Después del asesinato de Kim, su hija de 7 años, Marcos Gómez quedó expuesto a una realidad que hasta entonces le resultaba ajena: expedientes judiciales, debates sobre menores que delinquen, institutos de alojamiento, prevención y reinserción. Con el tiempo, ese recorrido lo llevó también a clubes de barrio, a escuchar historias de chicos atravesados por situaciones extremas y a impulsar una fundación con el nombre de su hija. “Reinventarte para salir el día a día es difícil”, reconoció durante su paso por El Living de NewsDigitales.
Kim Gómez fue asesinada el 25 de febrero de 2025 durante el robo del auto de su madre en La Plata. Desde entonces, Marcos se convirtió en una de las voces más visibles en el debate sobre la responsabilidad penal juvenil, aunque su mirada, según explicó, no se limita a reclamar penas.
Hoy trabaja en la puesta en marcha de la Fundación Kim Gómez, con la que busca generar oportunidades para chicos que crecen en contextos de vulnerabilidad.
“Sueño con generar infancia feliz. La verdad que siento que si los chicos son felices, si los chicos tienen una buena infancia sana, con oportunidades dignas, un chico que tenga buena alimentación, un chico que pueda ir a un club donde el club sea apto, donde tenga médico, donde tenga un psicólogo, un deportólogo…”, explicó.
Según contó, el contacto con esos chicos le permitió conocer situaciones que antes no veía de cerca. “Quizás en la situación que yo estoy tranquilamente podría cargarme de odio y explotar por otro lado. Pero nada, me tomo el tiempo para analizar, sentir, veo dónde se criaron, los escucho, veo por lo que han pasado. Realmente no son cosas dignas para un chico”, señaló.

Y agregó una de las realidades que más lo impactaron: “Hay chicos que escapan de la casa porque hay muchas casas que son un tormento”.
Uno de los momentos que Marcos conserva especialmente ocurrió durante una celebración por el Día del Niño organizada en el club Real Infantil, uno de los espacios en los que comenzó a desarrollar actividades. La convocatoria estaba pensada inicialmente para unos 300 chicos, pero finalmente participaron cerca de 500.
“Fue algo hermoso. Íbamos a hacer un evento para 300 chicos, al final terminaron siendo 500. Verlos ahí quizás con tan poco, y con tanto, porque mucha gente trabajó, mucha gente vino a colaborar con su tiempo, con dinero, con un regalo, con la comida, la merienda”, recordó.
La experiencia, sin embargo, tuvo para él una carga inevitable. “Recorren muchas cosas por dentro, cosas lindas, cosas por ahí tristes porque entre tantos chicos no ver al tuyo se hace difícil”, confesó.
Aun así, intenta encontrar en esas actividades una forma de seguir adelante. “Intento ver el lado positivo. Esas sonrisas a veces me recuerdan mucho a que fui feliz también”, sostuvo.
Gómez también habló sobre el nuevo régimen penal juvenil y sobre la reducción de la edad de responsabilidad penal. Aunque fue uno de los familiares de víctimas que impulsó públicamente la reforma, dejó en claro que no considera que una modificación penal alcance por sí sola para resolver el problema.
“Esta ley resuelve un pequeño porcentaje de lo que del problema que estamos teniendo. Pero no es la solución”, afirmó. De todos modos, defendió la necesidad de que exista una herramienta para intervenir frente a delitos graves cometidos por adolescentes.
“Realmente es una herramienta que va a funcionar, hay que dejarla que actúe porque hay chicos que son peligrosos. O sea, no podemos contemplar que un chico salga con un arma a la escuela o a robar o lastime y que se vuelva a la casa. No puede pasar eso, está mal”, sostuvo.

Ese planteo lo llevó también a diferenciarse de la jueza Marta Pascual, quien cuestionó la implementación del régimen en la provincia de Buenos Aires. Gómez contó que conoce personalmente a la magistrada y que incluso comparte parte de su trabajo vinculado con la justicia restaurativa.
“No me sorprendió porque lo vengo charlando. Hay gente que tiene la misma postura, claramente yo no”, explicó.
“A Marta la conozco porque ella tiene un programa de prevención, el cual conozco. Fui a su municipio, fui a ver de qué trabajaba, qué es lo que estaban haciendo. Hay cosas que sí comparto, que sí considero que son importantes”, añadió.
Uno de esos puntos es el estado de los centros destinados a alojar adolescentes. “Ella lo que cuestiona tiene que ver con los lugares de alojamiento para los chicos. Eso es verdad, eso es verdad, en eso comparto. Pero también quiero ser realista: ¿hoy se vienen a acordar de los centros? Los centros vienen estando mal hace años”, planteó.
Para Gómez, el desafío no pasa solamente por qué hacer con un chico después de que cometió un delito, sino por evitar que llegue hasta ese punto.
“La reinserción es un trabajo complicado”, reconoció. Y amplió: “Nosotros, las personas comunes o los chicos comunes, cuesta un montón estudiar, cuesta un montón trabajar, conseguir un buen trabajo, soñar. Hoy se perdieron un montón de cosas. Imagínense para un chico que cae en el sistema penitenciario”.
En ese sentido, sostuvo que el Estado debería concentrar mayores esfuerzos en quienes todavía no ingresaron al circuito delictivo.
“Los números son realmente pocos del problema de los chicos que están en la delincuencia. Tenemos buen foco en trabajar con los pibes que son hoy, o con los chicos que todavía son buenos chicos. Realmente tenemos más para ganar ahí que con los pibes que están hoy en problemática”, consideró.
Después del crimen de Kim, Marcos también comenzó a recibir mensajes de otras familias que atravesaron pérdidas similares. Recordó contactos con familiares de víctimas de casos conocidos y destacó el acompañamiento que recibió en los momentos más difíciles.
“Todos me han hablado, me han dado unas palabras de aliento que son necesarias. Realmente uno a veces se pierde y no sabe para dónde caminar”, expresó.
También habló de Florencia, la mamá de Kim, de quien está separado desde hace varios años y que eligió mantenerse lejos de la exposición pública.
“Nosotros con Florencia somos padres separados hace varios años, tenemos una relación muy sana. Ella viene haciendo lo que puede, eligió un perfil más bajo, resguardado, porque estar acá es difícil”, contó. Y agregó: “Es una persona que valoro mucho, que quiero mucho y ojalá que la vida la vuelva a sonreír”.
Mientras avanza con la fundación, Gómez intenta combinar ese trabajo con su participación en debates sobre prevención, seguridad y políticas destinadas a los adolescentes.
Su propia experiencia, explicó, cambió también la forma en que mira a muchos de esos chicos. “Me tomo el tiempo para analizar, sentir, veo dónde se criaron, los escucho, veo por lo que han pasado”, resumió.