17/09/2026 - Edición Nº1318

Política

Relato desesperado

"IOMA me enfermó": su hijo tiene TGD, lucha desde 2011 y ahora teme lo peor

17/09/2026 | "Yo no puedo tener otra obra social. Soy una mamá sola, alquilo y no puedo pagar", explica Claudia, y agrega: "Quiero que se cumplan los derechos de Mauro".



Para Claudia, el problema de IOMA dejó hace tiempo de ser una discusión administrativa sobre facturas, nomencladores o expedientes. Tiene nombre, tiene rostro y tiene una consecuencia concreta que la mantiene en alerta: el temor de que su hijo Mauro se quede sin las terapias que necesita.

Es afiliada de IOMA y madre de un joven con discapacidad que fue diagnosticado con TGD (trastorno generalizado del desarrollo) cuando tenía dos años y medio y que, además, presenta otros problemas de salud. Desde hace más de una década, Claudia sostiene una pelea que comenzó con un amparo judicial en 2011 y que volvió a los tribunales en 2022.

Ahora, en septiembre de 2026, asegura que los profesionales que atienden a su hijo no cobran desde abril y que IOMA pretende modificar el criterio con el que fueron autorizadas las prestaciones.

"Yo no hice un amparo porque se me ocurrió. Hice un amparo porque IOMA no cubría el tratamiento de mi hijo", dice en diálogo con NewsDigitales.

Un amparo que nació de la necesidad

Claudia recuerda que en 2011 presentó su primer amparo porque IOMA solamente cubría una parte de los tratamientos que necesitaba su hijo. "Yo no podía cubrirlo porque estoy sola con él", cuenta.

El problema, según relata, no era solamente cuánto reconocía la obra social, sino conseguir profesionales dispuestos a trabajar con IOMA. Con el paso de los años, asegura que la situación se volvió todavía más difícil.

En 2022 tuvo que iniciar otro proceso judicial para incorporar acompañantes terapéuticos: una persona para acompañar a Mauro en su domicilio y otra para hacerlo durante su jornada escolar.

"En el lugar donde yo vivo nadie quiere trabajar con IOMA. Ni centros, ni colegios especiales, ni psicopedagogas, ni psicólogos, ni terapistas ocupacionales. Nadie", afirma.

Su relato se refiere particularmente a la zona de San Miguel, José C. Paz, Malvinas Argentinas, Pilar y Tigre. "Si el centro al que va mi hijo no lo atendiera, no hay lugar para atender a nuestros hijos en la zona", sostiene.

Las terapias y una pelea que lleva años

Para Claudia, el tratamiento no es un trámite burocrático. Es parte de la vida cotidiana de su hijo y de las herramientas que le permiten desarrollar mayor autonomía y mejorar su calidad de vida: "Para todos ellos las terapias son muy importantes para que vayan teniendo una mejor calidad de vida. Empiezan a desenvolverse. Es algo muy importante".

Durante años, su rutina incluyó viajes a La Plata para intentar destrabar pagos atrasados.

"Todos estos años, yendo a La Plata, volviendo, lograba que los terapeutas cobraran. Nunca cobraron en tiempo y forma, aun teniendo un amparo, una medida judicial", relata.

Según su testimonio, los atrasos podían acumular varios meses y obligaban a realizar nuevas gestiones para conseguir que los prestadores recibieran el dinero.

En abril de este año, cuenta, consiguió que se terminaran de pagar cuatro meses pendientes de 2025. Pero la situación volvió a repetirse: "Estamos en septiembre. Los terapeutas de Mauro no cobran desde mayo; en realidad, abril fue el último mes que cobraron".

El conflicto por el nomenclador

El punto más delicado de la situación actual está relacionado con los valores reconocidos por IOMA.

Claudia asegura que las actas de autorización de las prestaciones de su hijo establecían el pago a valores del nomenclador nacional y que ese criterio había sido utilizado durante años.

"Yo tengo todas las actas firmadas que salieron en enero y febrero de 2026. IOMA, desde enero a diciembre, se hace cargo del tratamiento de mi hijo a valor nomenclador", sostiene.

Según cuenta, en julio se emitió un acta que posteriormente fue cuestionada por el propio Instituto: "El 22 de julio sale un acta que estaba mal redactada. Salía a valor nomenclador nacional. Todos los terapeutas, desde 2011 hasta ahora, cobraron a valor nomenclador nacional. Tengo las actas, tengo todo".

El 11 de agosto, relata, la facturación volvió hacia atrás y comenzó una discusión sobre el valor que debía reconocerse.

La obra social, por su parte, sostiene en la resolución que originó el conflicto que detectó una "marcada diversidad y dispersión" en los valores consignados en las actas de prestaciones individuales y que algunos importes se encontraban por encima de los topes establecidos por su nomenclador.

A partir de ese diagnóstico, el Directorio ordenó revisar las autorizaciones, independientemente de si fueron originadas por un trámite común, una excepción, un requerimiento judicial o un pedido de reintegro.

Qué resolvió IOMA

La resolución aprobada por el Directorio el 4 de septiembre instruye a las áreas del Instituto a armonizar y unificar las autorizaciones y los valores de las prestaciones de acuerdo con los nomencladores y la normativa vigente.

También ordena relevar y revisar las actas y autorizaciones y contempla la posibilidad de "anular, revocar, modificar o sustituir" esos instrumentos, cualquiera haya sido su vía de origen. La medida alcanza también a los requerimientos judiciales.

En los fundamentos, IOMA argumenta que la dispersión de valores genera un impacto sobre su situación presupuestaria y financiera, afecta el flujo de fondos y aumenta la exposición a contingencias judiciales. La resolución comenzó a regir con efecto desde el 1° de septiembre de 2026.

"Mi hijo se queda sin tratamiento"

La discusión sobre los números adquiere otra dimensión cuando Claudia explica qué puede suceder si no se resuelve.

"Yo sin eso, mi hijo se queda sin tratamiento, porque nadie quiere trabajar directamente con IOMA", afirma. Y agrega: "Esto ya está judicializado, pero los tiempos de la Justicia no son los tiempos que uno necesita".

"Mi hijo, si IOMA sigue en esta postura, se queda sin sus terapias directamente. Y para él son muy importantes", sostiene.

Una madre sola, una obra social obligatoria y años de reclamos

Claudia también habla de su propia situación económica. Es una madre sola, alquila y sostiene que no tiene posibilidades de afrontar por su cuenta los costos de las terapias ni de cambiar de cobertura.

"Yo no puedo tener otra obra social. Soy una mamá sola, alquilo y no puedo pagar", explica.

Su enojo también está atravesado por el cansancio acumulado después de años de viajes, reclamos y trámites: "Yo este año fui enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio y julio a La Plata para lograr que les paguen".

"Yo quiero que se cumplan los derechos de Mauro"

El relato de Claudia tiene momentos de bronca y también de agotamiento. En uno de ellos llega a expresar una frase extrema producto de la desesperación. Su reclamo, sin embargo, vuelve siempre al mismo punto: el tratamiento de su hijo.

"Me da mucha bronca, mucha impotencia que mi hijo sea de tercera o de cuarta por tener esta cosa de IOMA y que no entiendan que yo no quise un amparo porque quise hacerle daño", expresa.

A mí IOMA me enfermó y me saturó”, subraya y hasta señala que “prendería fuego IOMA” si su hijo se queda sin sus tratamientos. Y concluye: "Yo quiero que se cumplan los derechos de Mauro".