Hace exactamente cinco años, el 16 de septiembre de 2021, Cristina Kirchner rompía el silencio en medio de la crisis política más profunda que había atravesado hasta entonces el gobierno de Alberto Fernández.
Habían pasado apenas cuatro días desde las PASO del 12 de septiembre, en las que el Frente de Todos había sufrido una derrota contundente. La vicepresidenta sostenía que el resultado no podía ser interpretado como un episodio electoral aislado y que exigía una respuesta política y económica.
En su carta, Cristina dejó en claro que había advertido previamente sobre el escenario electoral. “Fui, soy y seré peronista. Por eso pensaba que no podíamos ganar. Y se lo decía no sólo al Presidente. Muchos compañeros y muchas compañeras escucharon mis temores”, escribió.
También aseguró que había planteado reiteradamente sus cuestionamientos sobre la marcha de la gestión: “Siempre le planteé al Presidente lo que para mí constituía una delicada situación social”, afirmó, al mencionar el atraso salarial, los precios de alimentos y medicamentos y la falta de trabajo. El diagnóstico de la vicepresidenta apuntaba directamente a la política económica.
Uno de los aspectos centrales de aquella carta fue la crítica a la política fiscal que llevaba adelante el Gobierno.
Cristina calificó de “equivocada” la política de “ajuste fiscal” y sostuvo que estaba teniendo consecuencias sobre la actividad económica y, por esa vía, sobre la situación social.
Su planteo no consistía, según explicó, en pedir la salida inmediata de Martín Guzmán. De hecho, en medio de las versiones que circulaban en esas horas, la vicepresidenta se comunicó con el ministro de Economía para aclararle que no había solicitado su renuncia.
El reclamo era otro: modificar las prioridades y utilizar recursos presupuestarios para estimular la economía y asistir a los sectores afectados por la pandemia.
“Confío, sinceramente, que con la misma fuerza y convicción que enfrentó la pandemia, el Presidente no solamente va a relanzar su gobierno, sino que se va a sentar con su Ministro de Economía para mirar los números del presupuesto”, escribió.
Cristina incluso detalló su interpretación de las cifras fiscales de aquel momento y sostuvo que todavía quedaba una parte importante del gasto previsto sin ejecutar.
La discusión económica, con el tiempo, se convertiría en uno de los ejes permanentes de la tensión entre las distintas miradas dentro de la coalición.
Como siempre… sinceramente. https://t.co/HGVqROXG1G
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) September 16, 2021
La carta también volvió sobre el origen de la fórmula presidencial de 2019.
Cristina recordó que había sido ella quien había anunciado públicamente, el 18 de mayo de 2019, que Alberto Fernández sería el candidato a Presidente.
“Nadie debería sorprenderse por mi propuesta: el 18 de mayo de 2019 le propuse a todos los argentinos y argentinas como candidato a Presidente de la Nación a Alberto Fernández”, sostuvo.
Y hacia el final de la carta condensó su reclamo en una frase que se convertiría en una de las más recordadas de aquella crisis:
“Sólo le pido al Presidente que honre aquella decisión… pero por sobre todas las cosas, tomando sus palabras y convicciones también, lo que es más importante que nada: que honre la voluntad del pueblo argentino”.
La coalición de gobierno debe escuchar el mensaje de las urnas y actuar con toda reesponsabilidad. Debemos hacerlo, y lo haremos, para asegurar que se satisfagan las necesidades de nuestro pueblo.
— Alberto Fernández (@alferdez) September 16, 2021
Otro de los pasajes más duros estuvo dirigido al entorno de Alberto Fernández.
Cristina cuestionó las versiones que atribuían a su sector determinadas presiones sobre el Presidente y rechazó que ella hubiera impulsado la designación de Wado de Pedro como jefe de Gabinete.
En ese contexto lanzó una de las frases más filosas de la carta: “A propósito de la categoría de funcionarios que no funcionan… el vocero presidencial escaparía a aquella clasificación. Es un raro caso: un vocero presidencial al que nadie le conoce la voz”.
La vicepresidenta también habló de “operaciones” que, según su interpretación, provenían del propio entorno presidencial.
“Las operaciones son permanentes y, finalmente, sólo terminan desgastando al gobierno. Es increíble que no lo adviertan. Es una pena tanto daño autoinfligido”, sostuvo.
La carta llegó después de que una serie de ministros y funcionarios identificados políticamente con Cristina Kirchner pusieran sus renuncias a disposición de Alberto Fernández.
El primero había sido Eduardo “Wado” de Pedro, ministro del Interior. Después siguieron otros integrantes del Gabinete y funcionarios vinculados al kirchnerismo, entre ellos Martín Soria, Juan Cabandié, Roberto Salvarezza, Jorge Taiana, Jorge Ferraresi y Tristán Bauer. También hubo otros nombres que quedaron involucrados en la tensión.
La escena fue extraordinaria para un gobierno que apenas llevaba un año y nueve meses: un sector central de la administración había puesto sus cargos a disposición del Presidente después de una derrota electoral.
La intención política del gesto era facilitar, según sus protagonistas, una reorganización del Gobierno. Para Alberto Fernández, en cambio, la secuencia fue interpretada como una presión.
Mientras Cristina hacía pública su posición, Alberto Fernández buscaba preservar su autoridad presidencial.
“Con presiones, no me van a obligar”, fue una de las frases que transmitió a sus colaboradores y que sintetizó su postura frente a la ola de renuncias.
En público, había escrito: “La gestión de gobierno seguirá desarrollándose del modo que yo estime conveniente. Para eso fui elegido”.
Por otro lado, mientras el kirchnerismo profundizaba su presión para modificar el Gobierno, Fernández recibió apoyos de gobernadores, intendentes, dirigentes sindicales y organizaciones sociales.
Raúl Jalil, Ricardo Quintela y Gustavo Bordet expresaron públicamente su respaldo. También hubo comunicaciones de Sergio Uñac, Gustavo Melella, Oscar Herrera Ahuad, Juan Manzur, Omar Gutiérrez y Alberto Rodríguez Saá, entre otros gobernadores.
Desde el sindicalismo, Héctor Daer y Carlos Acuña ratificaron el respaldo de la CGT. El Movimiento Evita, además, había convocado a una movilización para respaldar al Presidente, aunque Fernández pidió desactivarla.