Tres semanas después de las devastadoras inundaciones que golpearon Nepal, cerca de 5.200 personas continúan desaparecidas y la enorme mayoría de los restos recuperados todavía no pudo ser identificada. La dimensión de la tragedia mantiene a miles de familias esperando respuestas mientras disminuyen las esperanzas de encontrar nuevos sobrevivientes.
El desastre comenzó el 26 de agosto, cuando el colapso de una masa glaciar liberó una violenta corriente de agua, barro y rocas que descendió por zonas montañosas, destruyó comunidades y golpeó instalaciones hidroeléctricas. Al menos 1.399 personas murieron y entre quienes todavía no fueron localizados figuran 636 ciudadanos extranjeros.

Uno de los mayores problemas ahora está lejos de terminar con la recuperación de los restos. Las autoridades tomaron muestras de ADN de más de 1.200 víctimas y también recolectaron material genético de familiares de personas desaparecidas. Sin embargo, apenas 105 cuerpos habían podido ser identificados y entregados a sus familias.
Las tareas de rescate se mantienen activas en regiones donde la corriente arrasó centrales hidroeléctricas y dejó trabajadores atrapados dentro de túneles. Equipos especializados utilizan helicópteros, drones térmicos y personal preparado para ingresar en estructuras cubiertas por agua, barro y escombros.

Este miércoles fueron recuperados nuevos cuerpos dentro de instalaciones hidroeléctricas afectadas por la inundación. Cinco fueron hallados en el proyecto Chilime, en el distrito de Rasuwa, mientras otros cinco aparecieron dentro de un túnel del complejo Upper Trishuli-1.
Las autoridades no habían incorporado todavía esos descubrimientos a un nuevo balance nacional consolidado, mientras las operaciones continuaban durante la jornada.
La identificación se convirtió en uno de los principales desafíos de la emergencia. El estado de muchos de los restos hace imposible un reconocimiento visual y obliga a recurrir a pruebas genéticas antes de confirmar oficialmente cada muerte.
A esto se suma la dificultad para encontrar a quienes permanecen desaparecidos. El terreno montañoso, la enorme cantidad de escombros acumulados y las restricciones para operar aeronaves en determinadas zonas complican las tareas. Familiares de ciudadanos extranjeros también reclamaron mayor información sobre los operativos, después de que el flujo de actualizaciones disminuyera con el paso de las semanas.

Mientras continúan las búsquedas en ríos, localidades destruidas y túneles hidroeléctricos, Nepal enfrenta una segunda etapa de la catástrofe: establecer quiénes murieron, localizar a quienes aún faltan y poder devolver finalmente los restos a sus familias.