por Redacción NewsDigitales
Oscar “El Negro” González Oro murió este viernes 25 de septiembre a los 74 años en Punta del Este, Uruguay. A lo largo de su extensa trayectoria, el periodista y conductor protagonizó innumerables entrevistas y compartió distintas historias personales, pero una de las más recordadas fue la que tuvo como protagonista a su mamá, fallecida en 1999.
El relato ocurrió durante una emisión de Debo Decir, cuando González Oro habló sobre la reencarnación y las señales que, según él, pueden dejar las personas después de morir. En ese contexto, recordó un episodio que había vivido un año después de la muerte de su madre y que, según contó, terminó salvándole la vida.

“Vivía en Pilar y tenía la costumbre de ir a casa a ver cómo estaba todo y volver. Ir y venir. Y un día me quedo dormido en una camioneta a 140, 150 kilómetros por hora en Panamericana, yendo a Pilar”, relató. Según explicó, viajaba solo, con música y en una jornada soleada, cuando se quedó dormido al volante.
El periodista contó que, en medio de esa situación, sonó el teléfono que llevaba en el asiento de al lado. El llamado lo despertó de manera abrupta y le permitió reaccionar a tiempo. “Suena y me despierto con pánico, la adrenalina volaba. Me tiro a la banquina”, recordó. Luego, un patrullero se acercó y los efectivos le recomendaron que no continuara manejando.
Cuando finalmente logró tranquilizarse, González Oro decidió revisar quién había realizado aquella llamada. La sorpresa llegó al descubrir que se trataba de un número de Pinamar, lugar donde su madre había muerto el 8 de diciembre de 1999. “Me fijé la última llamada recibida. Era de Pinamar”, explicó.
Intrigado, llamó a sus hermanos para saber si alguien se encontraba en la casa familiar de Pinamar. Todos le aseguraron que no había nadie. González Oro también llamó al lugar y, según su relato, nadie atendió. “Guardé el teléfono y dije: ‘gracias, vieja’. Me despertó, me salvó la vida”, contó, convencido de que aquel episodio había tenido una explicación que iba más allá de una simple coincidencia.

El conductor aseguró que todavía conservaba aquel teléfono y vinculó la experiencia con su manera de entender la muerte y la memoria. “Hay energías”, sostuvo. También recordó una idea del escritor José Saramago sobre la permanencia de las personas a través de los nombres: “Mientras vos los nombres no terminan nunca de morir”.