19/09/2026 - Edición Nº1320

Entretenimiento

Reto actoral

La clave de Luis Machín para interpretar a Barreda sin caer en la copia

19/09/2026 | El actor habló sobre el desafío de ponerse en la piel de Ricardo Barreda y las marcas que dejó un personaje que lo acompañó durante meses.



Interpretar a Ricardo Barreda significó para Luis Machín meterse de lleno en un universo completamente alejado de su propia realidad. Para construir al personaje, el actor trabajó junto a la directora Daniela Goggi sobre sus gestos, su manera de hablar, sus miradas y, sobre todo, sobre la forma de representar a un hombre cuya historia todavía genera preguntas

La búsqueda estuvo lejos de la imitación. Machín estudió distintos registros de Barreda y encontró en su manera de expresarse una de las claves para construirlo. También observó su comportamiento durante el juicio y algunos momentos posteriores al crimen.

“Uno tiene que partir de algunas bases que vienen muy bien”, explicó el actor, aunque aclaró que se trataba de una construcción actoral y no de una explicación sobre quién era realmente Barreda.

Tres meses dentro del personaje

El rodaje se realizó prácticamente en su totalidad en Uruguay, algo que terminó favoreciendo la inmersión de Machín. Alejado de su rutina habitual, pasó semanas concentrado exclusivamente en la película, entre el vestuario, el maquillaje, los ensayos y las escenas. “Entrás en un modo, en este caso, un modo Barreda que no te lo sacás hasta el final”, contó.

El actor, que trabaja desde los 16 años, explicó que con el paso del tiempo aprendió a convivir con los distintos estados que exige cada personaje. No suele preocuparse demasiado por cómo salir de ellos, aunque reconoce que algunos trabajos dejan una huella más fuerte que otros.

Durante el rodaje continuó además con su terapia por teléfono y hubo momentos en los que el personaje siguió presente incluso cuando terminaba la jornada.

El recuerdo de un domingo en Rosario

Uno de los detalles más particulares apareció durante la preparación de las escenas de los asesinatos. El olor del aceite de la escopeta despertó en Machín un recuerdo de su infancia: su padre utilizando aceite para mantener la máquina de coser Singer de su madre.

Ese aroma lo llevó directamente a Rosario y a los domingos familiares. A partir de allí, comenzó a imaginar cómo habría sido aquella jornada de 1992, el movimiento de la familia y los momentos previos al crimen. “El olor del aceite de la escopeta me llevaba al olor de mi papá cuando le ponía a la máquina Singer de coser de mi mamá el aceite para que la máquina funcionara bien”, recordó.

Paradójicamente, las escenas de los asesinatos no fueron las que más le costaron desde lo actoral. La parte más compleja había estado en construir previamente la personalidad, los vínculos y la manera en la que Barreda se movía dentro de su propia familia.

Una historia mirada desde otra Argentina

Machín también habló del contexto social en el que ocurrió el crimen y de cuánto cambió la manera de interpretar aquella historia desde 1992 hasta la actualidad. Cuando sucedió el caso, el actor tenía poco más de 20 años y recuerda que todavía no estaba instalado el concepto de femicidio como ocurre actualmente. Expresiones como “crimen pasional” o “emoción violenta” formaban parte del lenguaje con el que se abordaban estos hechos.

Para Machín, las transformaciones sociales de las últimas décadas fueron fundamentales para que una película como esta pudiera plantearse desde otra perspectiva. “Si no hubiera existido una lucha feminista tan importante como ha sucedido en los últimos años en nuestro país, no creo que se hubiera pensado”, sostuvo.

La película, de esta manera, no solamente reconstruye un caso conocido. También vuelve sobre aquella historia desde una sociedad que cambió y que empezó a hacerse preguntas diferentes.

Un actor que no elige desde el miedo

A lo largo de su carrera, Machín asumió personajes incómodos y alejados de su propia personalidad. Barreda se suma a esa lista, pero el actor asegura que nunca toma una decisión artística pensando demasiado en cómo será recibida.

No siente que tenga que proteger una determinada imagen ni construir una relación específica con el público. Para él, cada personaje es una oportunidad de explorar una nueva zona de la actuación. “Primero me tiene que gustar a mí el trabajo. Después, si le gusta a los demás, buenísimo”, resumió.

Esa libertad también atraviesa su mirada sobre el oficio. Machín entiende la actuación como una actividad profundamente vinculada con la sociedad y con el tiempo histórico que le toca vivir.

Las pequeñas cosas que construyen un personaje

La película también le permitió trabajar desde la sutileza. Hubo detalles que se probaron durante el proceso y que finalmente fueron descartados porque podían llevar al personaje hacia una interpretación demasiado caricaturesca.

Entre ellos estuvieron unos dientes postizos muy blancos que había propuesto Goggi. Machín los utilizó durante las pruebas y descubrió que modificaban demasiado su manera de hablar.

La decisión final fue privilegiar el naturalismo y dejar que fueran los pequeños gestos, las miradas y los silencios los que terminaran construyendo al personaje. “Me gusta mucho la sutileza, sobre todo en el cine”, explicó. Para el actor, un movimiento mínimo puede cambiar por completo la percepción de una escena.

Y en esa búsqueda terminó encontrando uno de los mayores desafíos de interpretar a Barreda: no hacer una copia del hombre que existió, sino construir desde la actuación una versión cinematográfica capaz de generar preguntas sobre una historia que, más de tres décadas después, todavía sigue interpelando.