“De esta voy a salir”. Fue la frase a la que se aferró Claudia Mida cuando recibió uno de los diagnósticos más duros de su vida. En abril de 2022 le detectaron leucemia mieloide aguda y, meses después, una sepsis generalizada la llevó a terapia intensiva. Los médicos llegaron a darle apenas un 4% de probabilidad de vida.
Hoy, a pocos días de cumplir 60 años, habla de aquella etapa como una segunda oportunidad. Y decidió convertir su experiencia en una misión: impulsar en la Argentina el Día de los Imparables, una jornada para visibilizar a los pacientes trasplantados, compartir información y, sobre todo, concientizar sobre la importancia de donar médula ósea. “Yo me considero una imparable”, aseguró Claudia durante su visita al Living de NewsDigitales.
Su historia comenzó el 12 de abril de 2022. Había tenido una gripe, se sentía muy cansada y comenzó a notar moretones en el cuerpo. Hasta ese mismo día había ido a trabajar. Era contadora y llevaba años trabajando en ARCA. Pero todo cambió en cuestión de horas. “Cuando me dijeron ese diagnóstico, todos te dicen: ‘Vos te hacías mucha mala sangre y vos corrías mucho y leucemia es mala sangre’. Entonces vos decís: ‘Bueno, entonces tengo la culpa de que me haya agarrado esta enfermedad’ y en realidad no”, explicó.
Para Mida, una de las primeras cosas que hay que entender frente a una enfermedad es que no hay que cargar con culpas. “Te tocó porque te tuvo que tocar”, afirmó sin vueltas.
Después del diagnóstico llegó la quimioterapia y una internación que se extendió durante semanas. Logró que la enfermedad remitiera después de la primera quimioterapia, pero durante la segunda sufrió una sepsis generalizada y quedó con las defensas prácticamente en cero. “Una persona normal tiene un 4% de probabilidad de vida. Yo estaba cero defensas, o sea, convocaron a todos a despedirse de mí”, recordó. Sin embargo, ella había tomado una decisión desde el primer día: no rendirse. “Cuando me dieron el diagnóstico, yo dije: ‘De esta voy a salir’”.
Uno de los momentos que más recuerda ocurrió cuando ingresó a terapia intensiva. Su hijo, que entonces tenía 23 años, le preguntó desde la puerta si iba a salvarse. “Sí, hijo, te prometo que sí”, le respondió. “Yo me aferré a la vida, por supuesto, con la ayuda de los médicos”, contó Claudia.
Después de casi un mes y medio en terapia intensiva, llegó otra etapa de la lucha: prepararse para el trasplante.

Su hermana, su “ángel”
El trasplante finalmente pudo realizarse el 30 de septiembre de 2022. La donante fue su hermana, que pese a ser dos años mayor que Claudia insistió para hacerse los estudios de compatibilidad. El resultado fue determinante: 100% de compatibilidad. “Mi hermana, que es un ángel, insistía con que ella quería ser la donante”, relató.
Claudia aprovecha su historia para derribar uno de los principales mitos que existen alrededor de la donación de médula: que se trata de una operación compleja. “No es una operación. Eso quería aclarar”, remarcó.
Según explicó, en la mayoría de los casos la donación se realiza mediante un procedimiento en el que las células madre pasan al torrente sanguíneo y luego son recolectadas. Para el donante, se trata de un proceso mucho menos invasivo de lo que muchas personas imaginan. “Fomento la donación de médula porque el donante, o sea, el mismo día dona y se va a la casa y hace vida totalmente normal”, explicó.
Para Claudia, difundir esta información es fundamental porque una donación puede significar la diferencia entre la vida y la muerte para otra persona. “Es una simple extracción de sangre”, sostuvo.
El proyecto que ahora la moviliza nació a partir de una iniciativa que conoció en Barcelona: el Día de los Imparables. Este año, contó, la celebración tuvo lugar en Bilbao y reunió a unas 2.000 personas. Pacientes, familiares, amigos, médicos y representantes de fundaciones se encontraron en espacios públicos para compartir experiencias y brindar información.
“Se convocan a los lugares públicos, plazas, museos y donde van tanto pacientes, familiares, amigos, médicos, fundaciones, te instalás en un puestito y vas informando sobre esto”, relató.
La idea es que Argentina tenga su propia jornada. Y Claudia ya tiene una fecha en mente: el 1° de abril de 2027. “Yo hice acá una encuesta en mi página de Instagam @historiasquesanas26 y ganó el primero de abril, que es coincidente con el día de trasplante de médula en la Argentina”, explicó.
También eligió un color: el verde. “El color verde es el color de la sanación y de la esperanza”, señaló Mida, durante la entrevista.
Para Mida, el problema no es necesariamente la falta de interés, sino la falta de información. “Acá en la Argentina es como que mucha importancia no se le da. No sé si no se le da, sino que no se informa como debería informarse”, sostuvo.
Y puso su propio caso como ejemplo. Incluso ella, que atravesó un trasplante, desconocía cómo era el procedimiento de donación. “Me pareció, por ejemplo, mi caso no saber que no es una operación, no sabía”.
Por eso busca que el Día de los Imparables se transforme en una jornada de concientización masiva, similar a otras campañas que ya tienen una fuerte presencia pública. “¿Por qué no vamos a poder el primero de abril?”, planteó.
Su objetivo inicial es conseguir apoyo en la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, aunque sueña con que la iniciativa llegue a todo el país. “Si llega a todo el país sería fantástico”, reconoció.
La palabra “imparable” no es para Claudia solamente un nombre para una campaña. Es una definición de su propia historia. Después del trasplante sufrió una recaída y pasó dos meses sin poder caminar. Había perdido fuerza y masa muscular y tuvo que volver a aprender movimientos tan básicos como caminar y comer.
Aun así, se niega a quedar atrapada en lo que sufrió. “No puedo seguir duelando lo que me pasó. Tengo que apostar al futuro”, afirmó. Hoy hace Pilates tres veces por semana, camina, pinta y hace teatro. Incluso había comenzado a prepararse para una maratón antes de sufrir una lesión en la rodilla. “Estoy muy bien”, contó entre risas.
Y esa actitud también aparece cuando habla con otros pacientes. En sus redes recibe mensajes de personas que atraviesan enfermedades y familiares que buscan una palabra de aliento. “Yo no tengo ningún problema, o sea, estoy para eso”, dijo. “Estamos vivos, estamos acá”, señaló.
Claudia también creó un espacio para compartir información y experiencias de pacientes trasplantados. Allí busca que quienes atravesaron situaciones similares puedan transformar lo vivido en una herramienta para ayudar a otros.
“Sacá del pasado lo bueno, que estás acá, que podés ayudar a otra gente desde la experiencia personal”, explicó. Y sintetizó su mirada sobre la vida con una frase que se convirtió en una especie de bandera personal: “Bueno, pero estamos vivos”. Para ella, estar viva implica también devolver parte de lo que recibió. “Yo creo que mi misión es esta”, sostuvo finalmente.