En la casa de la familia Presas, la música nunca fue una visita. Era parte de la vida cotidiana. Mientras otros chicos conocían a las figuras del rock argentino a través de discos o recitales, Soledad veía a Pappo, Miguel Botafogo y otros músicos entrar al estudio de su padre para grabar, ensayar o buscar un sonido.
Entonces no alcanzaba a dimensionar quiénes eran. Para ella, aquella circulación de artistas formaba parte del paisaje familiar. Con los años comprendió que había crecido cerca de protagonistas fundamentales de la música argentina y, especialmente, junto a un padre que hizo del estudio de grabación su lugar en el mundo.
Soledad y Julio Presas llegaron a El Living de NewsDigitales para reconstruir esa historia y mostrar su presente. Padre e hija interpretaron en vivo algunas canciones esenciales del rock nacional y explicaron por qué su proyecto no busca copiar los originales: cada versión debe atravesarlos, encontrar otro sonido y expresar algo propio.
El encuentro permitió descubrir a un dúo unido por el afecto, la música y una exigencia compartida. Julio lleva más de cinco décadas como guitarrista, compositor, productor e ingeniero de grabación. Soledad construyó su recorrido desde el piano y la voz, con influencias del jazz, el soul, el blues y la canción. Ahora sus caminos confluyen en un proyecto que recupera clásicos, incorpora composiciones propias y prepara un nuevo álbum en vivo.
Soledad asegura que nunca dudó sobre el camino que quería seguir. “Desde que tengo cinco años decía: ‘Yo quiero ser pianista’”, recordó durante la entrevista.
Aquella vocación infantil no quedó limitada al deseo de subir a un escenario. Estudió el instrumento y buscó perfeccionarse desde muy pequeña. “Siempre quise ser mejor de lo que era. Nunca me conformaba con poco”, contó.

Su formación ocurrió dentro y fuera de las clases. Al regresar de la escuela podía encontrarse con su padre trabajando en una grabación y recibir una propuesta que, en esa casa, resultaba completamente habitual: sumar unas voces, grabar un coro o sentarse al piano para probar una idea.
También estudió con músicos como Mono Fontana, pianista estrechamente ligado a la obra de Luis Alberto Spinetta. Aunque todavía era una niña, Julio se ocupaba de remarcarle la dimensión de esas oportunidades.
“Me decía: ‘Mirá que este con el que vas a estudiar es un grande. Prestá atención a todo’. Yo iba sabiendo que estaba frente a alguien enorme”, relató.
La cercanía con figuras reconocidas nunca modificó su valoración del oficio. Soledad aprendió a respetar tanto a los artistas consagrados como a quienes trabajan lejos de la exposición pública. Esa mirada también la ayudó a construir una identidad que no se limitara a reproducir el recorrido de su padre.
Mientras Julio quedó profundamente asociado con la historia del rock argentino, ella encontró su propio lenguaje en el jazz, el soul, el blues y el formato íntimo de piano y voz. En 2020 publicó “Soñábamos”, su primer álbum solista, y en 2024 lanzó “Bebop (En vivo)”, un registro que profundizó su relación con el repertorio de Norah Jones.

La artista estadounidense apareció como una referencia natural: una mujer que cantaba desde el piano y reunía varios de los géneros que Soledad ya amaba.
“Fue una gran influencia porque era prácticamente lo que yo quería hacer: tocar y cantar”, explicó.
Desde 2024 desarrolla un tributo a Norah Jones, pero evita plantearlo como una imitación. Su intención es apropiarse musicalmente de cada obra, modificarla desde su sensibilidad e integrar también sus propias canciones.
Ese criterio se trasladó al proyecto que comparte con Julio: tomar piezas fundamentales de la música argentina sin convertirlas en una reproducción obediente de las versiones originales.
“No queremos hacer un cover, sino nuestra propia versión de la canción”, definió.
La trayectoria de Julio Presas atraviesa buena parte de la historia del rock nacional. Fue guitarrista y cantante de Materia Gris, banda que en 1972 publicó “Ohperra vida de Beto”, reconocida como una de las primeras óperas rock editadas en la Argentina.
Aquella experiencia también modificó su futuro profesional. Durante las sesiones advirtió que los estudios argentinos todavía no estaban completamente preparados para comprender las necesidades de las nuevas bandas.

Mientras Materia Gris intentaba registrar una obra que consideraba innovadora, uno de los técnicos leía el diario detrás de la consola. “Pensé: ‘No puede estar leyendo el diario mientras grabamos esto. Tenemos que estar todos atentos’. Ahí entendí que debía estudiar audio y grabación”, recordó.
En una época sin carreras especializadas ni herramientas digitales, su formación ocurrió dentro de los estudios. Trabajó con cintas, aprendió los secretos de la grabación analógica y encontró una manera de permanecer cerca de la música.
“Yo me hice en el estudio”, resumió.
La decisión le permitió ocupar diferentes lugares dentro de la industria: músico, autor, arreglador, productor artístico e ingeniero de grabación. A lo largo de su carrera participó, desde distintas funciones, en proyectos vinculados con Pappo, Fito Páez, Vox Dei, Memphis La Blusera, Los Rancheros, Celeste Carballo, Moris, Javier Martínez, Gustavo Cerati y David Lebón, entre otros artistas.
Pero Julio no habla de aquellas figuras desde la distancia del admirador. Las conoció durante largas jornadas de trabajo, cuando su responsabilidad consistía en ayudarlas a encontrar el sonido que buscaban.
“Siempre admiré a los músicos, fueran conocidos o no. A veces escuchaba a alguien que no tenía fama y pensaba: ‘Cómo toca este tipo’”, expresó.

Uno de sus trabajos más importantes fue “Nuevas mañanas”, el álbum que David Lebón grabó en Miami y publicó originalmente en 1991. El disco contó con la participación de Pedro Aznar y Julio Presas, además de incluir composiciones compartidas.
El lanzamiento quedó relegado en aquel momento por la reunión de Serú Girán. Treinta y cinco años después, su reedición permite volver sobre aquella etapa de la carrera de Lebón y acercarla a nuevas generaciones.
“Es un grato recuerdo haber hecho ese disco con David y con Pedro. Lo empezamos a grabar acá y lo terminamos en Miami. En aquel momento casi no tuvo difusión, pero ahora mucha gente lo está conociendo”, valoró Julio.
El proyecto conjunto comenzó de manera espontánea. Soledad y Julio se reunían en espacios pequeños para interpretar canciones del rock argentino con arreglos propios. La respuesta del público y la imagen de padre e hija compartiendo el escenario los impulsaron a transformar aquellos encuentros en una propuesta de banda completa.

A ellos se sumaron Javier Annikian en bajo, Fabián Prado en teclados y Beto Topini en batería. La formación trabaja sobre canciones reconocidas, pero también incorpora material compuesto por los Presas.
La intención no es modernizar un clásico por obligación ni intervenirlo para demostrar virtuosismo. Buscan encontrar una lectura capaz de respetar su esencia y, al mismo tiempo, justificar una nueva interpretación.
“Es nuestro humilde aporte a una canción que ya es hermosa”, explicó Soledad.
En El Living de NewsDigitales ofrecieron tres interpretaciones en vivo. Primero presentaron un medley que reunió “Alicia en el país” e “Inconsciente colectivo”, dos composiciones de Charly García. Luego interpretaron “Seminare”, uno de los clásicos de Serú Girán, y cerraron con “Juntos a la par”, la canción de Yulie Ruth que quedó ligada a la voz y la guitarra de Pappo.
Las actuaciones permitieron comprobar que el vínculo entre ambos no se sostiene únicamente en el parentesco. Comparten criterios al producir, discutir una frase o decidir cuándo una toma, aunque técnicamente correcta, todavía no consigue transmitir lo que buscan.
“Podés estar afinado y, sin embargo, sentir que no te gustó cómo dijiste una frase. La música tiene que expresar algo más allá de la afinación: tiene que salir de adentro”, sostuvo Soledad.
Después de décadas escuchando voces e instrumentos detrás de una consola, Julio reconoce que la técnica puede corregirse, pero la emoción no puede fabricarse.
“Tenemos muchas cosas en común. Cuando estamos produciendo, ella elige lo mismo que elegiría yo”, contó.
Soledad describió esa conexión como una experiencia que actúa en dos direcciones: primero moviliza a quienes hacen la música y después alcanza al público.
“En nuestro caso va hacia adentro y hacia afuera. Uno entrega lo que tiene adentro y eso es lo mágico de la música”, expresó.
El caso más representativo de ese diálogo es “Soñábamos”. Julio compuso la canción cuando Soledad era niña y llegó a grabarla cantándola cuando tenía alrededor de cinco años. Décadas después, ella la recuperó, la adaptó a su voz adulta y la convirtió en la pieza que dio nombre a su primer álbum.
“Hay canciones que fueron compuestas por él hace mucho tiempo y que después hicimos a mi medida. Es como ponerse un saco preparado especialmente para uno”, explicó.
Aunque el proyecto recupera obras consagradas, Soledad y Julio no quieren quedar encerrados en la nostalgia. Ambos defienden una idea de la canción que se opone a la velocidad con la que actualmente circulan muchos lanzamientos.
“Esta música no es descartable. No queremos hacer algo que hoy sea un éxito y mañana ya haya vencido”, afirmó Soledad.
Julio completó la idea: “Son canciones para siempre porque fueron hechas con el corazón, no solamente para vender discos”.
El dúo trabaja actualmente en la posproducción de un álbum grabado durante una función de “Rock Nacional”, el espectáculo que reúne sus versiones de clásicos argentinos y composiciones propias. El objetivo es conservar la adrenalina del vivo, la interacción entre los músicos y la emoción del público, sin perder el cuidado sonoro que caracteriza el trabajo de Julio.
El material sintetiza un recorrido singular: un músico formado durante los años fundacionales del rock argentino, que comenzó trabajando con cintas y acetatos, prepara ahora junto con su hija un lanzamiento destinado a las plataformas digitales.
Antes de la publicación del álbum, Soledad Presas presentará su tributo a Norah Jones el próximo sábado 3 de octubre en Desafinado Club de La Plata. La función será una oportunidad para conocer su faceta individual, centrada en la voz y el piano, antes de las siguientes presentaciones de “Rock Nacional” junto a Julio.
La música también alteró la relación de Julio con los escenarios. Él se define como “un hombre de estudio” y asegura que siempre se sintió más cómodo detrás de una consola que frente a una multitud. Compartir este proyecto con su hija transformó parcialmente esa experiencia.
“A mí me gusta la intimidad del estudio. Soy un tipo que produce, pero me hace muy feliz poder hacer música con ella y sentir que vibramos de la misma manera”, reconoció.
Para Soledad, en cambio, el piano siempre fue su territorio natural. “No me veo detrás de un escritorio. Mi oficina tiene teclas blancas y negras”, resumió.
Al concluir la entrevista, ambos evitaron medir su presente mediante cifras, reproducciones o reconocimiento público. Para ellos, haber convertido la música en una forma de vida ya representa una conquista.
“El éxito es disfrutar cada cosa que se da, venir acá y poder compartir nuestra música”, sostuvo Soledad.
Julio completó la definición: “El éxito es poder dar lo que tenemos”.
Su paso por El Living de NewsDigitales mostró precisamente eso: un padre y una hija que no se limitan a preservar una herencia. La discuten, la transforman y la proyectan hacia adelante, con la intención de que los clásicos vuelvan a decir algo en el presente y de que sus propias canciones también puedan acompañar a nuevas generaciones.