13/09/2026 - Edición Nº1314

Opinión


El cero que no llega

La pregunta incómoda detrás del 1,7%: si no hay emisión, ¿por qué hay inflación?

13/09/2026 | Javier Milei construyó buena parte de su explicación económica alrededor de una afirmación sencilla: la inflación es un fenómeno monetario.



Javier Milei recibió el dato de inflación de agosto con una celebración proporcional a la importancia que le asigna al tema. El 1,7% informado por el Indec fue el registro más bajo de los últimos 14 meses y llevó al Presidente a felicitar a Luis Caputo. Después del 2,1% de julio, los precios volvieron a desacelerarse.

La inflación bajó considerablemente respecto de los primeros meses de la gestión. La comparación con diciembre de 2023, cuando alcanzó el excepcional 25,5%, sirve poco para medir la situación actual: aquel mes estuvo atravesado por una crisis inflacionaria previa, la devaluación inicial del nuevo gobierno y una fuerte corrección de precios. La pregunta relevante hoy es otra. El Gobierno sostiene desde hace casi tres años el equilibrio fiscal y eliminó el financiamiento monetario sistemático del déficit. ¿Por qué los precios siguen aumentando cerca de un 2% mensual?

La pregunta tiene una importancia especial porque Milei construyó buena parte de su explicación económica alrededor de una afirmación sencilla: la inflación es un fenómeno monetario. El déficit financiado con emisión había sido, en su diagnóstico, la causa fundamental del problema argentino. La maquinita se apagó y la inflación bajó, aunque todavía está lejos de desaparecer.

El cero que no llegó

El propio Presidente había puesto una fecha. En marzo aseguró que, una vez absorbidos los rezagos monetarios, la inflación minorista de agosto comenzaría con cero. Finalmente fue 1,7%, el menor registro desde junio de 2025 y uno de los pocos meses de toda la gestión que consiguieron perforar el 2%.

El problema aparece al comparar el resultado con la explicación que había permitido pronosticar una caída bastante mayor. Durante estos años el Gobierno habló del excedente monetario heredado, los rezagos de la emisión anterior, la recomposición de precios relativos y los movimientos del dólar. También incorporó a sus explicaciones las tarifas, los combustibles y distintos shocks de oferta.

Agosto ofrece ejemplos. Los precios regulados aumentaron 2,2%, por encima del promedio. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron 2,8% y educación avanzó 2,5%. Sin embargo, la inflación núcleo, que excluye regulados y estacionales, quedó en 1,8%. Por eso las tarifas tampoco alcanzan para explicar por sí solas la persistencia del fenómeno.

Cuando la teoría encuentra los precios

Una tarifa atrasada puede aumentar aunque el Banco Central no imprima un peso. También puede hacerlo el petróleo, un alquiler, un salario o un producto importado cuyo costo cambia por el movimiento del dólar. Desde una interpretación monetaria, esos movimientos deberían modificar precios relativos sin provocar un aumento permanente del nivel general cuando la cantidad de dinero permanece controlada.

El razonamiento oficial apunta precisamente en esa dirección. El ancla fiscal y monetaria debería impedir que aumentos particulares se propaguen indefinidamente al resto de la economía. El interrogante aparece cuando, después de un período prolongado sin déficit financiado mediante emisión, la inflación continúa instalada alrededor del 2%.

Un 1,7% mensual sostenido durante doce meses equivale aproximadamente a un 22% anual. Frente a los registros argentinos de los últimos años representa una reducción considerable. Frente a la estabilidad de precios que el Gobierno se propuso alcanzar, todavía existe una distancia importante.

Los rezagos también tienen tiempo

La comunicación oficial tuvo que adaptarse a esa resistencia. Primero aparecieron los rezagos monetarios. Después cobraron mayor importancia los precios relativos, el dólar, las tarifas y los shocks externos. Ninguna de esas explicaciones resulta necesariamente incompatible con una interpretación monetaria de la inflación, aunque muestran que el tránsito entre equilibrio fiscal y estabilidad de precios fue más complejo de lo que sugerían algunas predicciones iniciales.

El paso del tiempo agrega además una dificultad al argumento de los rezagos. Si la emisión que los produjo ocurrió cada vez más lejos en el pasado, su capacidad para explicar la inflación presente debería reducirse. El propio pronóstico presidencial sobre agosto partía de esa idea: para esta altura, los efectos monetarios heredados debían haberse agotado lo suficiente como para acercar el índice a cero.

La diferencia entre aquella predicción y el 1,7% no alcanza para refutar la teoría económica del Gobierno. Sí obliga a precisar qué mecanismo mantiene actualmente el aumento general de precios y cuánto tiempo debería tardar en desaparecer.

Una discusión sobre la vara

La evaluación del dato depende entonces de qué se utilice como comparación. Frente a la inflación extrema que atravesó la Argentina, la desaceleración es evidente. Frente a las propias metas y explicaciones de Milei, agosto plantea preguntas que el Gobierno todavía debe responder.

Un 1,7% mensual no equivale a estabilidad de precios. Tampoco demuestra por sí mismo el fracaso del programa. Muestra que la inflación persiste después de que fueron eliminados los dos mecanismos que Milei identificó durante años como sus causas fundamentales: el déficit fiscal y su financiamiento mediante emisión monetaria.

Ahí aparece la discusión que deja agosto. Después de casi tres años de equilibrio fiscal, sin una maquinita financiando sistemáticamente al Tesoro y con una política monetaria restrictiva, los precios todavía aumentan. La cuestión adquiere mayor importancia a medida que transcurre el tiempo porque las explicaciones vinculadas a la herencia monetaria deberían ir perdiendo peso.

Milei explicó durante años por qué la Argentina tenía inflación. Después de haber aplicado buena parte de la receta que proponía para combatirla, todavía tiene por delante una pregunta más difícil: explicar por qué la Argentina la sigue teniendo.

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