El 9 de septiembre de 1981 murió Ricardo Balbín, abogado, dirigente histórico de la Unión Cívica Radical y uno de los protagonistas centrales de la política argentina durante buena parte del siglo XX. Había nacido en Buenos Aires en 1904 y desde muy joven quedó ligado a la vida pública. Su primer cargo llegó durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen.
En 1929, cuando el gobierno radical dispuso la intervención federal de Mendoza, Balbín fue designado Fiscal del Crimen de esa provincia. Aquel nombramiento marcó su ingreso formal a la política. Dejó el cargo apenas unos días antes del golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 que derrocó a Yrigoyen y abrió una larga etapa de inestabilidad institucional.
A 45 años del paso a la inmortalidad del Dr. Ricardo Balbín, honramos su legado democrático y su compromiso con el diálogo y la unidad nacional.
— UCR Buenos Aires (@UCRBuenosAires) September 4, 2026
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Durante la década de 1940 se convirtió en uno de los dirigentes radicales más enfrentados con el peronismo. En 1946 fue elegido diputado nacional y llegó a presidir el bloque de la UCR. Su oposición al gobierno de Juan Domingo Perón terminó costándole caro: en 1949 fue expulsado de la Cámara de Diputados y encarcelado. Un año después, mientras era candidato a gobernador bonaerense, volvió a ser detenido.
En 1951, Balbín encabezó junto con Arturo Frondizi la fórmula presidencial de la Unión Cívica Radical. El peronismo volvió a imponerse y Perón consiguió la reelección. Pero el derrocamiento del gobierno constitucional en 1955 produjo una profunda fractura dentro del radicalismo.
De un lado quedó la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), conducida por Frondizi. Del otro, la Unión Cívica Radical del Pueblo, liderada por Balbín. La división terminó convirtiéndose en una disputa por el liderazgo opositor y por el futuro del país.

En 1957, el balbinismo se impuso en las elecciones para la Convención Constituyente. Balbín parecía encaminado a convertirse en el próximo presidente, pero Frondizi tomó otro camino: sus emisarios negociaron con Perón, entonces exiliado, y consiguieron el respaldo del voto peronista para las elecciones presidenciales de 1958.
El resultado fue contundente. De la mano de Arturo Frondizi, la Unión Cívica Radical Intransigente llegó a la Casa Rosada y Balbín quedó nuevamente del lado de la derrota electoral.
Después de aquella derrota, Balbín asumió la presidencia del Comité Nacional de la UCR. Desde allí atravesó otra etapa convulsionada de la historia argentina: el derrocamiento de Frondizi en 1962, la elección de Arturo Illia en 1963 y el golpe militar de 1966 que volvió a clausurar la actividad política.
Pero los años modificaron también su relación con el peronismo. A comienzos de la década de 1970, cuando la Argentina buscaba una salida democrática, Balbín fue uno de los principales dirigentes de La Hora del Pueblo, el espacio multipartidario que reclamaba elecciones y el retorno de las instituciones.

Fue entonces cuando comenzó a quedar atrás la vieja confrontación. Balbín y Perón comprendieron que, después de décadas de enfrentamientos, proscripciones y golpes de Estado, la supervivencia de la democracia requería algo más que la victoria de un partido sobre otro.
En 1972 protagonizaron un abrazo que quedó incorporado a la memoria política argentina. El antiguo adversario y el líder justicialista dejaron atrás públicamente una rivalidad que había atravesado generaciones.
La última gran disputa electoral entre ambos ocurrió en 1973. Balbín fue candidato presidencial por la UCR en marzo y volvió a competir en septiembre, esta vez frente a la fórmula integrada por Perón e Isabel Perón.
El justicialismo ganó ampliamente y el viejo líder justicialista regresó definitivamente al poder después de 18 años de proscripción.Cuando el general murió, el 1 de julio de 1974, Balbín fue elegido para despedirlo en nombre de la oposición.
Allí pronunció uno de los discursos más recordados de la historia política argentina. El radical destacó el esfuerzo de Perón por alcanzar la paz y la convivencia política y, sobre el final, dejó una frase que atravesó las décadas: “Este viejo adversario despide a un amigo”.
Los últimos años de Balbín transcurrieron bajo la última dictadura militar. Su posición frente al denominado Proceso de Reorganización Nacional fue cautelosa y recibió críticas por su falta de pronunciamientos públicos sobre algunos de los aspectos más graves de la represión estatal. En 1980 volvió a asumir un papel central en la búsqueda de una salida institucional al encabezar la Multipartidaria, una convergencia de fuerzas políticas que reclamaba el retorno de la democracia.
No llegó a verla. El 9 de septiembre de 1981, a los 77 años, murió Ricardo Balbín. Faltaban todavía más de dos años para que los argentinos volvieran a las urnas. Su trayectoria dejó contradicciones, aciertos y zonas discutibles. Pero también una enseñanza política que conserva vigencia: en una democracia, el adversario puede ser combatido electoralmente sin convertirse necesariamente en un enemigo.