Apenas dos días después del 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Donald Trump volvió a colocar el 11S en el centro de la agenda estadounidense al anunciar que estudiará la liberación de nuevos documentos oficiales.
El planteo surge de familiares de las víctimas, que desde hace años reclaman la desclasificación de información relacionada con los atentados y, particularmente, documentos que puedan aportar datos sobre eventuales conexiones entre sus responsables y Arabia Saudita.

Trump fue consultado sobre el reclamo este domingo, antes de regresar a Estados Unidos desde Irlanda, y respondió que revisará el pedido una vez que vuelva a Washington.

El reclamo incluye registros que continúan fuera del alcance público y determinados datos telefónicos cuya publicación también fue solicitada por legisladores de Nueva York de ambos partidos.
La existencia de pedidos para conocer eventuales vínculos sauditas no significa que esa conexión esté establecida. Justamente, la discusión gira alrededor de documentos todavía no publicados que las familias consideran necesarios para reconstruir completamente qué ocurrió antes de los ataques.

La ofensiva por mayor transparencia coincide con una apertura paralela de archivos vinculados al 11S. El gobierno de la ciudad de Nueva York publicó recientemente unas 170.000 páginas relacionadas con la calidad del aire, los riesgos sanitarios y la respuesta municipal posterior al derrumbe de las Torres Gemelas.
El aniversario volvió a poner además el tema en primer plano. Trump proclamó oficialmente el 11 de septiembre de 2026 como Patriot Day y ordenó que las banderas estadounidenses permanecieran a media asta en homenaje a las 2.977 víctimas de los atentados.

Veinticinco años después, el 11S mantiene así una dimensión todavía abierta: además de la memoria de las víctimas y las consecuencias geopolíticas que produjo, Estados Unidos continúa discutiendo cuánta documentación sobre la preparación de los atentados debe permanecer reservada.