La imagen del vigilador recorriendo durante la noche el perímetro de un country con una linterna podría empezar a quedar atrás. Raúl Castro, abogado, licenciado en Seguridad Privada y especialista en seguridad en urbanizaciones cerradas, aseguró que el futuro de los countries estará marcado por una incorporación cada vez mayor de tecnología y una reducción de las tareas que actualmente dependen exclusivamente de personas.
“No tengo dudas de que es el modelo que viene”, afirmó a NewsDigitales. El especialista explicó que la transformación responde tanto a una cuestión económica como a las diferencias de eficiencia entre los sistemas tecnológicos y determinadas tareas humanas.
Uno de los ejemplos que utilizó fue el control de los perímetros, que en algunos barrios pueden extenderse durante varios kilómetros. Actualmente, señaló, todavía existen urbanizaciones donde un vigilador debe recorrer esos límites para comprobar que el alambrado no esté roto o detectar movimientos sospechosos.
El problema es que esos recorridos tienen tiempos previsibles. “Pasa, vuelve a pasar 55 minutos. ¿Cuánto tiene para entrar? 55 minutos”, graficó Castro al explicar cómo un delincuente puede observar y cronometrar los movimientos de quien realiza la vigilancia.

Frente a ese esquema, el especialista considera que sensores y otros sistemas electrónicos pueden detectar una anomalía inmediatamente y generar una respuesta sin necesidad de esperar el próximo recorrido.
El cambio, de acuerdo con Castro, no implica necesariamente la desaparición total del personal de seguridad. Al menos en una primera etapa, el componente humano seguirá siendo fundamental para decidir qué hacer frente a una alerta.
Lo que cambiará será la forma en que llega esa información. En lugar de depender de que un vigilador advierta una rotura o vea un movimiento extraño y lo comunique por radio, un dispositivo podrá enviar una señal en tiempo real.
A partir de esa alerta, el sistema podría activar una cámara, movilizar un dron o enviar personal hacia el sector comprometido.
“Va a haber un dispositivo que me lo va a avisar en tiempo real, que va a poder generar una acción, me va a disparar un robot, me va a disparar una cámara, me va a disparar un dron”, explicó.
Para Castro, el humano todavía conservará la toma de decisiones, aunque incluso ese punto podría modificarse con el desarrollo de la inteligencia artificial. “Por ahora el humano va a tomar las decisiones”, sostuvo.
La transición, sin embargo, no depende únicamente de la tecnología disponible. Castro señaló que dentro de muchos countries continúa existiendo una fuerte asociación entre cantidad de personal y sensación de seguridad.
Ver pasar una camioneta identificada, un carrito eléctrico o un vigilador caminando por las calles internas genera tranquilidad en los residentes. Pero, según el especialista, esa percepción no necesariamente coincide con la efectividad real del sistema.
“Más personal, mejor seguridad” fue una lógica que predominó durante años, pero Castro considera que ya no debería aceptarse de manera automática.
El problema aparece cuando la presencia visible de vigiladores reemplaza inversiones en tecnología más eficiente. “Eso no puede ser en reemplazo de otras cosas”, advirtió.
Para Castro, mantener recursos humanos puede seguir siendo útil, pero únicamente como parte de un sistema más amplio. De lo contrario, la presencia de móviles o vigiladores puede convertirse en lo que definió como “espejitos de colores”: elementos visibles que generan tranquilidad pero no necesariamente reducen las vulnerabilidades más importantes.
La transformación impactará también sobre las compañías de seguridad privada. Castro sostuvo que las firmas que logren mantenerse y crecer serán aquellas que entiendan que la tecnología reemplazará cada vez más rápidamente determinadas funciones humanas.
Eso obliga a modificar un modelo históricamente basado en la cantidad de vigiladores destinados a cada servicio. El desafío será combinar tecnología, personal capacitado y procedimientos capaces de responder rápidamente ante cada alerta.
Los countries, mientras tanto, deberán atravesar otro cambio: aceptar que sentirse seguro no necesariamente significa ver más vigiladores por la ventana.
Para Castro, el futuro apunta exactamente en la dirección contraria: menos recorridas rutinarias y más capacidad tecnológica para detectar un problema en el mismo instante en que ocurre.