La Agencia Internacional de la Energía advirtió este 11 de septiembre que la presión sobre el diésel supera con claridad a la del crudo. En su Oil Market Report de septiembre, indicó que el diésel y gasoil en Estados Unidos superaron los USD 200 por barril a comienzos del mes, mientras el Brent rondaba los USD 105. La brecha refleja una escasez más intensa de productos refinados.
El salto no equivale al precio que paga un conductor en una estación de servicio. La EIA registró el 9 de septiembre un diésel minorista promedio de USD 5,98 por galón en Estados Unidos y un precio spot de bajo azufre cercano a USD 4,85 por galón. News Digitales ya había explicado la caída de los inventarios mundiales de petróleo; ahora el foco está en la falta de destilados.
La tensión nace en las refinerías y en las rutas de exportación. La AIE calcula que las ventas externas de petróleo de los países del Golfo rondaron 13 millones de barriles diarios en agosto, casi la mitad del nivel previo a la guerra, mientras las exportaciones de productos refinados y GLP seguían cerca de 60% por debajo de febrero. En diésel y gasoil, el Golfo exportó apenas 390.000 barriles diarios, poco más de una cuarta parte del nivel previo.
Rusia agravó ese faltante con interrupciones en su sistema de refinación y una fuerte caída de exportaciones de productos. Sumadas, las exportaciones netas de diésel y gasoil del Golfo y Rusia fueron 1,6 millones de barriles diarios menores que en febrero, cuando ambos orígenes representaban casi 45% del comercio marítimo mundial. Esa escasez amplía los llamados márgenes de refinación, es decir, la diferencia entre el valor del crudo y el de los combustibles obtenidos al procesarlo.

El impacto se transmite a actividades que dependen de motores diésel. Camiones, trenes, maquinaria agrícola, equipos de construcción y parte del transporte marítimo consumen destilados, por lo que un combustible más caro puede elevar fletes y costos operativos. La EIA explica el peso del diésel en el movimiento de mercaderías y también señala que muchas empresas aplican recargos por combustible. El traslado final depende de contratos, impuestos y condiciones locales.

El alivio dependerá de que se recuperen los flujos por Ormuz y Bab el-Mandeb y de que las refinerías vuelvan a operar con mayor normalidad. La AIE calcula que los inventarios mundiales observados cayeron otros 95 millones de barriles en agosto y acumulan una baja de 507 millones desde febrero. Mientras ese colchón siga reduciéndose, el diésel seguirá funcionando como uno de los principales canales por los que la crisis petrolera puede trasladarse al transporte y a la distribución mundial.