Un caso divulgado este 3 de octubre muestra cómo Uganda convierte fragmentos de marfil en evidencia judicial mediante análisis forense. En enero de 2025, la Policía y la Autoridad de Vida Silvestre interceptaron en Entebbe un paquete de diez kilos rumbo a El Cairo, compuesto por piezas pequeñas que no podían identificarse con certeza a simple vista.
El laboratorio de Entebbe cubre una brecha que dificultaba probar delitos cuando los restos estaban cortados o sin rasgos visibles. La instalación ampliada abrió el 29 de abril y deriva de un programa iniciado en 2019. En junio, UWA recibió 8.857,84 kilos de contrabando incautado en el aeropuerto entre 2011 y 2025. NewsDigitales cubrió también un envío ilegal desde Kenia detectado en Ezeiza.
El procedimiento comienza con una cadena de custodia que documenta el material antes de abrirlo, muestrearlo y sellarlo para su traslado. Los especialistas examinan rasgos físicos y aplican ADN forense para identificar la especie. En el envío de 2025, un patrón microscópico orientó la sospecha hacia marfil y la prueba genética confirmó que procedía de un elefante, aportando evidencia utilizable por investigadores y fiscales.
La evidencia no terminó en el laboratorio. Dos meses después, los investigadores arrestaron al remitente y hallaron en su domicilio más marfil de elefante y de facóquero. El hombre fue acusado de intento de tráfico y posesión ilegal, y recibió 15 años de prisión o una multa de 140 millones de chelines ugandeses, entonces superior a USD 35.000.

El ADN no identifica por sí solo al traficante ni reconstruye toda la ruta del delito. Su valor depende de que la muestra siga vinculada al decomiso, de una cadena de custodia verificable y de otras pruebas. El laboratorio trabaja además con carne silvestre, escamas de pangolín y madera; en septiembre, el Ministerio de Agua y Ambiente registró una base genética de 74 especies maderables.

El siguiente desafío es sostener esa capacidad como herramienta permanente y no limitarla a casos aislados. El sistema necesita personal entrenado, reactivos, protocolos de calidad y coordinación entre policía, fiscales y tribunales. El caso Entebbe muestra que un paquete difícil de identificar puede convertirse en evidencia judicial y reduce el margen de ocultar especies protegidas mediante el corte de sus restos.