Estornudos, picazón, ojos irritados y pañuelos siempre a mano. Con la llegada de la primavera, una escena vuelve a repetirse en las calles de la Ciudad de Buenos Aires: la pelusa amarilla de los plátanos comienza a cubrir veredas y a complicar a peatones y ciclistas.
Para hacerle frente al problema, Luciana Staiano, docente e investigadora de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), creó un mapa interactivo que permite identificar dónde se encuentran los plátanos "Platanus × acerifolia" y cuáles son las cuadras con mayor concentración.
La herramienta clasifica cada cuadra porteña en tres niveles: las que tienen entre uno y tres ejemplares aparecen en amarillo; aquellas con entre cuatro y seis, en naranja; y las que cuentan con siete o más están señaladas en marrón. De esta manera, cada persona puede planificar su recorrido e intentar reducir el contacto con la pelusa.
La idea surgió de una situación que la propia investigadora padecía durante sus recorridos cotidianos en bicicleta. “En cada primavera se me llenan los ojos de pelusa de plátano. Probé con anteojos y con antiparras para moto”, relató Staiano. Sin embargo, ninguna de esas soluciones fue suficiente. “Un día de mucho viento me entró un montón de pelusa en la garganta. Casi me ahogo y estuve a punto de chocar”, recordó. A partir de esa experiencia decidió aprovechar datos públicos para buscar una solución.

Encontrar un camino completamente libre de plátanos no es sencillo. “Las cuadras llevaderas se ven en amarillo, las cargadas en naranja y las imposibles en marrón”, explicó. Además, el usuario puede activar o desactivar cada categoría según el nivel de exposición que quiera evitar.
En las veredas porteñas existen cerca de 370 mil árboles. Además de formar parte del paisaje urbano, ayudan a reducir las temperaturas durante episodios de calor extremo, disminuyen la contaminación sonora y favorecen la biodiversidad.
Dentro de ese enorme arbolado, el plátano es la segunda especie con mayor presencia en las calles y avenidas de CABA, con más de 33 mil ejemplares. Palermo, Flores, Belgrano y Villa Urquiza son los barrios con mayor cantidad, mientras que San Nicolás, Villa Real, Coghlan y Constitución se encuentran entre los que menos tienen.
Pero si se analiza qué proporción del trazado vial posee estos árboles, aparece otro ranking. Paternal encabeza la lista: cerca del 34% de sus calles tiene presencia de plátanos. Villa Luro, Parque Chas y Villa del Parque también superan el 30%. Es decir, aproximadamente una de cada tres cuadras cuenta con esta especie.
En el extremo opuesto aparecen Villa Soldati, Constitución y San Nicolás, donde menos del 5% del trazado vial tiene plátanos. A su vez, estos sectores están entre los diez barrios de CABA con menor cantidad de árboles en general.
Staiano advirtió, sin embargo, que esquivar estos árboles no significa necesariamente evitar una reacción alérgica. El mapa puede servir para reducir la exposición a la pelusa, que provoca irritación, tos o picazón y puede resultar particularmente molesta durante los días ventosos.
“El mapa puede contribuir a minimizar la exposición a la pelusa”, explicó la investigadora, aunque remarcó que la principal fuente de alergias es el polen. Este puede recorrer grandes distancias y, además, durante la primavera es liberado por diferentes especies.
El mapa rápidamente despertó interés: en pocos días fue visto por decenas de miles de personas. Algunas comenzaron a modificar sus recorridos y otras encontraron posibles usos para cuando cambien las temperaturas.
Porque aquello que en primavera muchos quieren esquivar puede transformarse en un aliado durante el verano. Los mismos plátanos que generan molestias proporcionan sombra y ayudan a tener recorridos más frescos cuando el calor golpea con fuerza a la Ciudad. “Durante el verano podemos elegir rutas con muchos plátanos y tener recorridos más sombreados y frescos. Si te gusta la sombra, bancate la pelusa”, resumió Staiano.
Para desarrollar la herramienta, la investigadora utilizó información del censo de arbolado público lineal realizado por CABA entre 2017 y 2018. La base permite conocer la ubicación de cada árbol, su especie y características como altura y diámetro. Staiano procesó esa información mediante sistemas de información geográfica y software libre, para luego cruzarla con el trazado de las calles y avenidas. El resultado fue un mapa sencillo y liviano que puede visualizarse desde Google Maps y consultarse desde el celular.
El proyecto también muestra cómo los datos públicos pueden adquirir usos inesperados. La investigadora destacó la importancia de que las instituciones produzcan, actualicen y permitan acceder libremente a este tipo de información, ya que puede convertirse en herramientas para resolver problemas cotidianos y también para planificar mejor el territorio.
Staiano también integra el Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección de la FAUBA, donde utiliza herramientas similares para estudiar problemáticas ambientales a una escala mucho mayor y principalmente en ámbitos rurales. Su línea de investigación analiza los impactos ambientales provocados por las transformaciones del territorio. Durante su doctorado estudió, entre otros aspectos, la pérdida de bosques y pastizales nativos en el Chaco Seco y los pastizales del Río de la Plata.
“La planificación urbana tiene una trayectoria histórica más larga que la rural. En general, las ciudades cuentan con más datos sistematizados y accesibles”, explicó. Esta vez, esa enorme cantidad de información tuvo un destino mucho más cotidiano: ayudar a miles de porteños a decidir por qué vereda caminar cuando vuelve la primavera.