11/09/2026 - Edición Nº1312

Internacionales

Otro duelo en la monarquía

Murió Astrid de Noruega: el Estado pagará el funeral de la princesa

11/09/2026 | La hermana de Harald V murió a los 94 años, dos días después de despedirlo. Qué se confirmó del funeral y el papel que ocupó antes de Sonja.



Dos días después de asistir al funeral de su hermano, la princesa Astrid de Noruega murió a los 94 años. La despedida de Harald V había sido su última aparición pública. Este viernes 11 de septiembre, la Casa Real anunció su fallecimiento y el nuevo rey, Haakon VIII, volvió a recibir una noticia de duelo cuando apenas comienza su reinado.

El Gobierno noruego confirmó que el funeral será financiado por el Estado, por acuerdo con la familia. El primer ministro, Jonas Gahr Støre, recordó su trayectoria de representación y contó que su último encuentro con ella había ocurrido durante las ceremonias de despedida de Harald, en la catedral de Oslo y la capilla del Palacio Real.


Astrid visitó la capilla del Palacio Real el 2 de septiembre, durante la despedida de su hermano Harald V. Foto: Øivind Möller Bakken / Det kongelige hoff.

Astrid había ocupado un lugar que las fotografías familiares no siempre alcanzaban a explicar: durante catorce años fue la principal figura femenina de la monarquía. Asumió esa responsabilidad a los 22, después de la muerte de su madre, y la sostuvo hasta que Sonja se casó con Harald en 1968. Nunca tuvo derecho a heredar el trono, pero buena parte del trabajo de representación recayó sobre ella.

Qué se sabe del funeral y el velatorio de Astrid de Noruega

Hasta la publicación de esta nota, las autoridades no habían anunciado la fecha ni el lugar del funeral. Tampoco estaba confirmado un velatorio abierto al público o una capilla ardiente. El comunicado del Gobierno establece quién afrontará los gastos, pero no detalla el ceremonial ni anticipa una despedida idéntica a la que recibió Harald V.

Haakon VIII dispuso que la bandera del balcón del Palacio Real permanezca a media asta durante este viernes y vuelva a colocarse de esa manera el día del entierro. El anuncio del fallecimiento no informó una causa de muerte.

La participación pública comenzó, por ahora, a través de un libro digital de condolencias. La Casa Real lo mantendrá abierto hasta después del funeral. Los mensajes se publicarán con el nombre de sus autores, podrán consultarse durante un mes y luego quedarán conservados en el archivo de la institución.


Retrato de Astrid de Noruega realizado con motivo de su cumpleaños número 80, en 2012. Foto: Svein Brimi / Det kongelige hoff.

Catorce años en un lugar que después ocupó Sonja

Astrid era hija de Olav V y la princesa heredera Märtha, hermana menor de Ragnhild y mayor de Harald. Su infancia quedó atravesada por la ocupación alemana de Noruega: durante la Segunda Guerra Mundial se refugió con su madre y sus hermanos en Estados Unidos, donde vivieron cerca de Washington. Regresaron a Noruega en junio de 1945.

La muerte de Märtha, en 1954, cambió su vida pública. Astrid pasó a recibir delegaciones, acompañar viajes y actuar como anfitriona en las cenas oficiales. Estuvo junto a su padre en la gira de su consagración, en 1958, y en el recorrido real por el norte del país al año siguiente. No era una presencia ocasional en las ceremonias: tenía obligaciones propias dentro de la institución.

En 1961 se casó con Johan Martin Ferner, con quien tuvo cinco hijos. Tras la boda, Olav estableció que sería tratada como “princesa Astrid, señora Ferner”, la denominación que conservó durante el resto de su vida. Su marido murió en enero de 2015.

La llegada de Sonja a la familia real no significó su retiro. Astrid continuó con actividades oficiales y presidió el fondo conmemorativo de su madre, destinado a iniciativas sociales y humanitarias. En 2002, cuando cumplió 70 años, el Gobierno le concedió una pensión honorífica como reconocimiento por los servicios prestados al país.

En el mensaje de despedida, Haakon VIII la describió como un apoyo importante para Harald y para el resto de la familia. También recordó un rasgo menos solemne que sus títulos: “Aprendimos mucho de ella y no tenía miedo de decir lo que pensaba”.