devoto. Su familia tenía una fuerte inquietud política y estaba vinculada a la militancia de izquierda. Su padre, Alfredo Gelblung, era industrial del cuero, mientras que su madre era Berta Kagan, quien posteriormente cambió su apellido por Cohen.

El propio Chiche contó en distintas oportunidades que su infancia estuvo marcada por la cultura del trabajo, la política y también las persecuciones que atravesó su familia. Paradójicamente, años más tarde reconocería que la relación con sus padres había sido bastante distante desde el punto de vista afectivo.

Según recordó, en su casa no eran habituales los abrazos, los besos ni las demostraciones de cariño. Esa experiencia terminó influyendo profundamente en la manera en la que él mismo quiso ejercer la paternidad. Chiche llegó a decir que fue un “padre obsesivamente presente”, justamente como contrapartida de aquello que había vivido durante su propia infancia.

La fotografía, otra de sus grandes pasiones

Mucho antes de convertirse en uno de los periodistas más populares del país, Gelblung también tuvo una fuerte relación con la fotografía. La cámara lo acompañó durante buena parte de su carrera y fue una herramienta fundamental durante sus primeros años en el periodismo gráfico.

Su formación no fue la de un periodista tradicional. Chiche aprendió el oficio principalmente dentro de las redacciones y a fuerza de hacer notas. Esa formación práctica terminaría convirtiéndose en una de las características centrales de su estilo: salir a buscar la historia en lugar de esperar que la historia llegara a la redacción.

También fue cantante de tangos

Hay un capítulo de su vida que parece salido de una de sus propias entrevistas. Antes de convertirse en el Chiche que todos conocieron, también se animó a cantar tangos. Durante sus primeros años en Editorial Atlántida, utilizó el seudónimo Mariano Ovejero y llegó a incursionar como cantante de tango en La Botica del Ángel, el mítico espacio creado por Eduardo Bergara Leumann.

No era algo que formara parte de la imagen pública que posteriormente construiría, pero demuestra que Gelblung siempre tuvo una relación muy amplia con el mundo del espectáculo y la cultura. Incluso ese seudónimo terminó acompañándolo durante una de sus primeras grandes experiencias como corresponsal. 

Samuel quedó prácticamente relegado al DNI. Para la televisión, la radio, sus colegas, sus entrevistados y varias generaciones de argentinos siempre fue Chiche. Y quizás haya algo particularmente simbólico en eso: uno de los periodistas más filosos, polémicos y provocadores de la historia argentina conservó hasta el final un apodo que nació de la mirada amorosa de sus padres sobre aquel bebé que, según ellos, era simplemente “un chiche”.