16/09/2026 - Edición Nº1317

Opinión


Congreso

El presupuesto más difícil de Milei: conseguir que los aliados también hagan el ajuste

16/09/2026 | Cada gobernador podrá colocar sobre la mesa obras públicas, transferencias nacionales, deudas previsionales y necesidades fiscales propias.



Javier Milei envió este martes al Congreso el Presupuesto 2027, el último correspondiente a su actual mandato y el primero que deberá ejecutarse completamente durante un año electoral. El Gobierno proyecta un crecimiento del 4%, una inflación acumulada del 18%, un dólar mayorista de $1847,60 para diciembre y nuevamente resultado fiscal positivo.

Los números cuentan una parte de la historia. La otra comenzará cuando los gobernadores, los bloques provinciales y los aliados circunstanciales empiecen a discutir cómo se distribuyen los recursos necesarios para cumplirlos.

El equilibrio fiscal fue hasta ahora una decisión que Milei pudo ejecutar principalmente desde el Poder Ejecutivo. El Presupuesto obliga a transformar esa política en una mayoría parlamentaria. Para conseguirla necesitará los votos de dirigentes que comparten algunos objetivos económicos del Gobierno y al mismo tiempo reclaman rutas, transferencias, cajas previsionales y fondos para sus provincias.

Ahí estará probablemente la discusión política más importante de los próximos meses.

El presupuesto del año electoral

El Gobierno imagina para 2027 una economía creciendo al 4%, salarios aumentando por encima de la inflación y exportaciones superiores a los 130 mil millones de dólares. También proyecta un superávit comercial mayor a los 15 mil millones y cuatro años consecutivos de resultado financiero positivo.

Milei ratificó esta semana ante sus ministros y legisladores que piensa mantener el rumbo. La señal hacia adentro del oficialismo fue explícita: la cercanía de las elecciones no modificará el programa económico.

La afirmación tendrá que atravesar el Congreso.

El oficialismo cuenta con una representación legislativa mucho mayor que durante los primeros años de gestión y aun así necesita aliados. Las últimas semanas mostraron que esos apoyos dejaron de funcionar automáticamente. Diputados avanzó con iniciativas sobre discapacidad y morosidad y en el Senado varios gobernadores comenzaron a marcar diferencias con la Casa Rosada.

El Presupuesto coloca todos esos vínculos dentro de una misma negociación.

Los gobernadores vuelven a la mesa

Karina Milei dio durante las últimas horas una instrucción que muestra cuánto cambió la prioridad oficial. Pidió a los legisladores libertarios que eviten confrontaciones innecesarias con gobernadores y dirigentes cuyos votos serán necesarios para aprobar las próximas reformas.

Diego Santilli quedó encargado de buena parte de esa conversación. Martín Menem hará lo mismo dentro de Diputados y Patricia Bullrich tendrá que construir acuerdos en el Senado.

La discusión presupuestaria les dará a los mandatarios provinciales una herramienta poderosa. Cada gobernador podrá colocar sobre la mesa obras públicas, transferencias nacionales, deudas previsionales y necesidades fiscales propias.

El Gobierno deberá decidir cuánto está dispuesto a conceder sin alterar las metas que Luis Caputo escribió en el proyecto.

Esa tensión acompañó a Milei desde el comienzo de su gestión, aunque ahora aparece concentrada dentro de una ley que necesita ser aprobada.

Negociar sin abandonar el déficit cero

La dificultad tiene también una dimensión ideológica. Milei construyó su identidad alrededor de la idea de que el déficit constituye el origen de buena parte de los problemas argentinos. Para el Presidente, gastar por encima de los ingresos no es una herramienta política disponible para conseguir acuerdos.

Eso reduce el margen tradicional de cualquier negociación presupuestaria.

Durante décadas, los gobiernos nacionales utilizaron partidas, obras y transferencias como instrumentos para construir mayorías en el Congreso. Milei necesita conseguir votos preservando una estructura fiscal mucho más rígida.

El Gobierno ya empezó a buscar mecanismos para resolver esa contradicción. Los convenios viales con provincias, los Aportes del Tesoro Nacional y distintos acuerdos administrativos permiten atender reclamos específicos sin modificar necesariamente el resultado general de las cuentas públicas.

Los gobernadores conocen también esa dinámica y aprendieron durante estos años que sus votos adquieren mayor valor cuando el oficialismo enfrenta proyectos decisivos.

Una prueba para la nueva política libertaria

El Presupuesto llega además en medio de otras dos negociaciones. El Gobierno quiere aprobar la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional vinculada a Malvinas y comenzó a discutir en el Senado la reforma electoral que incluye la eliminación de las PASO.

La Casa Rosada necesita prácticamente a los mismos interlocutores para las tres discusiones.

Eso explica la mayor actividad de la mesa política y el pedido de Karina Milei de cuidar a los aliados. Después de varios tropiezos parlamentarios, el Gobierno quiere evitar llegar nuevamente al recinto sin tener asegurados los votos.

El Presupuesto será la prueba más completa de ese aprendizaje porque obliga a combinar dos objetivos difíciles: sostener el programa económico y construir una mayoría política.

Milei puede ordenar a sus legisladores alrededor del déficit cero. El desafío empieza cuando necesita convencer a un gobernador de que acompañe el mismo presupuesto después de reclamar una ruta que Nación decidió no financiar.

Durante tres años el Presidente explicó que el equilibrio fiscal era una condición indispensable para ordenar la Argentina. En 2027 deberá sostenerlo mientras él, sus aliados y sus adversarios compiten por el poder.

El presupuesto enviado este martes empieza a responder una pregunta que acompañará todo el año electoral: cuánto cuesta políticamente mantener el déficit cero cuando cada voto empieza a valer más.

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