Si necesitabas una excusa para volver a ver una película de terror durante octubre, un estudio de la Universidad de Westminster encontró una bastante particular: pasar 90 minutos frente a una película de miedo puede hacer que quemes una cantidad de calorías similar a la de una caminata de media hora. La investigación analizó la reacción del organismo de los espectadores y determinó que, en promedio, el consumo de calorías aumentaba alrededor de un tercio durante las proyecciones.
La explicación está en la respuesta física que provoca el miedo. Los investigadores midieron el ritmo cardíaco, el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono de los participantes y encontraron que las películas con sobresaltos frecuentes podían elevar considerablemente las pulsaciones. Según el doctor Richard Mackenzie, especialista en metabolismo y fisiología celular de la universidad, el aumento del ritmo cardíaco genera una liberación de adrenalina que puede disminuir el apetito, elevar temporalmente el metabolismo basal y aumentar el gasto energético.

En términos concretos, quienes participaron del estudio podían llegar a gastar hasta 113 calorías durante una película de 90 minutos, aunque la cifra variaba considerablemente según la película. La investigación fue encargada por la compañía de alquiler de películas Lovefilm y analizó diez títulos de terror para determinar cuáles provocaban una mayor respuesta física.
La película que encabezó el experimento fue El resplandor, de Stanley Kubrick, con un gasto estimado de 184 calorías. Le siguieron Tiburón, con 161, y El exorcista, con 158. El ranking continuó con Alien (152), El juego del miedo (133), Pesadilla en Elm Street (118), Actividad paranormal (111), El proyecto Blair Witch (105), La masacre de Texas (107) y [REC] (101).

El listado muestra además que no necesariamente son las películas más violentas las que generan mayor gasto energético. Según los investigadores, los títulos con numerosos momentos de sobresalto tenían más posibilidades de producir una respuesta intensa porque provocaban cambios repentinos en el ritmo cardíaco. En ese sentido, el miedo funciona como una reacción de estrés breve que activa distintos mecanismos del organismo.