Hubo una sola llamada. Fue breve, fría y no volvió a repetirse. Marcos Gómez, papá de Kim Gómez, recordó en una entrevista con NewsDigitales el único contacto que mantuvo con el padre del joven condenado por el crimen de su hija y contó qué sintió cuando tiempo después volvió a verlo durante el juicio.
“Solamente el papá una vez me llamó, el papá del mayor me llamó”, relató Gómez durante la entrevista.
El contacto se produjo antes del debate oral y, según recordó, estuvo lejos de convertirse en un acercamiento entre dos familias atravesadas de manera completamente distinta por el mismo caso. “Fue una llamada muy, muy fría”, describió.
La impresión que le había quedado de aquella conversación, contó, se profundizó cuando se encontraron en el juicio.
“Realmente después de haberlo visto en el juicio y demás me di cuenta la clase de persona que era y nada, no comparto, no comparto la vida”, sostuvo.
Kim tenía 7 años cuando fue asesinada durante el robo del auto de su madre en La Plata. Uno de los adolescentes involucrados en el hecho, que tenía 17 años al momento del crimen, fue posteriormente condenado a 23 años y cuatro meses de prisión.
Para Marcos, aquel proceso judicial significó además tener que convivir con las familias de los acusados y enfrentarse a situaciones para las que, admite, nadie puede estar preparado.
“Nadie quiere vivir esa situación, pero si tu hijo se equivoca de esa manera, no sé, por lo menos creo que un poco de empatía, un poco de respeto con el dolor, un poco de algo humano”, planteó.

Y cerró con la frase más dura de ese recuerdo: “No hubo. No hubo ahí, para mí, o por lo menos así lo sentí”.
Gómez también contó que mantiene información sobre la evolución judicial y el seguimiento de los adolescentes involucrados en la causa.
“Tengo información de todo lo que se viene trabajando con los chicos”, explicó.
Desde el asesinato de Kim, Marcos se involucró además en la discusión sobre la responsabilidad penal juvenil, la situación de los institutos de menores y la prevención del delito.
Ese recorrido, sin embargo, no modificó lo que todavía siente al recordar aquel único contacto con el padre del condenado.