El 5 de octubre de 2000, cientos de miles de personas llegadas desde distintos puntos de Serbia desbordaron Belgrado, ocuparon el Parlamento federal y precipitaron la caída política de Slobodan Milošević. La jornada pasó a la historia como la Revolución de las Topadoras, por la maquinaria pesada que atravesó las barricadas y se convirtió en símbolo de la protesta.
Milošević llevaba más de una década dominando la política serbia y yugoslava. Su etapa estuvo atravesada por la desintegración de Yugoslavia, las guerras en Croacia, Bosnia y Kosovo, las sanciones internacionales y un fuerte control sobre medios estatales e instituciones públicas.

El detonante fueron las elecciones presidenciales del 24 de septiembre de 2000. La oposición, unificada detrás de Vojislav Koštunica, sostuvo que había ganado en primera vuelta. Las autoridades reconocieron su ventaja, pero afirmaron que no había alcanzado el porcentaje necesario e intentaron convocar un balotaje.
La decisión provocó huelgas, bloqueos y movilizaciones en distintas ciudades. El movimiento juvenil Otpor tuvo un papel destacado mediante campañas de desobediencia civil, mientras que la huelga de los mineros de Kolubara mostró que el gobierno comenzaba a perder apoyos importantes.
El 5 de octubre, columnas de manifestantes llegaron a Belgrado y avanzaron sobre edificios públicos. La policía utilizó gases lacrimógenos, pero no consiguió dispersar a la multitud. Parte de los manifestantes ingresó al Parlamento y posteriormente ocupó instalaciones de la televisión estatal.
Entre las imágenes más recordadas quedó la de Ljubisav Đokić avanzando con una pesada máquina contra una barricada. Al mismo tiempo, sectores policiales comenzaron a retirarse y las Fuerzas Armadas evitaron intervenir de forma generalizada para sostener al presidente.
Milošević reconoció la victoria de Koštunica el 6 de octubre y un día después el dirigente opositor asumió la presidencia yugoslava. Meses más tarde, el exmandatario fue detenido y trasladado a La Haya, donde murió en 2006 antes de que concluyera su juicio.

La transición posterior no resolvió todos los problemas del país. Persistieron denuncias de corrupción, estructuras vinculadas al antiguo régimen y tensiones políticas que quedaron expuestas, entre otros episodios, con el asesinato del primer ministro Zoran Đinđić en 2003.
Veintiséis años después, la fecha vuelve a encontrar a Serbia atravesada por una fuerte movilización social. Desde fines de 2024, protestas encabezadas por estudiantes reclamaron responsabilidades políticas, medidas contra la corrupción y elecciones anticipadas.
Con comicios parlamentarios convocados para el 25 de octubre de 2026, la Revolución de las Topadoras vuelve a ocupar un lugar central en el debate público. Más de un cuarto de siglo después, Serbia todavía discute cuánto de aquella promesa de renovación democrática logró convertirse en instituciones duraderas.