por Redacción NewsDigitales
Cristian Campi, chofer profesional con casi tres décadas de experiencia, participó de un nuevo encuentro de “No fue un accidente”, el ciclo dedicado a reflexionar sobre seguridad vial. Allí habló sobre las dificultades que atraviesan los conductores y las condiciones que, según advirtió, muchas veces permanecen ocultas.
Uno de los principales problemas que señaló son los horarios que deben cumplir los trabajadores. Congestiones, lluvias, cortes de calles y otros imprevistos pueden retrasar cualquier recorrido, pero los tiempos establecidos no siempre contemplan lo que sucede realmente durante el viaje.
“Empiezan a cometer el error de intentar llegar como sea y ahí es donde empiezan a haber siniestros”, explicó. Según Campi, esa presión puede llevar a algunos conductores a manejar de manera imprudente para evitar atrasos, perder descansos o exponerse a posibles sanciones.
Campi recordó una experiencia en la Línea 68 que buscó demostrar justamente ese problema. Un periodista acompañó durante el recorrido a un conductor que respetó las normas, asistió a personas con discapacidad y adultos mayores y realizó correctamente cada maniobra.ç

A pesar de hacer todo como correspondía, llegó a destino con unos 40 minutos de demora. La historia tomó estado público y, según relató Campi, la empresa terminó identificando al trabajador que había participado de la experiencia y posteriormente lo despidió.
Ese caso, sostuvo, ayuda a explicar por qué muchos trabajadores prefieren guardar silencio. “Los compañeros no se animan a denunciar justamente por esto, porque los echan si hablan”, afirmó, y reclamó mecanismos que permitan proteger a quienes exponen irregularidades.
Campi planteó además que, cuando ocurre un siniestro, la investigación no debería terminar únicamente sobre la persona que estaba manejando. Para el conductor, también deberían analizarse las condiciones de la unidad, los descansos previos y las decisiones tomadas por las empresas.

Como ejemplo mencionó casos en los que, después de un vuelco, se descubre que el chofer llevaba varios días sin franco o había terminado una jornada pocas horas antes de volver a salir. “No digo que no haya imprudencia, choferes imprudentes los hay, pero muchas veces hay un sistema muy malo para trabajar”, sostuvo.
También cuestionó los mecanismos utilizados para registrar las jornadas laborales. Mostró una libreta de trabajo de papel que, aseguró, puede ser adulterada y no necesariamente permite conocer con precisión cuántas horas lleva una persona detrás del volante.
Campi mencionó un proyecto para reemplazar esas libretas por un sistema digital que registre el comienzo de cada viaje. De esa manera, organismos de control podrían conocer las horas acumuladas por cada trabajador y verificar si tuvo el descanso correspondiente antes de volver a manejar.
“Está encajonado, nunca le dieron importancia. No entiendo por qué, porque salvaría vidas”, cuestionó. Para el chofer, conocer las verdaderas condiciones laborales permitiría actuar antes de que una irregularidad termine transformándose en una tragedia.

Otro punto que destacó fue la llamada “velocidad precautoria”. Frente a lluvia, niebla, viento u otras condiciones adversas, defendió que el conductor pueda reducir la velocidad aunque eso implique llegar más tarde de lo previsto al destino.
Campi también apuntó contra las conductas que observa diariamente entre automovilistas: exceso de velocidad, uso del celular, alcohol al volante, motos sin casco y hasta vehículos que retroceden en una autopista después de haberse pasado una salida.
Para cambiar esas situaciones consideró fundamental incorporar educación vial desde edades tempranas. “Si los chicos crecen con educación vial, los futuros conductores no van a tener las conductas que vemos hoy en día en la calle”, sostuvo durante la entrevista.
A la educación sumó la necesidad de mantener capacitaciones y controles psicofísicos entre los profesionales. Incluso después de 29 años trabajando en el transporte, aseguró que continúa aprendiendo en los cursos y rechazó la idea de que la experiencia sea suficiente para dejar de capacitarse.
Sobre el final, Campi dejó un mensaje tanto para pasajeros como para sus colegas. A los usuarios les pidió comprender que una demora puede responder a la decisión de manejar con precaución y que un colectivo lleno no debería continuar incorporando pasajeros si eso compromete la visibilidad del conductor.
Para los trabajadores, en cambio, el mensaje fue otro: “Animarse a contar las cosas”. Reconoció que denunciar puede significar exponerse a perder el empleo, especialmente en un contexto económico complejo, pero consideró necesario visibilizar las irregularidades antes de que ocurra un hecho grave.
“Si la denuncia es para salvar vidas, no tiene por qué ser despedido, sancionado ni puesto en una lista negra”, concluyó. Por eso reclamó que el Estado proteja a quienes advierten sobre falta de descanso, unidades en malas condiciones u otras situaciones que puedan poner en riesgo a quienes viajan.