Gastón tiene una fiambrería desde hace seis años y atraviesa uno de los momentos más difíciles desde que abrió su comercio. Entre impuestos atrasados, moratorias y proveedores, acumuló una deuda de $15 millones.
Frente a una situación que se hacía cada vez más difícil de sostener, se sentó con su familia, hizo las cuentas y decidió ponerse un objetivo, vender 4.500 sándwiches para intentar saldarla.
La propuesta es sencilla: vende cada sándwich a $6.500 y convirtió la necesidad de mantener abierto su negocio en un desafío que comenzó a difundir a través de las redes sociales.
“Me senté con mi familia a ver los números reales, porque a veces no los querés ver. Pero un día nos sentamos y dijimos: ‘Vamos por un objetivo, tratar de trazarnos una idea y como familia sacarla adelante’”, contó Gastón en diálogo con C5N.
Fue entonces cuando decidieron apostar por uno de los productos más característicos del negocio. “Elegimos nuestro producto más noble, los sándwiches. Nos pusimos el desafío de 4.500 para juntar para la deuda de $15 millones”, explicó.
La deuda no apareció de un día para el otro. Según relató el comerciante, fue creciendo a medida que las ventas dejaron de acompañar los costos necesarios para mantener funcionando el local.
“Mucha de esa deuda son impuestos atrasados, moratorias, proveedores. Vas comprando, reponiendo y te vas atrasando porque los gastos fijos suben tres veces más de lo que estaban antes. La cosa te pasa por arriba”, describió.
El problema que enfrenta Gastón también se refleja del otro lado del mostrador. Según cuenta, en los últimos meses cambió drásticamente la cantidad que compran sus clientes.
“El consumo bajó de una manera increíble. Gente que se llevaba una horma de queso de cuatro kilos hoy se lleva medio kilo. Hay gente que viene a comprar 50 gramos de fiambre”, relató.
Incluso aseguró que algunas compras son tan pequeñas que directamente la balanza del comercio no llega a registrarlas. “Le digo: ‘No te puedo vender 50 gramos porque no podemos pasarlo por el sistema, no nos pesa la balanza’, y la gente se retira”, contó.

Otro cambio que Gastón observa todos los días es la forma de pago. La tarjeta de crédito, que anteriormente aparecía principalmente para financiar bienes durables o compras importantes, ahora se utiliza incluso para llevar productos básicos.
“La tarjeta de crédito era antiguamente para lavarropas, heladeras. Hoy todo el mundo compra galletitas o azúcar con tarjeta de crédito”, señaló.
Para los comerciantes, explicó, aceptar esos pagos también representa un costo. Sin embargo, en un contexto de ventas débiles, asegura que no pueden darse el lujo de rechazarlos.
“Para nosotros eso tiene un costo que no podemos trasladar, así que lo absorbemos. Pero no le podemos decir que no porque perdemos ventas. Es una manera de ayudarnos entre nosotros también”, sostuvo.
A la caída del consumo se le suma la presión cotidiana de los costos del comercio. “Las cosas nos aumentan todos los meses. Gaseosas, fiambres, insumos, film... Hay mil cosas que rodean un negocio, empleados, y todo se complica”, explicó.
La cadena de dificultades también alcanza a quienes abastecen el local. Gastón contó que algunos proveedores comenzaron a ofrecerles mayores plazos para poder mantener las operaciones.
“Esto es todos los días. Los proveedores nos ayudan, nos dan más días para pagar porque ellos están en la misma situación. Nosotros no vendemos, pero ellos tampoco; pierden la mercadería y se les vence”, relató.

La preocupación por sostener el comercio también empezó a afectar su vida cotidiana. “Yo me voy a acostar con dolor de panza todos los días. Fui al médico y me dijo que solamente es estrés”, contó.
Pero hay otra escena que, asegura, se repite constantemente en el negocio y muestra una realidad que va más allá de sus propias cuentas: personas que entran al local para dejar un currículum.
“Hay gente que viene todos los días a buscar trabajo, dejan acá su CV. Es terrible la situación”, afirmó.
En medio de ese panorama apareció una herramienta inesperada para intentar revertir la situación: las redes sociales.
La fiambrería tiene una fuerte presencia en Instagram bajo el nombre Quesos RG, donde acumula más de 115.000 seguidores y más de mil publicaciones entre productos, promociones y parte de la historia del comercio.
“Le metimos mucha garra a las redes y la gente nos ayuda mucho”, explicó Gastón.
La difusión del desafío para vender los 4.500 sándwiches comenzó a tener un efecto concreto sobre el negocio. “Llega gente que nos dice: ‘Los vi en las redes sociales, vi sus publicaciones de los sándwiches’. Ahora estamos vendiendo más, nos ayudó”, contó.

Incluso comenzaron a recibir muestras de solidaridad desde afuera del país. Según relató, un hombre que vive en el exterior pagó cuatro sándwiches y pidió que se los entregaran a otras personas.
Así, mientras intenta alcanzar los 4.500 sándwiches necesarios para hacer frente a una deuda que llegó a $15 millones, Gastón convirtió las redes y el acompañamiento de sus clientes en una nueva oportunidad para sostener la fiambrería que abrió hace seis años.
Detrás del desafío hay una cuenta concreta, pero también una escena que se repite en muchos comercios, menos cantidad en cada compra, alimentos pagados con tarjeta, proveedores que estiran los plazos y comerciantes que hacen cuentas todos los días para poder mantener la persiana levantada.