Berta “Pochi” André fue la mujer que acompañó a Ricardo Barreda en sus primeras salidas de la cárcel. Lo visitó cuando estaba preso, lo recibió en su casa y durante un tiempo construyeron una relación que públicamente fue presentada como una historia de amor. Sin embargo, Pablo Marti Krenz, biógrafo del múltiple femicida, dio otra versión sobre el origen de aquel vínculo.
“¿Se enamoró Barreda de Berta?”, le preguntó el periodista Leonardo Nieva en la entrevista con NewsDigitales. “No, no”, respondió sin vueltas.

Según Marti Krenz, ambos se conocieron mientras Barreda permanecía detenido y Berta comenzó a tener un papel cada vez más importante en su vida. El odontólogo, sostuvo, conservaba incluso dentro de la cárcel una fuerte necesidad de seducir a las mujeres que se cruzaban con él.
“El tipo en la cárcel no descansaba; tenía psicólogas, les escribía poemas”, recordó. Según el biógrafo, llegaba a decirles: “Doctora, usted me dice que yo tengo que decir lo que siento, usted me gusta”.
La aparición de Berta en la vida de Barreda coincidió además con un momento clave de su situación judicial. El odontólogo buscaba avanzar hacia un régimen que le permitiera abandonar la cárcel y para eso necesitaba contar con un domicilio donde pudiera instalarse.
“Cuando Berta llega, ya empiezan a sacar cuentas, tenían que pedir una libertad condicional, necesitaban un domicilio, ¿y qué mejor que Berta?”, relató Marti Krenz.
Y fue todavía más categórico al definir aquel comienzo: “Fue una estrategia judicial, totalmente”.
Finalmente, Barreda se instaló en la vivienda de André, en el barrio porteño de Belgrano, donde cumplió arresto domiciliario. Pero una cosa era conseguir un domicilio y otra muy diferente convivir.
Marti Krenz aseguró que la relación comenzó a desgastarse una vez que ambos compartieron la vida cotidiana. “Después había que convivir”, resumió.
Barreda tenía restricciones para salir y Berta comenzó a atravesar problemas de salud. Con el tiempo, las diferencias entre ambos se hicieron cada vez más frecuentes.
Incluso después de que Barreda volviera a prisión y posteriormente recuperara mayores posibilidades para desplazarse, continuaron compartiendo viajes. Fueron juntos a Mar del Plata, Salsipuedes y Ushuaia.
Pero, según su biógrafo, eso no significó que la relación hubiera mejorado. “No se llevaban bien, era una fricción constante”, aseguró.
La versión de Marti Krenz aporta así una mirada diferente sobre una de las relaciones más conocidas de los últimos años de Barreda: detrás de la pareja que durante años apareció públicamente asociada a su salida de prisión hubo, según sostiene quien mantuvo largas conversaciones con él antes de su muerte, un vínculo que comenzó atravesado por una necesidad judicial y terminó convertido en una convivencia conflictiva.