Zach Cregger vuelve a demostrar su destreza en el terror con Resident Evil, la nueva adaptación de la franquicia de Capcom. Protagonizada por Austin Abrams en el rol de Bryan, la película nos mete en la pesadilla de este personaje que está entrando en pánico por su inminente vida adulta y la paternidad a la que está por enfrentarse.
Antes de verse atrapado en la pesadilla de Raccoon City, Bryan opta por aceptar un encargo de entrega en lugar de regresar a casa a enfrentar la realidad con su pareja embarazada, Michelle. En un mensaje de voz grabado en el estacionamiento del hospital, confiesa su temor a crecer, admitiendo que su reacción inicial negativa ante la noticia del bebé surgió del miedo a la responsabilidad y a perder la libertad de su estilo de vida actual.
Las criaturas a las que se enfrenta a lo largo del relato operan como personificaciones de sus mayores temores. La pesadilla inicia cuando los primeros infectados que cruza son un matrimonio, seguidos inmediatamente por la aparición de una niña pequeña que lo ataca. Más adelante, los enfrentamientos con engendros grotescos, como el bebe gigante que explota dando a luz a miles de ratas, refuerzan su temor al embarazo y a las etapas familiares que tanto intenta esquivar.
El monstruo construido a partir de todas las piezas de diferentes personas mutadas por el virus es, en definitiva, una expresión de su mayor miedo: perderse y no ser más él mismo si queda absorbido por el matrimonio y la vida como padre.

Más allá de lo que representa cada uno de esos monstruos, hay algo también intrínseco a las películas de terror: cada criatura que aparece no es más que una pesadilla y su propósito es asustarnos como espectadores. Pero también, esas criaturas cumplen un rol similar al que vemos en los videojuegos.
Cada monstruo que Bryan enfrenta a lo largo de los 90 minutos de Resident Evil lo obliga a replantear su camino. En este sentido: la película lo termina llevando por lo que parece ser una única ruta posible, como sucede con los videojuegos que no son de mundo abierto y donde hay una sola forma de resolver los hechos. Pasa con los candados que no se abren con disparos y pasa con el hombre que explota y expulsa ratas: Bryan necesita resolver algo antes para poder pasar o, directamente, buscar otra ruta.