Patricia Bullrich llegó este martes a la reunión de la mesa política con una pequeña victoria conseguida antes de sentarse. Durante varios días había cuestionado públicamente el capítulo de discapacidad incluido en el Presupuesto 2027, se había quejado de que nadie le hubiera anticipado los cambios y llegó a advertir que, como jefa del bloque libertario en el Senado, la habían dejado frente a sus aliados como una “tonta o una mentirosa”. La respuesta inicial del Gobierno fue pedirle que bajara el tono. Horas después de la reunión, el oficialismo acordó en Diputados corregir una parte importante de aquello que Bullrich venía cuestionando.
El episodio podría quedar reducido a otra interna de un Gobierno acostumbrado a acumularlas, aunque contiene algo más interesante. Por primera vez en bastante tiempo, una dirigente importante de La Libertad Avanza discutió públicamente una decisión, soportó el malestar de la Casa Rosada y terminó viendo cómo el oficialismo modificaba su posición original.
Bullrich acaba de comprobar que dentro del gobierno de Milei también se puede ganar una discusión.
Sé que todos los "peros" tienen un "porqué" 🎶 pic.twitter.com/d7GNMXCjVR
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) September 18, 2026
El conflicto comenzó con el Presupuesto enviado al Congreso la semana pasada. El texto incorporó cambios sobre discapacidad que sorprendieron incluso a dirigentes encargados de defenderlo. Bullrich aseguró que el tema no había sido discutido en la mesa política celebrada pocas horas antes y Martín Menem reconoció también que desconocía los detalles.
La senadora decidió hacer pública su molestia y apuntó hacia Economía. El problema excedía al contenido de la medida: durante semanas, los legisladores oficialistas habían negociado con el PRO y otros bloques una alternativa a la emergencia en discapacidad. La aparición del Presupuesto dejó a esos mismos negociadores defendiendo un texto diferente del que habían conversado con sus aliados.
Para Bullrich, el costo era especialmente alto porque necesita construir en el Senado mayorías que La Libertad Avanza todavía no tiene. Si quienes negocian con ella creen que un acuerdo puede ser modificado unas horas después por otra oficina del Gobierno, su capacidad de cerrar compromisos se reduce considerablemente.
Su protesta fue también una defensa de su propio poder.
Bullrich ocupa una posición particular dentro de La Libertad Avanza. Llegó después de haber presidido el PRO, fue candidata presidencial, conserva niveles propios de conocimiento e imagen y administra una relación con Milei que nació como alianza antes de convertirse en pertenencia partidaria.
Esa trayectoria le concede una autonomía que pocos funcionarios tienen. También explica por qué sus movimientos generan tanta atención en la Casa Rosada.
Durante los últimos meses ya había marcado diferencias sobre la estrategia parlamentaria y sobre algunos aspectos del programa económico. Esta vez fue más lejos: publicó un video utilizando una canción de Lali Espósito, una de las figuras culturales más enfrentadas con Milei, y sostuvo sus críticas aun después de que el Gobierno intentara minimizar la interna.
Milei definió esas diferencias como simples “matices de opinión”. La mesa política transmitió este martes un mensaje parecido, aunque con una condición: los cuestionamientos deberían discutirse dentro del Gobierno antes de convertirse en declaraciones públicas.
El problema es que la exteriorización funcionó.
Lo más importante es que el cambio y el esfuerzo se sienta en la vida de cada argentino.
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) September 21, 2026
Vamos a seguir sacando leyes que transformen la Argentina, defendiendo este rumbo, señalando lo que podemos hacer mejor y trabajando para que este proyecto siga adelante y sea reelecto. pic.twitter.com/OvQmaI7qLd
Después de la reunión, los representantes libertarios en Diputados avanzaron con sus aliados en un acuerdo para mantener la actualización del nomenclador de prestaciones por discapacidad, uno de los puntos que el Presupuesto pretendía modificar. El texto definitivo todavía requiere decisiones de la Casa Rosada y quedan otros aspectos abiertos, aunque la dirección política de la corrección resulta bastante clara.
El Gobierno entendió que sostener el capítulo original podía costarle mucho más que modificarlo. Había malestar entre sus propios legisladores, resistencia del PRO y otros aliados, una oposición dispuesta a explotar el tema y una discusión que amenazaba con contaminar todo el tratamiento del Presupuesto.
Bullrich había señalado exactamente ese problema.
La discusión deja además expuesta una dificultad que aparece cada vez con mayor frecuencia dentro del oficialismo. Economía puede diseñar una medida compatible con la disciplina fiscal y descubrir después que quienes tienen que conseguir los votos consideran imposible defenderla. El conflicto entre la pureza del programa y las necesidades parlamentarias termina resolviéndose cuando llega el momento de contar voluntades.
La escena resulta particularmente interesante porque Bullrich construyó durante estos años una identidad de fuerte acompañamiento a Milei. Defendió al Gobierno durante sus momentos más difíciles, terminó incorporándose a La Libertad Avanza y asumió la conducción de un bloque clave para la agenda presidencial. Precisamente por eso sus diferencias tienen otro peso.
Tampoco hay elementos para interpretar cada discusión como el comienzo de una ruptura. Bullrich sigue formando parte del dispositivo oficial y continúa defendiendo la continuidad del proyecto libertario hacia 2027. Su comportamiento reciente muestra algo diferente: pretende ocupar un lugar desde el cual acompañar y conservar capacidad para discutir.
Esa posición puede resultar incómoda para una conducción acostumbrada a identificar disciplina con alineamiento, aunque también puede terminar siendo útil. El Gobierno necesita dirigentes capaces de advertir cuándo una decisión técnicamente consistente amenaza con convertirse en una derrota política.
El episodio de discapacidad dejó una enseñanza bastante sencilla. Bullrich protestó porque consideró que el Gobierno estaba dañando su propia negociación, la Casa Rosada se molestó por la forma en que lo hizo y finalmente terminó revisando parte de la medida.
Quizás por eso la discusión de estos días importe más que la anécdota de una interna. Bullrich encontró algo que hasta ahora pocos dirigentes oficialistas se habían animado a comprobar: dentro del universo de Milei, discutir una decisión también puede ser una manera de defender al Gobierno.