20/09/2026 - Edición Nº1321

Opinión


Congreso

Milei descubrió el precio de los gobernadores: negociaciones y concesiones

20/09/2026 | El Presupuesto 2027 será probablemente la gran mesa de negociación porque permite discutir dentro de una misma ley buena parte de las demandas provinciales.



Javier Milei llega al último tramo de septiembre con una agenda legislativa bastante más ambiciosa que la que tenía algunos meses atrás. El Gobierno quiere aprobar el Presupuesto 2027, avanzar con la reforma electoral, sostener el paquete vinculado a Malvinas y evitar nuevas derrotas en el Senado. Son discusiones diferentes que terminan conduciendo casi siempre hacia los mismos interlocutores: los gobernadores y los legisladores que responden a ellos.

Por eso Diego Santilli aceleró sus conversaciones con mandatarios provinciales, Patricia Bullrich empezó a hacer cuentas en el Senado y Martín Menem busca asegurar respaldos en Diputados. Incluso Karina Milei, después de meses de una construcción política mucho más confrontativa, pidió cuidar la relación con dirigentes cuyos votos serán necesarios durante los próximos meses.

La política federal vuelve a imponer sus reglas. Milei tiene hoy muchos más legisladores propios que cuando llegó a la Presidencia, aunque también pretende aprobar más reformas y necesita reunir mayorías que La Libertad Avanza todavía no puede construir por sí misma. En esa distancia entre lo que el Gobierno quiere hacer y los votos que efectivamente tiene, los gobernadores encontraron una oportunidad.

Cuando todos los caminos llevan a las provincias

Durante buena parte del mandato, la Casa Rosada pudo negociar cada proyecto como una discusión independiente. Un gobernador acompañaba una ley, rechazaba la siguiente y volvía a conversar con el Gobierno unas semanas después. La acumulación de iniciativas empieza a volver más difícil esa mecánica porque los mismos votos aparecen una y otra vez.

Nueve senadores vinculados a fuerzas provinciales acompañaron durante los últimos días el pedido para tratar uno de los decretos del Gobierno y el rechazo podría superar los 40 votos. Al mismo tiempo, Santilli mantuvo conversaciones con siete gobernadores para conseguir respaldo al Presupuesto y a la reforma política.

El problema para la Casa Rosada aparece cuando todas esas negociaciones se superponen. Un mandatario que sabe que sus senadores serán necesarios la semana próxima difícilmente tenga incentivos para cerrar hoy una discusión sin colocar también sus propios reclamos sobre la mesa. El valor de cada voto empieza a incorporar el precio de las votaciones que vienen después.

El Presupuesto concentra los reclamos

El Presupuesto 2027 será probablemente la gran mesa de negociación porque permite discutir dentro de una misma ley buena parte de las demandas provinciales. Allí aparecen las rutas, las cajas previsionales, los Aportes del Tesoro Nacional, las transferencias y las partidas que cada gobernador necesita para sostener su gestión.

Para Milei la aprobación tiene además un valor especial. Después de gobernar durante buena parte de su mandato con presupuestos prorrogados, quiere llegar al año electoral con una ley que respalde las proyecciones fiscales que presenta ante inversores y confirme que el déficit cero seguirá vigente durante la campaña.

Los gobernadores también tienen un 2027 por delante. Necesitan ordenar sus cuentas, financiar servicios y mostrar gestión en sus territorios, de manera que la discusión termina enfrentando necesidades perfectamente comprensibles de ambos lados. La Nación busca votos sin aumentar el gasto y las provincias buscan recursos sin romper una relación que también necesitan.

La Casa Rosada ya empezó a mostrar cierta flexibilidad. Se abrió a revisar aspectos vinculados con discapacidad dentro del Presupuesto y volvió a utilizar herramientas como los ATN y los convenios específicos con provincias. El desafío consiste en hacer política sin que cada acuerdo termine perforando la regla fiscal que organiza todo el programa económico.

El límite de poner condiciones

Karina Milei había transmitido una posición exigente: los espacios que quisieran mantener una relación política con el Gobierno debían acompañar también la reforma electoral. La intención era comprensible desde la lógica oficial, porque permitía evitar que un gobernador consiguiera recursos en el Presupuesto y luego rechazara la eliminación de las PASO.

El federalismo argentino funciona de una manera bastante menos ordenada. Un gobernador puede coincidir con Milei en la necesidad de mantener el equilibrio fiscal y rechazar su reforma electoral; también puede respaldar la política sobre Malvinas y ordenar unos días después que sus senadores voten contra un decreto presidencial. Ninguna de esas decisiones implica necesariamente una ruptura.

Santilli parece haber entendido mejor que nadie esa lógica y por eso adquirió tanta centralidad. Su tarea consiste en construir acuerdos parciales con dirigentes que conservan proyectos propios, evitando exigir que cada coincidencia parlamentaria se convierta en una adhesión a La Libertad Avanza.

Juntos en París, separados en el Congreso

A fin de mes esa relación tendrá una fotografía difícil de imaginar durante los primeros tiempos del gobierno libertario. Milei viajará a París acompañado por catorce gobernadores para participar de Argentina Week, donde Nación y provincias intentarán atraer inversiones en energía, minería, infraestructura y producción.

La imagen permitirá al Presidente mostrar volumen político ante empresarios internacionales y a los mandatarios ofrecer directamente las oportunidades de sus provincias. Después volverán a Buenos Aires y muchos de ellos retomarán las discusiones con la Casa Rosada por recursos y votos.

La aparente contradicción describe bastante bien el vínculo. Los gobernadores tienen pocos incentivos para romper definitivamente con Milei porque necesitan una relación funcional con la Nación, mientras el Presidente tampoco puede tratarlos simplemente como opositores cuando buena parte de su agenda depende de ellos.

Ahí aparece el verdadero precio que Milei descubrió. El déficit cero limita una herramienta que otros presidentes utilizaron con mayor libertad para construir mayorías: aumentar partidas, prometer obras o distribuir recursos hasta conseguir los votos necesarios. Cada concesión que haga este Gobierno debe entrar dentro de una cuenta que pretende mantener en superávit.

Milei tiene más legisladores que antes y los gobernadores siguen teniendo los votos que le faltan. La novedad de estas semanas es que el Presidente necesita esos votos para varias cosas al mismo tiempo. En política, como en cualquier negociación, cuando aumenta la demanda también empieza a subir el precio.

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