Dinamarca rechazó el 20 de septiembre de 1946 la declaración de independencia de las Islas Feroe, iniciada dos días antes después de un referéndum extremadamente ajustado. La crisis no terminó en un nuevo Estado, pero cambió para siempre la relación entre el archipiélago del Atlántico Norte y Copenhague.
Las islas habían quedado aisladas de Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras el territorio danés era ocupado por Alemania, fuerzas británicas controlaron Feroe para impedir que el archipiélago cayera en manos nazis. Las instituciones locales administraron buena parte de sus asuntos y la experiencia reforzó la idea de que una comunidad con lengua y cultura propias podía gobernarse por sí misma.
Después de la guerra, el Parlamento feroés, conocido como Løgting, convocó una consulta para el 14 de septiembre de 1946. Las opciones eran aceptar una propuesta danesa de autogobierno o separarse. Entre los votos válidos, 5.660 apoyaron la independencia y 5.499 prefirieron continuar vinculados al reino: una diferencia de apenas 161 sufragios. También hubo 481 papeletas inválidas o en blanco.
La mayoría independentista interpretó el resultado como un mandato y el presidente del Løgting proclamó la separación el 18 de septiembre. La oposición cuestionó la legalidad del procedimiento y abandonó el proceso. Dos días más tarde, el Gobierno danés desconoció la declaración. El rey Christian X disolvió después la legislatura y convocó nuevas elecciones, en las que las fuerzas favorables a mantener la unión obtuvieron ventaja.
El conflicto dejó expuesto un problema que la estrechez del resultado no podía resolver: una mitad pedía soberanía plena y la otra no aceptaba romper con Dinamarca. En lugar de imponer de forma duradera una de las dos posiciones, las partes retomaron negociaciones. El acuerdo culminó en la Ley de Autogobierno de 1948.
Ese marco reconoció a Feroe como una comunidad autónoma dentro del Reino de Dinamarca. El archipiélago asumió competencias internas y desarrolló gobierno, bandera y administración propios, mientras Copenhague retuvo áreas como defensa y política monetaria. Con el tiempo, nuevas transferencias ampliaron la capacidad local para gestionar recursos, comercio y relaciones exteriores en materias autorizadas.

La pesca sostiene gran parte de la economía y explica una política internacional a veces distinta de la danesa. Feroe no pertenece a la Unión Europea, aunque Dinamarca sí, y negocia acuerdos específicos para proteger sus intereses marítimos. El debate independentista continúa atravesado por la viabilidad financiera, los subsidios daneses y la identidad nacional.
A 80 años, el episodio muestra que una votación no siempre cierra una disputa constitucional. La independencia proclamada no prosperó, pero el voto obligó a reconocer que el vínculo ya no podía administrarse como antes y abrió el camino hacia la amplia autonomía actual.