09/09/2026 - Edición Nº1310

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Música y generaciones

Gustavito de Los Tulipanes: “La bolita”, sus hijos y 30 años de música

09/09/2026 | El cantante presentó “La bolita”, recordó el origen de Los Tulipanes y habló del presente artístico de sus hijos Ian y Teo.



Hay canciones que nacen para celebrar y otras que permiten regresar a un momento de la vida para comprenderlo desde otro lugar. En “La bolita”, el nuevo tema de Los Tulipanes, Gustavito de Mendonça consigue hacer ambas cosas: recupera con humor la historia del Fiat 600 que le regaló su padre, pero también transforma un grave accidente de su juventud en una advertencia sobre el consumo de alcohol al volante.

Esa combinación de alegría, memoria y mensaje atravesó la entrevista que el cantante brindó en El Living de NewsDigitales. Durante la conversación, Gustavito repasó los comienzos improvisados de Los Tulipanes en Banfield, el salto desde el circuito barrial hacia las grandes compañías discográficas, las giras internacionales, la relación con Los Auténticos Decadentes y el presente artístico de sus hijos, Ian Lucas y Teo.

A más de tres décadas de haber formado aquella primera banda casi por casualidad, el músico conserva la energía festiva que convirtió a canciones como “Tomate un vino y olvidate” y “El Ángel” en clásicos de cumpleaños, casamientos y celebraciones. Sin embargo, detrás del personaje que sube al escenario aparece también un hombre atravesado por su familia, los costos de una carrera extensa y la necesidad de seguir abriendo nuevos caminos.

De una esquina de Banfield a formar Los Tulipanes en apenas 20 días

“Nunca en la vida había pensado ser músico”, reconoció Gustavito al recordar sus comienzos. En su familia no existían antecedentes artísticos: su padre, Chiche, era mecánico y su madre se dedicaba a la casa. Su primer escenario fue la esquina del barrio, donde cantaba para sus amigos antes de salir a bailar a Temperley.

Eran los años noventa y la cumbia vivía uno de sus momentos de mayor expansión. Gustavito recorría con sus amigos algunos de los locales más populares de la época y convertía hasta los viajes en colectivo entre Banfield y Temperley en pequeños espectáculos improvisados.

La creación de Los Tulipanes comenzó, en realidad, con un atrevimiento. Integrantes del centro de estudiantes de una escuela lo invitaron a participar de un festival por su 75° aniversario, en el que actuarían Los Auténticos Decadentes. Aunque todavía no tenía un grupo, aseguró que sí y, cuando le preguntaron cómo se llamaba, improvisó una respuesta: “Gustavito y sus Tulipanes”.

El problema era que faltaban apenas 20 días para presentarse.

La banda se armó con amigos del barrio y los instrumentos que pudieron conseguir. Uno aportó una timbaleta, otro encontró un bajo de un tío, un ex boy scout sumó su guitarra y fueron a buscar al vecino de cuya casa escuchaban salir el sonido de un piano. Menos de tres semanas después, aquellos jóvenes sin experiencia profesional ya estaban sobre el escenario como soporte de Los Auténticos Decadentes.

“Se revolucionó el barrio, la escuela, todo, porque éramos los pibes de ahí”, recordó el cantante.

El nombre que había inventado para conquistar a unas chicas terminó convirtiéndose en su proyecto de vida.

Gustavito junto a Cucho Parisi, líder de Los Auténticos Decadentes, e Ian Lucas durante su infancia.

Afiches, rifas y un Chevrolet 400 para salir de gira

Antes de llegar a las radios y las discográficas, Los Tulipanes atravesaron siete años de circuito independiente. Tocaban en el sur del Conurbano, pegaban sus propios afiches y ensayaban durante horas en una pequeña casa que también funcionaba como punto de encuentro para el barrio.

Incluso llegaron a tener un fan club con credenciales y una particular agrupación ecológica cuyos integrantes se acercaban a los recitales con plantas.

Para financiarse, organizaban festivales de fin de año y confeccionaban una revista en la que los comerciantes de la zona pagaban publicidad. Con ese dinero cubrían el sonido y ahorraban para avanzar con el proyecto. Así lograron comprar un viejo Chevrolet 400 que Chiche, el padre de Gustavito, ayudó a reparar en su taller.

A ese auto le sumaron el tráiler de unos feriantes que vendían plantas y salieron rumbo a la Costa Atlántica. En aquella gira compartieron camino con bandas como Los Tipitos, Kapanga y La Mancha de Rolando. La precariedad quedó retratada en una de las anécdotas que contó en El Living: perdió el micrófono nuevo durante el primer día y debió ingeniárselas para cantar con un auricular hasta que otros músicos le prestaron uno.

El show, sin embargo, ya tenía una identidad. Gustavito aparecía con kimonos, sombreros mexicanos y disfraces, mientras la banda mezclaba cumbia, rock, pop y humor. “Desde el primer recital venían desde el nene hasta el abuelo”, recordó.

Los Tulipanes comprendieron temprano que su mayor fortaleza no era la solemnidad ni el virtuosismo individual, sino la posibilidad de generar una fiesta en la que pudieran encontrarse distintas generaciones.

El llamado de la industria y el fenómeno de “Tomate un vino y olvidate”

Después de llenar Arpegios, la banda despertó el interés de productores vinculados con Sony. Su primer representante fue Nicolás Nóbile, relacionado con Bersuit Vergarabat y Soda Stereo, y el músico y productor Tweety González los escuchó en una sala de ensayo.

El grupo llegó luego a los estudios Panda gracias a unas horas que habían quedado disponibles durante la grabación de “El hijo de la lágrima”, de Charly García. Sin embargo, el regreso del propio García al estudio obligó a Los Tulipanes a completar aquella primera experiencia de otra manera.

La oportunidad decisiva llegaría en 2001. A través de la familia Lauría, la banda consiguió un vínculo con Warner Music y grabó su primer disco bajo la producción de Oscar Mediavilla. Para ingresar al estudio, Gustavito tomó clases de canto y trabajó especialmente en su pronunciación; los demás integrantes también se prepararon con profesores.

El álbum apareció en medio del estallido político, económico y social de diciembre de 2001. Mientras el país atravesaba una de sus peores crisis, Los Tulipanes ofrecían una receta sencilla y pegadiza: “Tomate un vino y olvidate”.

Pero el éxito tampoco fue inmediato. Gustavito recordó que las radios evitaban incorporar el tema hasta comprobar que otras emisoras comenzaban a difundirlo. Frente a ese círculo cerrado, el cantante y sus compañeros cambiaban billetes por monedas y recorrían teléfonos públicos cercanos a las escuelas para incentivar a los jóvenes a llamar y pedir la canción.

“Que no digan todos que son de Banfield”, les advertían para evitar sospechas. Cada participante inventaba un barrio, enviaba un saludo y solicitaba el tema.

La estrategia artesanal acompañó el trabajo de la compañía discográfica y la canción terminó ocupando el primer puesto de los rankings radiales. “Todo fue remo. Hoy, después de 30 años de carrera, la sigo remando”, resumió Gustavito.

“La bolita”, el nuevo lanzamiento de Gustavito y Los Tulipanes inspirado en una experiencia real del cantante.

“La bolita”: del accidente a una canción para salvar vidas

Aunque buena parte del público identifica a Los Tulipanes con sus grandes éxitos festivos, Gustavito remarcó que la banda cuenta con cuatro discos de estudio y un repertorio que también incluye baladas, canciones pop y composiciones alejadas de sus habituales “caballitos de batalla”.

“La bolita” rescata una historia que había quedado registrada años atrás en un demo. El protagonista es el Fiat 600 que su padre le regaló cuando tenía 17 años: su primer auto, símbolo de libertad, amistad y de aquellas primeras salidas nocturnas.

Una madrugada, después de haber ido a bailar a Quilmes y tomado cerveza, Gustavito condujo de regreso. El sol lo encandiló y chocó contra otro vehículo.

“Gracias a Dios me hice bolsa yo solo. Tengo chapa, clavos y alambre. Hoy la puedo contar”, relató. La frase concentra el cambio de perspectiva que sostiene la nueva versión de la canción: el músico puede recordar el episodio con su humor característico, pero entiende que las consecuencias pudieron ser mucho más graves.

El sencillo fue presentado en el Museo del Fitito, en Caseros, acompañado por fanáticos del Fiat 600. La repercusión sorprendió al propio cantante, que recibió mensajes incluso desde Italia. Durante su paso por El Living de NewsDigitales, interpretó el tema en vivo y dejó expuesto su estribillo más importante: “No chupes al manejar”.

El videoclip cuenta, además, con la participación de Teo, su hijo menor, junto con sus amigos y su novia. La elección no fue casual.

“Está apuntado un poco a Teito, que tiene 19 años, maneja y sale con sus amigos. Quizás, si le hablo como papá, piensa que estoy molestando; pero por ahí escucha el mensaje en una canción”, explicó.

“La bolita” consigue así unir tres generaciones: el padre mecánico que le regaló el auto, el joven que sobrevivió a una decisión imprudente y el hijo al que ahora quiere cuidar. La canción conserva la picardía de Los Tulipanes, pero incorpora una conciencia que solo podía aparecer con el paso del tiempo.

Gustavito junto a sus hijos Ian Lucas y Teo, quienes también desarrollaron sus carreras en el mundo artístico.

Ian Lucas y Teo: el orgullo de ver crecer a sus hijos

La conversación también permitió descubrir la intimidad de una familia atravesada por el mundo artístico. Ian Lucas, ganador de MasterChef Celebrity, cantante y una de las figuras argentinas con mayor alcance en las plataformas digitales, comenzó a exponerse públicamente junto con su padre.

Ambos participaron en 2015 de “Laten corazones”, el programa conducido por Mariano Iúdica en Telefe. Según recordó Gustavito, Ian inicialmente no quería cantar porque se sentía intimidado por la desinhibición de su padre. La experiencia terminó uniéndolos y funcionando como un impulso para la carrera que el joven construiría luego en las redes, la actuación, la música y la televisión.

“Estoy superorgulloso por todo lo que lograron y vienen logrando. Para una persona, los hijos son lo más importante”, expresó.

Teo, por su parte, comenzó a desarrollarse como creador de contenidos y participó del streaming de MasterChef. Según anticipó Gustavito, acompañará a su hermano en una gira nacional. El músico contó que ambos hijos mantienen una relación muy cercana y que, pese a sus recorridos independientes, todavía intercambian opiniones sobre sus respectivos proyectos.

“Cuando Ian está por sacar un tema, me lo manda y me pregunta: ‘Pa, ¿qué te parece?’. Yo hago lo mismo con él”, reveló.

El precio menos visible de vivir sobre los escenarios

La alegría que Los Tulipanes transmiten sobre el escenario también tiene una contracara. Durante sus años de mayor actividad, Gustavito pasó temporadas en Bariloche actuando para los viajes de egresados y realizó extensas giras por Argentina, Paraguay, México, Bolivia y otros destinos.

Esa dinámica lo obligó a ausentarse de cumpleaños, casamientos, celebraciones de fin de año y momentos importantes del crecimiento de sus hijos.

“La gente ve al músico y piensa qué bien que la pasa, pero eso es la hora u hora y media del show. Después es una carrera muy difícil”, confesó.

En ocasiones, mientras su familia se reunía, él participaba mediante una videollamada desde otra ciudad o país. Podía encontrarse en un lugar privilegiado y rodeado por sus compañeros, pero sentir el peso de estar lejos de su casa.

Actualmente comparte buena parte de los viajes con Carolina, su esposa y representante. Ese acompañamiento le permite equilibrar dos universos que durante años parecieron competir entre sí: la familia y la música.

“A veces te preguntás si vale la pena luchar tanto, pero es lo que a uno lo apasiona y lo mantiene vivo”, reflexionó. Y dejó una definición sobre el sentido que adquirió su recorrido: “El día que deje de cantar ya no voy a estar acá, pero va a quedar mi legado musical”.

El nuevo sueño de Gustavito y una colaboración con el “Perro” Serrano

Lejos de pensar en una despedida, Gustavito busca ampliar su lugar dentro de los medios. En los últimos años se incorporó al streaming como panelista, coconductor y entrevistador. Incluso comenzó a grabar y editar sus propias conversaciones con artistas para presentar nuevas secciones.

Su objetivo es conducir “El show de Gustavito”, un programa inspirado en Roberto Galán y en aquellos formatos que ofrecían una oportunidad a personas desconocidas para mostrar su talento.

“Quiero darles una posibilidad a quienes tienen condiciones y muchas veces encuentran las puertas cerradas”, explicó. La idea guarda relación con su propia historia: aquel joven de Banfield que comenzó cantando en una esquina todavía recuerda cuánto necesitó que productores, músicos y amigos confiaran en su proyecto.

Antes de cerrar la entrevista, adelantó que prepara una canción con Jorge “Perro” Serrano, integrante de Los Auténticos Decadentes, a quien definió como “el Spinetta de la música popular”. El tema se llamará “Cada loco con su tema” y reflejará una etapa de composiciones más profundas e introspectivas.

Los Auténticos Decadentes aparecen así nuevamente en su camino. Fueron la banda principal de aquel festival escolar para el que inventó que tenía un grupo, lo acompañaron durante sus primeros grandes escenarios y ahora vuelven a formar parte de su futuro.

Más de 30 años después, Gustavito sigue buscando romper un techo nuevo. Ya no viaja en aquel Fiat 600 ni necesita monedas para llamar desde un teléfono público y pedir su canción en la radio. Pero la esencia continúa intacta: hacer reír, poner al público a bailar y convertir cada experiencia —incluso las más dolorosas— en una historia que pueda ser cantada.

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