27/09/2026 - Edición Nº1328

Opinión


Congreso y negociación

Milei aprendió a ganar sin llevarse todo: el nuevo equilibrio político en el Congreso

27/09/2026 | La reforma del Banco Central mostró un Gobierno con más votos, pero aún obligado a negociar con aliados y gobernadores para avanzar en el Congreso.



El jueves, el Gobierno consiguió una de esas votaciones que algunos meses atrás parecían difíciles de imaginar. El Senado aprobó por 46 votos contra 22 la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, una iniciativa importante para Javier Milei porque busca convertir en ley algunas reglas centrales de su programa económico: limitar el financiamiento al Tesoro, impedir la distribución de ganancias contables y devolverle a la autoridad monetaria el objetivo prioritario de preservar el valor de la moneda.

La victoria tuvo una particularidad. El Senado cambió una parte importante del proyecto y lo devolvió a Diputados. La propuesta original establecía una mayoría de dos tercios de ambas cámaras para remover autoridades del Banco Central; el texto aprobado reemplazó ese mecanismo por mayoría absoluta del Senado. La modificación salió por 66 votos contra dos, una mayoría que deja al oficialismo con poco margen para recuperar su redacción original.

Milei ganó la votación y aceptó que su ley dejara de ser exactamente su ley. La escena ayuda a entender cómo está cambiando la relación del Gobierno con el Congreso.

Un oficialismo más grande

La Libertad Avanza tiene hoy una situación parlamentaria bastante más cómoda que durante los primeros dos años de gestión. Creció en ambas cámaras, consiguió aliados para varias discusiones y dejó atrás aquella etapa en la que una sesión podía convertirse en una amenaza desde el momento mismo de conseguir el quórum.

Ese crecimiento también elevó las expectativas. Milei quiere reformar el Banco Central, aprobar el Presupuesto 2027, cambiar el sistema electoral y avanzar con el proyecto sobre Malvinas. Tener más legisladores propios le permite intentar todo eso, aunque todavía necesita votos externos para convertir sus iniciativas en leyes.

Los aliados también parecen haber entendido la nueva situación. Acompañar al Gobierno en la dirección general de una reforma no implica necesariamente aceptar cada artículo que llega desde la Casa Rosada.

El Banco Central, protagonista de una reforma que obligó al oficialismo a negociar cambios en el Congreso.

La victoria imperfecta

La reforma del Banco Central ofrece un buen ejemplo. Radicales, macristas y senadores vinculados con gobernadores compartieron buena parte del diagnóstico oficial sobre la necesidad de limitar el financiamiento monetario del déficit. Varios rechazaron, al mismo tiempo, que la estabilidad de las autoridades quedara protegida por un mecanismo que exigía dos tercios de ambas cámaras para removerlas.

El Gobierno podía conservar la redacción original y arriesgar la aprobación o aceptar modificaciones para sostener una mayoría amplia. Eligió la segunda alternativa y terminó celebrando como triunfo un texto diferente del que había enviado.

Algo parecido ocurrió ese mismo jueves con el régimen de zonas frías. El oficialismo consiguió aprobar una reducción de los subsidios al gas después de negociar una compensación vinculada con el costo de la electricidad para provincias cálidas. Otra victoria legislativa apareció después de incorporar demandas necesarias para conseguir los votos.

Durante mucho tiempo Milei presentó la negociación política como una práctica asociada a aquello que venía a combatir. El Congreso le está mostrando un problema más elemental: cuando nadie tiene mayoría propia, legislar supone aceptar que los demás también escriban una parte de la ley.

Los gobernadores aprendieron el mecanismo

La cuestión será todavía más importante durante el tratamiento del Presupuesto. Los gobernadores controlan legisladores decisivos y llegan con reclamos sobre obras, transferencias, cajas previsionales y recursos. La Casa Rosada necesita además sus votos para otra discusión que le interesa especialmente: la reforma electoral.

Diego Santilli pasó las últimas semanas reuniéndose con mandatarios provinciales y la semana próxima Milei compartirá con varios de ellos la Argentina Week en París. La agenda formal estará concentrada en inversiones, energía, minería y comercio, aunque el viaje encontrará al Presidente y a los gobernadores en medio de negociaciones abiertas por el Presupuesto.

Javier Milei junto a Emmanuel Macron y Karina Milei se verán nuevamente en París.

Las provincias pueden acompañar aspectos centrales del programa oficial y pedir cambios en otros. El Gobierno, por su parte, puede conceder modificaciones sin abandonar la dirección general de sus reformas. La relación empieza a parecerse bastante más a la política convencional que a la confrontación permanente de los primeros tiempos libertarios.

El costo de convertir ideas en leyes

Una parte importante de la identidad política de Milei fue construida alrededor de la crítica a una dirigencia que negociaba principios a cambio de votos. Desde el Poder Ejecutivo encontró también otra clase de negociación, bastante inevitable: la que aparece cuando un proyecto debe atravesar dos cámaras donde ningún partido controla la mayoría.

Aceptar un cambio en la Carta Orgánica no implica abandonar la reforma. El texto conserva buena parte de los objetivos que impulsó el Gobierno y la votación mostró que existe un consenso amplio alrededor de varios de ellos. El episodio resulta interesante porque Milei consiguió avanzar cuando distinguió qué parte de su propuesta consideraba esencial y qué parte podía negociar.

Ese aprendizaje será puesto a prueba durante los próximos meses. El Presupuesto involucra dinero concreto para las provincias, la reforma electoral afecta intereses directos y cualquier acuerdo deberá convivir con el armado político hacia 2027. Allí será bastante más difícil conseguir mayorías sin que nadie pida nada a cambio.

El Gobierno salió fortalecido del Senado porque avanzó con una reforma que considera estratégica. Los gobernadores y aliados también consiguieron algo: demostraron que pueden modificar las iniciativas oficiales sin convertirse en opositores.

Milei tiene más legisladores, más proyectos y una oportunidad mayor de convertir su programa en leyes. Para aprovecharla deberá convivir con una idea bastante menos libertaria que parlamentaria: en el Congreso, ganar muchas veces significa aceptar que el resultado final también tenga algo de los otros.

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