El productor cinematográfico Luis Scalella pasó por El Living de NewsDigitales y contó cómo fue la realización de Un funeral y medio, el largometraje que reunirá en pantalla a Adrián Suar y Guillermo Francella. La producción llega como la adaptación oficial de la recordada comedia británica Muerte en el funeral (Death at a Funeral), y se proyecta como una de las apuestas de taquilla más esperads del cine argentino para la próxima temporada. La trama mantendrá el espíritu del texto original, abordando el caos desatado durante el velatorio del patriarca de una familia, cuando secretos inconfesables, chantajes y una serie de equivocaciones alucinógenas convierten la ceremonia en un delirio absoluto.
La historia detrás de la consecución del proyecto llevó más de una década de gestación y negociaciones complejas. "Se llama Un funeral y medio porque no se puede llamar igual, porque si no la plataforma se confunde (cuando la buscás). En España le pusieron Un funeral de locos. Además la película es una película diferente, trabajamos con Fernando Castets en la adaptación. Está aggiornada a la Argentina", explicó Scalella sobre los ajustes realizados al guion original que dirigió Ariel Winograd. El productor aseguró que compró los derechos hace diez años, pero aceleró el desarrollo al ver que se producía una versión en Europa, manteniendo como condición irrenunciable el desembarco del proyecto junto a las dos figuras estelares.
La consolidación de la dupla protagónica fue el pilar estratégico para sostener la iniciativa frente a los estudios. "En el primer momento hablé con Guillermo Francella, que si no está, no la hago. Entonces me dice: 'Sí, yo voy a hablar con Adrián Suar a ver si lo traemos'. Les digo: 'Bueno, es mi máximo sueño hacer una película con ustedes dos de protagonistas'. Esa dupla es espectacular, es explosiva. Además se conocen, son amigos, todos los chistes, los modismos, las caritas que se hacen uno al otro", rememoró el productor, destacando la química entre ambos actores para reinterpretar este clásico del humor negro.
Superar las trabas corporativas exigió una firme postura frente a las oficinas de Sony Columbia, que amenazaban con cancelar la realización por cambios en sus políticas de producción local. Tras un arduo intercambio donde intervino el equipo legal del productor, Scalella logró retener los derechos para América Latina y el control total de la distribución. "Tengo que tener manejo de la plataforma para que no me arruine el theatrical (estreno en cines), porque si me la agarra una empresa que estrena a las dos semanas, me mató. Va a Disney+. Lo tengo que decir porque en el primer momento Disney me apoyó", detalló, marcando la importancia de proteger la ventana de exhibición en salas comerciales.

El reparto que acompañará a Suar y Francella reúne a destacadas figuras del espectáculo y marca el regreso de caras emblemáticas a la actuación. "El personaje del tipo que toma la pastilla es Juan Minujín, que es extraordinario cómo está. La novia es Agustina Cherri. El padre que es el médico es Arturo Puig, el de la silla de ruedas es Rodolfo Ranni. Después el que lleva la silla de ruedas es Pablito Codevilla, que después de 20 años vuelve a actuar. Está Rodrigo Noya que hace el chico que se quiere levantar a Agustina. Daniel Aráoz el cura que es espectacular. Flavia Palmiero es la mujer de Francella que también tiene un papel que está bárbaro. Para la madre va Fernanda Mistral", precisó el ejecutivo sobre el elenco.
Respecto al calendario de lanzamiento, la producción descartó la temporada estival debido a los riesgos comerciales que implica el verano para este tipo de propuestas, apuntando a un estreno a comienzos de la temporada alta del próximo año. El proyecto ya tiene su fecha confirmada pero Luis prefirió que sea Disney quien se encargue de hacerlo oficial.

La duración final del largometraje fue pensada para optimizar su rendimiento comercial en las salas de cine, fijando un corte que no superará la hora y media de metraje. "Va a durar un poquito menos de 90 minutos con los títulos y todo. Lo tiene que durar", enfatizó Scalella, fundamentando la decisión en los principios operativos de la exhibición cinematográfica que aprendió desde sus comienzos en la industria junto a su padre.
Esta métrica responde a una fórmula tradicional de programación que busca maximizar la cantidad de proyecciones diarias para capturar a la audiencia en sus horarios de ocio. "Cuando empecé, que tenía 18 años, mi viejo me mandó a laburar de administrador. Siempre me decía que el mejor horario para que la gente vaya al cine, porque la gente si no llega está empezada la película, es 13, 15, 17, 19.10, 21.10 o 21.15 y 23 horas. Son seis vueltas por día. Una película tiene que tener menos de 110 minutos para poder dar seis vueltas, porque si dura 120 no puede dar seis vueltas. Si la función empieza a las 20:20 o a las 22:10, no lo agarrás nunca porque está comiendo antes o después", concluyó el productor