19/09/2026 - Edición Nº1320

Internacionales

Energía nuclear

Arabia Saudita vincula su salto nuclear a tecnología de EE.UU. y controles del OIEA

18/09/2026 | El acuerdo cuestionado en el Congreso permitiría a Riad diversificar su matriz energética mientras mantiene su programa bajo cooperación estadounidense.



Arabia Saudita busca incorporar energía nuclear a una economía que durante décadas dependió de los hidrocarburos para producir electricidad, calor industrial y agua desalinizada. El acuerdo de cooperación nuclear firmado con Estados Unidos en julio abre la posibilidad de construir reactores estadounidenses y desarrollar durante tres décadas una industria que Riad considera parte de su estrategia de diversificación energética. El Departamento de Energía estadounidense sostiene que el pacto incluye estándares de seguridad, protección y no proliferación exigidos por la legislación de Estados Unidos. 

La iniciativa enfrenta ahora un intento de bloqueo en la Cámara de Representantes. Cuatro legisladores demócratas presentaron este 17 de septiembre una resolución de desaprobación porque el acuerdo no contiene una prohibición absoluta al enriquecimiento de uranio ni al reprocesamiento de combustible nuclear. El pacto contempla reactores AP1000 y proyectos por decenas de miles de millones de dólares, con Westinghouse como uno de los principales beneficiarios industriales. 

 


Arabia Saudita busca energía nuclear con tecnología estadounidense y control del OIEA.

Riad ya amplió la supervisión internacional

Un elemento relevante para evaluar esas objeciones es que Arabia Saudita modificó previamente su relación de salvaguardias con el Organismo Internacional de Energía Atómica. El 31 de diciembre de 2024 entró en vigor la decisión saudí de rescindir su Protocolo de Pequeñas Cantidades, un mecanismo diseñado originalmente para países con cantidades mínimas de material nuclear y que reduce determinadas obligaciones de información e inspección. Desde entonces, el país quedó sometido a la aplicación de su Acuerdo de Salvaguardias Amplias sin esa excepción. 

El director general del OIEA, Rafael Grossi, volvió a reunirse este año con el ministro saudí de Energía, Abdulaziz bin Salman, para tratar el desarrollo del programa, la seguridad nuclear y la infraestructura regulatoria. En septiembre, Grossi señaló que el reino está avanzando con su programa de energía nuclear y su reactor de investigación y destacó su compromiso con la no proliferación. Arabia Saudita, además, es parte del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares y reafirmó en abril su compromiso con ese marco. 


Riad amplió sus salvaguardias nucleares antes del acuerdo firmado con Washington.

Electricidad, agua y menos petróleo quemado en casa

El argumento energético saudí va más allá de construir centrales. Su proyecto nacional contempla utilizar energía nuclear para generar electricidad, producir agua desalinizada y suministrar calor a actividades industriales. El Ministerio de Energía sostiene que sustituir parte de los hidrocarburos utilizados internamente permitiría reservar petróleo y gas para usos de mayor valor económico y exportaciones. El país estudia inicialmente reactores de agua presurizada y prepara su primera central nuclear con asistencia técnica basada en las recomendaciones del OIEA. 

La cooperación con Washington ofrece además una alternativa geopolítica concreta. Riad había solicitado información tecnológica a proveedores de Estados Unidos, Francia, Corea del Sur, China y Rusia. Un programa basado en reactores estadounidenses colocaría una parte importante del desarrollo nuclear saudí dentro de una cadena tecnológica y regulatoria vinculada a Washington, en vez de dejar ese mercado exclusivamente disponible para competidores estratégicos estadounidenses. Esa es también la posición oficial del Departamento de Energía, que presenta el acuerdo como una forma de reforzar la influencia estadounidense sobre el desarrollo nuclear civil del reino. 


El pacto nuclear permitiría reducir el petróleo usado en electricidad y desalinización.

Las objeciones en Washington siguen siendo relevantes. El acuerdo no exige a Arabia Saudita renunciar permanentemente al enriquecimiento y reprocesamiento como hizo Emiratos Árabes Unidos en su pacto de 2009, y Reuters informó que tampoco incorpora el Protocolo Adicional del OIEA, que concede mayores facultades de verificación. Senadores de ambos partidos han pedido además que la administración desclasifique dos cartas complementarias asociadas al pacto. Pero esos cuestionamientos conviven con otro hecho: el programa nuclear saudí ya está avanzando y Riad ha ampliado desde 2024 el régimen de salvaguardias que se le aplica. El debate estadounidense definirá, en buena medida, si ese desarrollo queda estrechamente asociado a Washington o si Arabia Saudita termina profundizando la cooperación con otros proveedores.