“Todos sabían en la familia que estaba una persona secuestrada”. Guillermo Manoukian no tiene dudas sobre lo que ocurría dentro de la casa de los Puccio y, en particular, sobre el conocimiento que tenía Epifanía Ángeles Calvo, esposa de Arquímedes. Sin embargo, la Justicia no la consideró integrante de la banda y no fue condenada.
La viuda, que en agosto pasado cumplió 94 años, quedó involucrada en la investigación y pasó casi dos años detenida. Ante la Justicia sostuvo que desconocía las actividades criminales de su marido y afirmó que recién supo que había personas cautivas cuando la Policía irrumpió en la vivienda de Martín y Omar 544, en San Isidro. Finalmente, no fue condenada.
Para la Justicia, Epifanía no integró la banda. La misma conclusión alcanzó a Adriana, Guillermo y Silvia Puccio, quienes tampoco fueron considerados miembros de la organización criminal ni recibieron condenas.

Sin embargo, más de cuatro décadas después, Guillermo Manoukian mantiene una mirada muy distinta sobre lo que ocurría dentro de aquella casa.
En una entrevista con NewsDigitales, el hermano de Ricardo Manoukian —la primera víctima de la organización— aseguró que Epifanía conocía la presencia de personas secuestradas dentro de la vivienda.
“La mujer estaba enterada”, sostuvo Manoukian al recordar la situación de la esposa de Arquímedes, que hoy vive en un departamento ubicado sobre la avenida Independencia, en el barrio porteño de San Telmo. Y agregó: “Todos sabían en la familia que estaba una persona secuestrada”.
Ricardo Manoukian fue secuestrado el 22 de julio de 1982. Tenía 23 años y conocía a Alejandro Puccio por amigos en común. Según reconstruyó su hermano, aquel día Alejandro y Guillermo Fernández Laborda le pidieron que los llevara en su auto y, durante el trayecto, le anunciaron que estaba siendo secuestrado.
Tras un intento de Ricardo por escapar, una camioneta conducida por Daniel “Maguila” Puccio interceptó el vehículo. Lo trasladaron entonces a la casa de los Puccio, donde permaneció cautivo durante once días.
Manoukian aportó durante la entrevista un detalle especialmente sensible sobre esos días. “Mi hermano estuvo los primeros días en una habitación y después estuvo en un baño de la planta alta, dentro de una bañadera, encapuchado y encadenado”, relató.
Según su testimonio, aquel baño se encontraba junto a dormitorios utilizados por integrantes de la familia.

Además, recordó que Ricardo alcanzó a escribir cartas durante el cautiverio en las que decía que lo trataban bien y que recibía comida. A partir de esos elementos, Guillermo afirmó: “La que cocinaba para que mi hermano comiera era la mujer”.
Epifanía siempre negó haber sabido que su marido mantenía personas secuestradas dentro de la vivienda. “Me enteré de que había gente secuestrada cuando la policía llegó a mi casa”, fue la explicación que sostuvo ante la Justicia.
Las sospechas, sin embargo, existieron desde el comienzo. La reconstrucción de la investigación señala que uno de los lugares utilizados para mantener cautiva a Nélida Bollini de Prado se encontraba muy cerca del dormitorio matrimonial y que los investigadores también analizaron quién preparaba los alimentos destinados a los secuestrados.
Pero una sospecha no alcanzaba para establecer responsabilidad penal. La Justicia no reunió elementos suficientes para considerar a Epifanía integrante de la asociación que encabezaba su marido y finalmente quedó fuera de las condenas. Ese desenlace sigue siendo cuestionado por Manoukian.
“Yo luché también en su momento”, recordó sobre sus intentos para que se investigara su responsabilidad. Según relató, la respuesta que recibió fue que “no había suficientes elementos como para detenerla”. “No pude hacer nada con la madre”, resumió.
La organización encabezada por Arquímedes Puccio convirtió la vivienda familiar de San Isidro en uno de los escenarios centrales de sus secuestros.
Allí estuvo cautiva Nélida Bollini de Prado durante 32 días hasta que fue rescatada con vida durante el operativo que terminó de exponer a la banda. En la casa también habían permanecido otras víctimas de la organización.
Ricardo Manoukian no tuvo la misma suerte. Su familia pagó el rescate y los secuestradores prometieron devolverlo. Un día después, su cuerpo apareció en un descampado de Escobar.

“Prometieron, por supuesto, como te dicen siempre, que lo iban a devolver”, recordó Guillermo. Pero 24 horas después del pago, un hombre encontró el cadáver junto a un arroyo y dio aviso a la Policía.
Para Manoukian, la responsabilidad penal que la Justicia no atribuyó al resto de la familia no despejó una convicción que conserva hasta hoy: dentro de aquella casa, sostiene, era imposible ignorar completamente lo que estaba sucediendo.