Una supuesta “ciudad submarina” de 60 millones de habitantes bajo el hielo de la Antártida volvió a recorrer redes sociales y buscadores durante las últimas horas. La imagen es irresistible: millones de peces viviendo organizados en el fondo del océano, escondidos durante años bajo una de las regiones más inaccesibles del planeta.
La historia es real, aunque tiene una diferencia importante respecto de buena parte de los titulares que comenzaron a circular: no fue descubierta ahora. El hallazgo ocurrió durante una expedición realizada en febrero de 2021 y fue publicado en enero de 2022 por científicos del Instituto Alfred Wegener de Alemania en la revista Current Biology.
Lo que encontraron tampoco es literalmente una ciudad. Se trata del mayor criadero de peces conocido hasta ahora, localizado cerca de la plataforma de hielo Filchner, en el sur del mar de Weddell, uno de los sectores más extremos de la Antártida.
Los investigadores utilizaron un sistema de cámaras remolcado por el rompehielos alemán Polarstern y comenzaron a detectar una sucesión aparentemente interminable de nidos del pez de hielo Neopagetopsis ionah.
La estimación resultó extraordinaria: alrededor de 60 millones de nidos distribuidos sobre unos 240 kilómetros cuadrados, aproximadamente la superficie de una ciudad grande. En algunos sectores aparecieron hasta uno o dos nidos activos por metro cuadrado. Muchos contenían entre 1.500 y 2.500 huevos y eran custodiados por ejemplares adultos.
El área se encuentra a entre 420 y 535 metros de profundidad y los científicos calcularon que la colonia representa unas 60.000 toneladas de biomasa. También descubrieron que las focas de Weddell utilizan intensamente ese sector para alimentarse: alrededor del 90 por ciento de sus inmersiones registradas dentro de la región coincidieron con la zona de reproducción.
Por eso el descubrimiento es incluso más interesante que la versión viral. No se trata de una misteriosa civilización submarina ni de un hallazgo reciente, sino de un ecosistema gigantesco que permaneció oculto durante décadas y cuya existencia volvió a alimentar el reclamo científico para crear un área marina protegida en el mar de Weddell.