22/09/2026 - Edición Nº1323

Internacionales

Conflicto histórico

Irán e Irak: 46 años del inicio de la guerra que desangró a Oriente Medio

22/09/2026 | La invasión ordenada por Saddam Hussein en 1980 desencadenó ocho años de enfrentamientos, cientos de miles de muertes y una profunda crisis regional.



El 22 de septiembre de 1980, Irak lanzó una ofensiva militar contra Irán que marcó el comienzo de uno de los conflictos más prolongados del siglo XX. Las fuerzas iraquíes, bajo el mando de Saddam Hussein, bombardearon instalaciones militares y avanzaron sobre territorio iraní. La invasión desencadenó una guerra que se extendería durante casi ocho años y dejaría cientos de miles de muertos, ciudades destruidas y profundas consecuencias para Oriente Medio.

El enfrentamiento estuvo precedido por años de disputas territoriales, especialmente por el control del Shatt al-Arab, una vía fluvial estratégica para el comercio y la exportación de petróleo. Las tensiones aumentaron después de la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al sah de Irán y llevó al poder al ayatolá Ruhollah Jomeini.


Tropas iraquíes avanzan cerca de Jorramchar, en territorio iraní, durante los primeros meses de la guerra iniciada el 22 de septiembre de 1980.

Saddam Hussein buscó aprovechar la inestabilidad política y militar del país vecino. El Gobierno iraquí esperaba que una ofensiva rápida permitiera obtener ventajas territoriales, pero encontró una resistencia que transformó la invasión inicial en una guerra de desgaste.

Ocho años de combates y destrucción

Durante los primeros meses, las tropas iraquíes ocuparon parte del territorio iraní. Sin embargo, Irán reorganizó sus fuerzas y lanzó contraofensivas que permitieron recuperar posiciones. En 1982, los iraníes expulsaron a buena parte de las fuerzas invasoras y trasladaron las operaciones militares hacia territorio iraquí.

El conflicto quedó marcado por extensas líneas de trincheras, ataques contra ciudades y ofensivas que provocaron enormes pérdidas humanas. Ninguno de los dos países consiguió una victoria militar decisiva, mientras la destrucción avanzaba sobre poblaciones civiles, infraestructura energética y zonas industriales.


Saddam Hussein, acompañado por oficiales del Ejército iraquí, durante la guerra contra Irán. El mandatario ordenó la invasión de septiembre de 1980.

La guerra también se extendió al golfo Pérsico. Ambos países atacaron embarcaciones vinculadas con el transporte de petróleo, en una etapa conocida como la guerra de los petroleros. La situación amenazó el comercio energético internacional y aumentó la participación de potencias extranjeras en la región.

Uno de los episodios más graves fue el empleo de armas químicas por parte de Irak. Las fuerzas iraquíes utilizaron agentes como el gas mostaza contra tropas iraníes y poblaciones civiles. En marzo de 1988, un ataque químico contra la ciudad kurda de Halabja provocó miles de muertes y se convirtió en uno de los símbolos de las atrocidades cometidas durante el conflicto.

El final de una guerra sin vencedores decisivos

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó en julio de 1987 la resolución 598, que reclamó el cese de las hostilidades, la retirada de las fuerzas militares y el intercambio de prisioneros.


Combatientes iraníes se protegen detrás de una barricada durante los enfrentamientos en Jorramchar, una de las ciudades más afectadas por la invasión iraquí.

Después de nuevas ofensivas y negociaciones diplomáticas, ambos países aceptaron la implementación de un alto el fuego que entró en vigor el 20 de agosto de 1988. La guerra terminó sin cambios territoriales significativos, pero dejó graves consecuencias económicas, sociales y humanas para ambos Estados.

A 46 años del comienzo de las hostilidades, la guerra entre Irán e Irak permanece como uno de los episodios centrales de la historia contemporánea de Oriente Medio. Sus consecuencias se extendieron mucho más allá de las fronteras de ambos países y contribuyeron a configurar las relaciones regionales durante las décadas posteriores.