por Redacción NewsDigitales
Walter Meza, una de las voces históricas del heavy metal argentino y cantante de Horcas, pasó por El Living de NewsDigitales para conversar con Ju Perndal. En una charla cargada de recuerdos, repasó sus primeros pasos en la música y algunos de los momentos que terminaron definiendo su carrera.
Su historia comenzó lejos de los grandes escenarios. Meza encontró en el canto un refugio frente a situaciones familiares complejas y comenzó participando de coros escolares. Más tarde ingresó al Polifónico de La Matanza, donde empezó a trabajar técnicamente una voz que terminaría convirtiéndose en su sello.

El oeste bonaerense completó esa formación. San Justo y la histórica Plaza del Cañón fueron puntos de encuentro para jóvenes que intercambiaban discos y soñaban con vivir de la música. “Nos encontrábamos para soñar que algún día íbamos a ser músicos, rockstars, famosos, reconocidos”, recordó.
El momento decisivo apareció cuando Horcas buscaba cantante. Para entonces, Meza estaba pensando seriamente en abandonar la música para concentrarse en su familia y conseguir un trabajo estable. El nacimiento de su primera hija había cambiado sus prioridades y lo enfrentaba a una decisión difícil.
La prueba fue en La Cripta, donde la banda ya había escuchado a numerosos vocalistas. La audición parecía terminar con el clásico “después te llamamos”, hasta que comenzó una zapada y Meza soltó toda la potencia de su voz: “Yo era un potrillo, era un camión, era un tanque”, recordó.

Detrás del vidrio estaba Osvaldo Civile, a quien Meza creía internado. El guitarrista apareció, pidió repetir el tema y tomó una decisión contundente: “Dale las letras de Horcas al nuevo cantante de Horcas”. El lunes había hecho la prueba, el miércoles ensayó y el viernes ya estaba debutando.
La relación con Civile ocupa un lugar central en sus recuerdos. Meza describió al guitarrista como alguien capaz de transformarse completamente cuando subía al escenario. “Lo que generaba Osvaldo tenía un magnetismo verdaderamente increíble”, aseguró sobre los intensos años que compartieron.
Su muerte abrió uno de los capítulos más dolorosos para Horcas. En medio del golpe, Meza decidió sostener la banda convencido de cuál era el deseo de su compañero: “Osvaldo quiere que Horcas sea la banda número uno y lo vamos a lograr”, recordó haber pensado en aquel momento.

Con los años entendió que aquella responsabilidad también había tenido un costo. “Esa situación me hizo generar mucha ansiedad y tapar muchas situaciones que después saltaron, explotaron en mi cara”, reconoció. Después llegaron diferencias y conflictos que terminaron dejando heridas dentro de la historia del grupo.
Meza también hizo una fuerte autocrítica sobre la personalidad que construyó durante aquellos años. “Fui prisionero de un personaje”, confesó al recordar una época en la que parte de la escena metalera estaba atravesada por enfrentamientos, prejuicios y una necesidad constante de defender su identidad.
El acercamiento con músicos de otros géneros terminó modificando esa mirada. Su relación con Kapanga fue fundamental y lo llevó a compartir giras y grandes escenarios. “A mí nunca me gustó hablar mal de un colega o de un estilo de música para sumar adeptos al heavy metal”, explicó.
Esa apertura también le permitió cruzarse con artistas que admiraba, entre ellos Pappo, y participar junto a Horcas de un homenaje a “Oktubre”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La banda llevó “Preso en mi ciudad” hacia su propio sonido y comenzó un vínculo inesperado con integrantes del grupo.

Más allá de los nombres y los escenarios, Meza reivindicó especialmente el sentido de pertenencia que encontró en el heavy metal. “Nos hizo muy fuertes como tribu”, definió al recordar una época construida alrededor de salas de ensayo, recitales, discos compartidos y amistades.
Hoy continúa al frente de Horcas y celebra el reconocimiento que la banda consiguió fuera de Argentina. “Somos más grandes en Latinoamérica que en nuestro país”, aseguró, destacando especialmente la respuesta que encuentran en países como Ecuador después de décadas de trayectoria.
Al mirar hacia atrás, Meza encuentra una historia atravesada por sacrificios, pérdidas y cambios personales, pero también por aquel sueño que comenzó en el oeste bonaerense. “Me preparé, me sacrifiqué muchísimo, dediqué mucho”, resumió sobre el camino que lo llevó a convertirse en una de las voces reconocidas del metal argentino.