El 21 de septiembre de 1991, Armenia celebró un referéndum que cambió su historia. Más del 99% de los votos válidos respaldó la independencia de la Unión Soviética, en una consulta que registró una participación cercana al 95% del electorado. La decisión abrió el camino hacia la recuperación de la soberanía armenia y marcó el nacimiento de una nueva etapa política para el país del Cáucaso.
La votación se produjo durante los últimos meses de existencia de la URSS, cuando distintas repúblicas aceleraban sus procesos de separación de Moscú. El sistema soviético atravesaba una profunda crisis económica y política, mientras los movimientos nacionales reclamaban mayores niveles de autonomía y el derecho a decidir su propio futuro.

Sin embargo, el camino armenio hacia la independencia había comenzado antes. El 23 de agosto de 1990, el Consejo Supremo adoptó una declaración que inició formalmente el proceso de construcción de un Estado independiente. El documento estableció las bases de una nueva organización política, con instituciones propias y el objetivo de consolidar un sistema democrático.
La consulta del 21 de septiembre de 1991 planteó una pregunta concreta: si la República de Armenia debía convertirse en un Estado independiente y democrático fuera de la Unión Soviética. Más de dos millones de personas participaron en la votación y aproximadamente 2,04 millones respondieron afirmativamente.

El resultado otorgó un respaldo ampliamente mayoritario a la separación de Moscú. Dos días después, el 23 de septiembre, el Consejo Supremo proclamó formalmente la independencia de Armenia, tomando como base la voluntad expresada en las urnas.
La ruptura también representó la recuperación de una tradición estatal interrumpida durante buena parte del siglo XX. Armenia había constituido una república independiente en mayo de 1918, pero aquella experiencia terminó en 1920, cuando el territorio quedó bajo control soviético.
Durante las décadas siguientes, el país permaneció integrado en la estructura de la URSS. La recuperación de su independencia en 1991 dio origen a la denominada Tercera República de Armenia, con capital en Ereván.
El nacimiento de la nueva república coincidió con un período de profundas transformaciones regionales. Armenia debió organizar sus instituciones, establecer relaciones diplomáticas y construir una economía propia mientras enfrentaba las consecuencias de la desintegración soviética.
En octubre de 1991, Levon Ter-Petrosyan fue elegido primer presidente de la nueva república. Meses después, el 2 de marzo de 1992, Armenia ingresó formalmente en las Naciones Unidas, un paso significativo para su incorporación al sistema internacional.
La independencia también estuvo acompañada por el conflicto de Karabaj, una disputa territorial entre armenios y azerbaiyanos que ya se había intensificado durante los últimos años de la Unión Soviética y que posteriormente derivó en enfrentamientos armados.
A 35 años del referéndum, el 21 de septiembre permanece establecido como el Día de la Independencia de Armenia. La fecha recuerda la consulta popular que permitió iniciar una nueva etapa de soberanía estatal y se convirtió en una de las principales conmemoraciones nacionales del país.