04/10/2026 - Edición Nº1335

Policiales

Riesgo latente

Hackear cámaras para entrar a robar: la amenaza tecnológica que asoma sobre los countries

04/10/2026 | Advierten que los sistemas de videovigilancia y comunicaciones podrían convertirse en un nuevo objetivo para delincuentes con mayor capacidad tecnológica.



Una cámara puede registrar durante horas un perímetro sin movimientos. La pantalla puede mostrar que nada ocurre mientras, del otro lado, alguien está ingresando.

Ese escenario todavía parece más cercano a una película que a los robos habituales en countries, pero para Raúl Castro representa una de las amenazas que los barrios cerrados deberán empezar a considerar a medida que incorporen sistemas tecnológicos cada vez más sofisticados.

El abogado, licenciado en Seguridad Privada y especialista en urbanizaciones cerradas advirtió durante una entrevista con NewsDigitales que los delincuentes también pueden evolucionar tecnológicamente.

Uno de los riesgos que comenzó a discutirse en organizaciones vinculadas a la seguridad es que las herramientas utilizadas para proteger un country terminen siendo atacadas desde afuera. Castro mencionó específicamente sistemas de videovigilancia y comunicaciones.

“Es la posibilidad de que todas estas tecnologías que son implementadas por los barrios para elevar los niveles de seguridad sean atacadas cibernéticamente”, explicó.

Raúl Castro, abogado, licenciado en Seguridad Privada y especialista en urbanizaciones cerradas.

El objetivo podría ser eliminarlas, inutilizarlas o incluso alterar la información que reciben quienes controlan el barrio.

El especialista planteó un ejemplo concreto: intervenir un sistema de cámaras de manera que el operador observe una imagen aparentemente normal cuando, en realidad, está ocurriendo una intrusión.

“Que yo pueda desde afuera ingresar en todo un sistema de comunicación o de videovigilancia y de repente, como en las películas, esté mirando algo que no está ocurriendo”, describió.

Del cerco eléctrico al ataque informático

Durante años, una parte central de la seguridad de los countries estuvo concentrada en obstáculos físicos: alambrados, muros, cercos eléctricos, barreras y personal recorriendo el perímetro.

La incorporación masiva de cámaras, sensores y sistemas conectados agregó nuevas herramientas, pero también abrió posibles puntos vulnerables. Para Castro, la tecnología funciona en ambos sentidos.

Los barrios pueden utilizarla para detectar más rápido un ingreso, reducir la dependencia del personal y monitorear extensiones de terreno imposibles de controlar permanentemente con personas.

Pero el delincuente también puede estudiar cómo funcionan esos sistemas. “Está de los dos lados”, sostuvo.

El salto hacia ataques informáticos requiere, sin embargo, un nivel de preparación superior al de las modalidades actualmente más frecuentes. Castro diferenció al delincuente ocasional de organizaciones que planifican sus ataques y realizan inteligencia previa.

En esos casos, el avance tecnológico puede convertirse en una herramienta más dentro de la preparación del golpe.

No obstante, el especialista aclaró que este tipo de ataques todavía no aparece como una amenaza cercana o generalizada en el país. La explicación tiene que ver con una cuestión de costos.

Para intervenir sistemas de seguridad sofisticados, una banda tendría que disponer de conocimientos, equipamiento y recursos que solo resultarían justificables frente a un objetivo de alto valor.

Castro lo explicó como una relación entre inversión y botín. Mientras resulte más sencillo cortar un alambrado, atravesar un perímetro vulnerable o aprovechar información obtenida desde dentro del barrio, las organizaciones delictivas no necesitarán realizar una inversión tecnológica superior.

Ese escenario puede cambiar en urbanizaciones con residentes de elevado poder adquisitivo o con sistemas físicos difíciles de vulnerar. Allí, el incentivo para desarrollar formas más sofisticadas de ataque podría crecer.

La carrera tecnológica

La advertencia de Castro aparece en un momento en que los countries incorporan cada vez más tecnología para sustituir tareas tradicionales de vigilancia.

Sensores, cámaras inteligentes, drones y sistemas automatizados permiten detectar una anomalía prácticamente en tiempo real. Pero cuanto mayor sea la dependencia de esos dispositivos, mayor será también la necesidad de protegerlos. El desafío futuro, entonces, no estará solamente en impedir que alguien atraviese un cerco.

También habrá que garantizar que las cámaras muestren lo que realmente está ocurriendo y que quien observa una pantalla no termine controlando una escena que, en los hechos, ya fue modificada por quien intenta entrar.