02/10/2026 - Edición Nº1333

Internacionales

Pensamiento venezolano

La lectura directa de Vallenilla Lanz reabre el debate sobre racismo y mestizaje

02/10/2026 | Una lectura directa de Vallenilla Lanz cuestiona la idea de que defendiera la pureza racial en Venezuela.



Alejandra Martínez Cánchica reabrió una vieja discusión de la historiografía venezolana al cuestionar que Laureano Vallenilla Lanz pueda reducirse a un defensor del racismo o de la segregación racial. La historiadora sostuvo que esa interpretación difícilmente puede mantenerse después de leer directamente Cesarismo democrático y recordó que Vallenilla atacaba expresamente la noción de “raza pura” y la idea de que el mestizaje provocara la decadencia de las sociedades. Martínez Cánchica es licenciada en Historia por la Universidad Central de Venezuela, tiene una maestría en Historia por la Universidad Francisco Marroquín y dirige el área de Estudios Latinoamericanos de Fundación Libertad y Desarrollo. 

Los pasajes señalados por Martínez Cánchica existen y son especialmente explícitos cuando se leen dentro del argumento completo de Vallenilla. En la edición de Biblioteca Ayacucho, el autor sostiene que históricamente no han existido “razas puras”, califica como una ciencia derrotada las teorías de Gobineau sobre la decadencia causada por la mezcla y afirma que entre raza y nación no existe una relación necesaria. Incluso contrapone las categorías raciales con la realidad social de los pueblos y describe el mestizaje como un proceso capaz de deshacer barreras de casta. Es difícil conciliar esos párrafos con la idea de que su objetivo intelectual fuera preservar la separación racial. 

 


Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur, con diversas atracciones naturales.

Lo que Vallenilla realmente discutía sobre la raza

La interpretación de Martínez Cánchica no aparece aislada dentro de los estudios académicos sobre el venezolano. Diego A. von Vacano, en un estudio publicado por Oxford University Press sobre raza y pensamiento político latinoamericano, explica que Vallenilla rechazó la base biológica de la raza y sostuvo que debía comprenderse principalmente mediante procesos sociales y políticos de construcción nacional. Su argumento incluía además que América Latina era inevitablemente mestiza y que tampoco España podía sostener históricamente una pretendida pureza étnica. Desde esa lectura, el mestizaje no constituía una degradación de la sociedad, sino una parte natural de su evolución. 

Eso no obliga, sin embargo, a convertir a Vallenilla Lanz en un pensador contemporáneo de la igualdad racial ni a borrar los elementos problemáticos de su lenguaje. Un estudio publicado en 2022 por Espacio Abierto destaca precisamente esa tensión: Vallenilla combatía las teorías de la pureza racial, pero en otros textos, especialmente en Disgregación e Integración, todavía empleaba explicaciones sobre características heredadas, “instintos” colectivos y categorías étnicas que hoy son consideradas deterministas. Incluso en Cesarismo democrático aparecen formulaciones sobre descendientes africanos y caracteres somáticos que pertenecen claramente al vocabulario positivista de comienzos del siglo XX. Esa observación matiza la tesis de Martínez Cánchica, pero no contradice su punto central: rechazar la pureza racial y sostener categorías racialistas de época no son exactamente la misma posición intelectual.

Racismo, autoritarismo y dos debates que suelen mezclarse

Parte de la controversia proviene de que la discusión racial sobre Vallenilla Lanz suele mezclarse con otra mucho más difícil de separar de su trayectoria: su defensa del poder político fuerte. Cesarismo democrático, publicado originalmente en 1919, desarrolló la tesis del “gendarme necesario” y fue utilizado por su autor para justificar un orden político asociado al régimen de Juan Vicente Gómez. Ese componente autoritario ha sido ampliamente estudiado y criticado. Pero demostrar que Vallenilla defendió un liderazgo centralizado no demuestra automáticamente que defendiera la segregación racial. Martínez Cánchica propone precisamente separar ambos problemas y leer su aspiración de integración nacional a través de instituciones y autoridad política como un argumento distinto de las teorías de supremacía o pureza racial. 


Los textos de Vallenilla complican la idea de que defendiera segregación o pureza racial.

La lectura documental permite entonces formular una conclusión más precisa que la etiqueta simple de “racista” aplicada sin distinguir conceptos, obras ni momentos. Vallenilla Lanz fue un positivista de su tiempo, utilizó categorías sobre raza que hoy resultan científicamente superadas y defendió una concepción autoritaria del poder que continúa siendo materia de controversia. Pero cuando se analiza específicamente si promovió la pureza racial, condenó el mestizaje o propuso una sociedad segregada, los textos citados por Martínez Cánchica apuntan en dirección contraria: atacó la pureza como ficción, separó raza y nación y consideró la mezcla una realidad histórica que terminaba erosionando las divisiones de casta. Más que absolver toda su obra, volver al texto obliga a discutir exactamente qué dijo antes de atribuirle doctrinas que él mismo cuestionó.