A los 21 años, Ángeles ya conoce bastante bien lo que significa hacer malabares con el tiempo. Vive en Ituzaingó, en el oeste del conurbano bonaerense, tiene dos hijos, estudia el profesorado de Educación Física, trabaja como profesora de acrobacia y natación y, además, lleva adelante dos emprendimientos que nacieron de sus propias pasiones.
Uno está vinculado al diseño gráfico y la papelería creativa. El otro, mucho más reciente, es gastronómico: vende pizzas, pre-pizzetas y pre-pizzas listas para cocinar en casa.
En diálogo con NewsDigitales, Ángeles cuenta que no llegó a este esquema de un día para otro. Tampoco porque haya encontrado una fórmula mágica para ganar dinero. Su historia tiene bastante más de prueba, esfuerzo, inversión de a poco y organización cotidiana.
Y también una idea que comparten cada vez más jóvenes: si un empleo tradicional ofrece muchas horas de trabajo a cambio de un ingreso que no siempre parece suficiente, emprender puede ser una alternativa para ganar autonomía y, al mismo tiempo, dedicarse a algo que realmente gusta.
Pero Ángeles también es clara sobre la otra cara de la moneda: "Emprender lleva mucho desgaste en todos los aspectos".
El primer proyecto de Ángeles surgió a comienzos de 2023, mientras atravesaba su segundo embarazo.
La idea inicial era bastante concreta: encontrar una forma de trabajar desde su casa y generar un ingreso adicional sin quedar atada a horarios rígidos.
Así nació su proyecto de papelería creativa, que con el tiempo fue creciendo y ampliando sus servicios. Hoy realiza diseños para eventos, marcas, grupos de egresados, clubes y familias. También incorporó ropa personalizada mediante DTF, con remeras, pantalones, buzos y camperas, entre otros productos.
"Primero comencé mandando a una imprenta las cosas para imprimir y solo hacía los diseños. Después me compré una impresora de hogar y este año recién me compré otra impresora para poder sublimar", explica.
La inversión fue progresiva y siempre condicionada por lo que podía destinar del dinero que generaba. "En el medio compré distintos materiales e insumos", cuenta. Para los trabajos de DTF todavía terceriza la impresión, pero la idea es seguir incorporando equipamiento a medida que el emprendimiento lo permita.
Cuando parecía que ya tenía suficiente con el diseño, el estudio, el trabajo y la crianza, Ángeles sumó un segundo emprendimiento.
Hace aproximadamente un mes comenzó, junto a su entorno familiar, con la venta de pizzas: "Soy de esas personas que están todo el día en la calle y capaz no tienen tiempo para cocinar. Termino comprando algo a las apuradas".
La solución fue convertir esa experiencia personal en una propuesta comercial. Por ahora, trabaja con pizzas listas, pre-pizzetas y pre-pizzas. El emprendimiento comenzó literalmente con lo que había disponible en casa: un horno eléctrico.
"Empezamos con el horno de casa, es lo único que tenemos, un hornito eléctrico, y fuimos invirtiendo de a poco con lo que me iba quedando, con algún puchito del mes", cuenta.
Antes de salir a vender, hicieron pruebas entre familiares para encontrar las recetas que mejor funcionaran. Después llegó el momento de ofrecerlas al público.
Y la respuesta fue mejor de lo esperado: "La verdad que por Facebook se movió mucho. Mucha gente que no conocíamos nos sorprendió cómo se movió la venta".
Además, uno de los diferenciales que encontraron es la posibilidad de personalizar los pedidos. Los clientes pueden solicitar cambios en los ingredientes o adaptaciones específicas: "Todas las recetas que hacemos son personalizadas para cada cliente". Puede ser una pizza sin sal, sin orégano, con más queso o con alguna otra modificación.
"Eso es lo que a la gente le gusta: sentir que están comiendo algo casero, pero sin la necesidad de estar capaz dos horas cocinando", señala la joven. El próximo paso podría ser comenzar a vender por cantidad a almacenes y otros comercios.

El ánimo emprendedor se suma a una agenda que ya estaba bastante cargada. Ángeles estudia el profesorado de Educación Física en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), trabaja como profesora de acrobacia y también da clases de natación en una escuela.
"Mi día se basa en llevar a los chicos al jardín y tengo toda la mañana para hacer pedidos de ambos emprendimientos. Después, a la tarde y noche, estoy trabajando o estudiando", explica.
En ese esquema, los emprendimientos cumplen una función económica, pero también personal: "Trato de complementar un extra y hacer algo que me gusta. Tanto cocinar como el diseño gráfico me gustan un montón".
La imagen de una joven que tiene dos emprendimientos y los hace crecer puede resultar inspiradora, pero Ángeles evita idealizar el camino.
Su experiencia con la papelería, que ya lleva unos tres años, le enseñó que no todos los meses son iguales. "Es un emprendimiento que tiene muchos altos y bajos", reconoce.
Hay momentos del año en los que la actividad aumenta considerablemente. El comienzo de clases es uno de ellos. También fechas especiales como el 14 de febrero.
En cambio, otros períodos son mucho más tranquilos: "Ahora está medio muerto. El 14 de febrero es una fecha en la cual se trabaja muchísimo. Para las fiestas hay muy poco trabajo". "Es como por etapas, y eso sí es algo que tengo que ir manejando", reconoce.
La experiencia también la obligó a entender que no alcanza con saber diseñar o cocinar: hay que calcular costos, comprar insumos, fijar precios, atender clientes, hacer entregas, promocionarse y reinvertir.

Ángeles también atravesó con sus emprendimientos los cambios de precios de los últimos años.
En su caso, asegura que la inflación no fue necesariamente el principal obstáculo, aunque sí tuvo que actualizar sus valores.
La estrategia fue intentar mantener precios competitivos sin regalar su trabajo: "Siempre traté de presentar los mejores precios y buscar los mejores precios, no solamente para el otro, sino para yo poder tener la ganancia que necesitaba y que mi trabajo valga".
La historia de Ángeles también permite observar un fenómeno más amplio: la relación de muchos jóvenes con el empleo tradicional está cambiando.
No necesariamente porque rechacen trabajar bajo relación de dependencia. De hecho, Ángeles lo aclara: si apareciera una propuesta laboral con un buen sueldo y condiciones convenientes, podría considerarla.
"Si hay un laburo que me ofrecen de profe u otro laburo con un sueldo fijo y bien pago, sí tal vez dejaría los emprendimientos, porque ese laburo fijo te da otra tranquilidad", admite.
La cuestión aparece cuando esa tranquilidad no está acompañada por un ingreso que compense las horas y el esfuerzo: "Te pagan en muchos casos menos de 4 mil pesos la hora, entonces uno termina emprendiendo porque no querés estar todo el día en la calle por dos pesos con cincuenta".