Nerea Geraldine Pereira tenía 11 años y fue hallada muerta durante la madrugada del 30 de septiembre en una vivienda de la calle 19 al 1500, en la localidad de Berazategui. Cuando la Policía llegó al lugar, la primera explicación que recibió fue que la niña se había ahorcado en el baño de la casa.
Esa versión fue la que inicialmente orientó la causa. Pero el avance de la autopsia, las pericias sobre la escena y las contradicciones surgidas de los primeros testimonios modificaron por completo la investigación.
NewsDigitales accedió a la resolución judicial que confirmó la detención de la mamá, la abuela y un tío, en la que además se detalla los indicios que llevaron al juez a sostener que el ahorcamiento no explica la muerte y que habría sido montado para ocultar un homicidio.
El punto de quiebre fue la autopsia. Es que el estudio médico determinó que la menor no murió por asfixia mecánica por ahorcadura, sino por un paro cardíaco secundario a una ruptura de la aorta torácica que provocó un shock hipovolémico.

Además, el cuerpo presentaba un cuadro mucho más complejo: equimosis y hematomas de distinta data, lesiones compatibles con golpes, sujeción o forcejeo, daños cervicales profundos y un traumatismo torácico de alta energía. Para el magistrado, ese conjunto no podía explicarse únicamente por una suspensión con una soga.
La resolución también resalta un dato particular: la soga fue aplicada cuando Nerea todavía estaba con vida. Sin embargo, las lesiones cervicales y torácicas letales se habrían producido de manera simultánea o en una secuencia temporal muy cercana.
Ese punto llevó al juez a una conclusión especialmente fuerte: la suspensión no explicaría la muerte, sino que formaría parte del intento de encubrirla.
Uno de los principales elementos valorados fueron las diferencias entre los primeros relatos sobre cómo fue encontrada Nerea. La resolución menciona inconsistencias respecto del estado de la puerta del baño, quién logró abrirla, quién bajó el cuerpo y cuál era exactamente el punto donde estaba sujetada la soga.
Un policía declaró que la puerta no mostraba, a simple vista, señales claras de haber sido forzada, pese a que la versión inicial indicaba que había tenido que ser abierta por la fuerza. El testigo fue uno de los primeros de ingresar a la casa.
También llamó la atención la ubicación y longitud de la soga y las dudas sobre su punto de anclaje. El juez aclara que algunas diferencias pueden explicarse por la conmoción del momento y por las maniobras realizadas para intentar auxiliar a la niña. Sin embargo, entendió que cobran otra dimensión al ser analizadas junto con una causa de muerte que no coincide con el relato inicial del suicidio.
La resolución va todavía más lejos al analizar cómo habría sido construida la escena. Para el magistrado, los elementos reunidos permiten sospechar que Nerea fue golpeada hasta un punto cercano al límite letal y que luego los dos adultos que se encontraban con ella dentro de la vivienda habrían intentado montar un suicidio.

El fallo sostiene que suspender el cuerpo de una niña de entre 45 y 50 kilos, acomodar la puerta para que pareciera trabada desde adentro y luego mantener una versión coincidente frente a familiares y policías habría requerido una división de tareas.
Ese razonamiento fue utilizado para sostener, provisoriamente, la coautoría de Mónica Villalba, abuela de Nerea, y Carlos Ezequiel Pereira, tío de la víctima.
Villalba quedó detenida acusada de homicidio agravado por el vínculo y por alevosía, mientras que Pereira fue imputado por homicidio agravado por alevosía.
El juez también fundamentó esa agravante en la situación de indefensión de Nerea: una nena de 11 años, durante la madrugada, dentro de su propia casa y frente a dos adultos con quienes convivía y de quienes dependía para su cuidado.
La imputación contra Rocío Aldana Pereira, madre de Nerea, parte de un razonamiento distinto. La Justicia no la ubica, al menos por ahora, ejecutando materialmente los golpes. Su responsabilidad fue encuadrada como homicidio agravado por el vínculo bajo la modalidad de comisión por omisión.
El juez consideró que existen indicios para sostener que Rocío habría conocido o podido advertir el deterioro y la situación de vulnerabilidad que atravesaba su hija y, pese a ello, no tomó medidas para apartarla de ese entorno.
Entre los elementos valorados aparecen testimonios de niños de la familia que describieron a Nerea triste, aislada y sin ganas de jugar, además de lesiones de distinta antigüedad que, según la autopsia, evidencian que la violencia no habría ocurrido en un único episodio.
Para el magistrado, la madre tenía posibilidades concretas de intervenir: retirar a la niña de la vivienda, recurrir a la escuela, a la Policía, al Servicio Local o a otros familiares.