por Redacción NewsDigitales
En el mundo del fútbol, las concentraciones son un espacio temporal donde suelen ocurrir grandes anécdotas e historias. Pero la que protagonizó Tomás Conechny en abril de 2015 es una de las más increíbles del fútbol argentino.
En plena concentración de la Selección Sub-17 en el Sudamericano de Paraguay, la joven promesa —máximo goleador albiceleste del torneo con 5 goles— vivió un accidente insólito: se cayó desde un primer piso del hotel mientras jugaba a la PlayStation con un compañero.
El propio Tomás, entonces jugador de San Lorenzo, contó los detalles con su naturalidad y cara de asombro: "Estábamos jugando a la Play y me apoyé en una ventana, me apoyé bastante fuerte y me fui para atrás y me caí desde un primer piso".
Un festejo o un gesto de emoción durante el partido virtual —según recogieron distintos relatos— llevó al delantero a apoyarse con fuerza contra el vidrio de la ventana del cuarto.
Contra todo pronóstico, Conechny se salvó para contarla. Sufrió múltiples cortes y fuertes contusiones, pero no lesiones de gravedad. Le quedó, eso sí, una imagen inolvidable: festejó su cumpleaños en muletas, días después del incidente.

"Estábamos todos los que siempre estamos, todos juntos, y pasó una desgracia", resumió el propio protagonista, con su compañero Gianluca Mancuso como testigo directo del episodio.
Aquel plantel Sub-17 dirigido por Humberto Grondona tuvo una gran actuación en el Sudamericano paraguayo y logró la clasificación al Mundial de Chile 2015.
Conechny fue el máximo goleador argentino con 5 tantos, en un equipo que también integraban Kike Ruiz, Lautaro Martínez —hoy en el Inter de Italia— y Gianluca Mancuso, entre otras promesas de aquella generación.
Conechny, formado en la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) de Comodoro Rivadavia y luego en las inferiores de San Lorenzo, superó el susto y siguió con su carrera profesional.
Con el tiempo pasó por distintos clubes de Argentina y del exterior. Pero aquella caída desde el primer piso, con la PlayStation todavía encendida y los amigos gritando, quedó como una de las anécdotas más recordadas del fútbol juvenil argentino.